Un artista del currículum mentiroso al frente de la Guardia Civil

ARSENIO FERNÁNDEZ DE MESA Y DÍAZ DEL RÍO nació el 20 de julio de 1955 en Ferrol (A Coruña), en el seno de una significada familia franquista muy relacionada con la Armada por vía materna. Su padre, Francisco de Asís Fernández de Mesa, Ingeniero Técnico de Obras Públicas nacido en Córdoba en 1913 y fallecido en Ferrol en 2004, contrajo matrimonio en 1947 con María Luisa Díaz del Río González-Aller, fuertemente enraizada con la Armada tanto por vía paterna como materna, con quien tuvo tres hijas y cinco hijos.

Sin embargo, y a pesar de que Arsenio Fernández de Mesa suele resaltar su vinculación a la Armada, jamás intentó cursar estudios militares (ni de otro rango universitario) por su escaso aprovechamiento como alumno de bachillerato en el Instituto ‘Concepción Arenal’ de Ferrol durante los últimos años del franquismo. Una época en la que sí destacó como ‘cachorro ultra’ local y en la que, por la fuerza mayor de su falta de aplicación al estudio, se iría forjando su condición de militar frustrado.

A raíz de su nombramiento como director general de la Guardia Civil, varios medios informativos digitales de ideología izquierdista (como ElPlural.Com, CanariasSemanal.Com…) hicieron público su pasado no como falangista ‘puro’ (joseantoniano o hedillista), sino como franquista de camisa azul, amigo de los correajes, el puño de hierro y la bronca callejera, entretenido en su ociosa vida provinciana en perseguir y vapulear ‘rojos’.

En sus años de juventud, y según testimonios de varios compañeros de instituto, Arsenio Fernández de Mesa, ya conocido como ‘Cuco’, fue uno de los ultraderechistas coruñeses más conocidos dentro del grupo allí llamado de “cadeneros” por golpear a los ‘rojos’ precisamente con cadenas, además de amedrantar a la población civil en connivencia con la policía del régimen franquista. Le recordaban reuniéndose en el patio exterior del ‘Concepción Arenal’ (en la rúa Cuntis), especialmente los lunes, con su pandilla de camaradas reaccionarios y a veces con visibles atributos falangistas que no dejaban dudas sobre su ideología, para presumir de sus últimas hazañas y planear nuevas correrías (“repasaban actividades que habían protagonizado durante el fin de semana y preparar las que protagonizarían”). Actividades que consistían en salir a la calle para enfrentarse a cualquier “demócrata” que se manifestara contra los últimos coletazos del franquismo.

Durante los fines de semana, Cuco Fernández de Mesa y sus correligionarios patrullaban por las calles ferrolanas, las discotecas y las zonas de reuniones juveniles, desafiando a izquierdistas y ciudadanos en general con aspecto o apariencia que ellos desaprobaban. Entre todos ellos, Cuco era -según los testimonios recogidos- un “joven que destacaba por sus modos”. 

ElPlural.Com recordaba el episodio coprotagonizado por Cuco en 1977, año en el que ingresó en las Juventudes de Alianza Popular (después PP).  En esa fecha, el entonces alcalde de Cedeira -localidad cercana a Ferrol-, Leopoldo Rubido Ramonde (hermano del periodista Bieito Rubido), decidió construir un monolito, ciertamente extemporáneo, en homenaje al general Franco ya fallecido. Ante la oposición popular que generó tal decisión, el alcalde franquista no tuvo dudas sobre a quién recurrir para defender la figura del dictador, de forma que el día de la inauguración del engendro escultórico (más tarde desaparecido), acto que corrió a cargo de Gonzalo Fernández de la Mora, brillante ensayista y ex ministro de Obras Públicas en el Gobierno de Carrero Blanco, quienes aparecieron por allí para defender la memoria de Franco fueron los jóvenes fascistas ferrolanos, con Cuco a la cabeza. Como era de esperar, el acto acabó con un violento enfrentamiento entre los camaradas de la cachiporra y los demócratas del pueblo…

 

A finales de 2011, cuando el nombramiento de Cuco Fernández de Mesa como director general de la Guardia Civil estaba a punto de hacerse público, la prensa gallega recogía la noticia regalándole una semblanza bastante edulcorada y provocando no pocos comentarios hilarantes. Sin ir más lejos, la Voz de Galicia destacaba que “está en posesión de la Gran Cruz del Mérito Naval” y aseguraba que era “una persona de carácter dialogante, profundamente católico, apasionado del mar y más partidario de lograr acuerdos que de imponer sus posturas”.  Aquella reseña biográfica se completaba con una breve alusión a su trabajo como funcionario del Estado, concejal del Ayuntamiento de Ferrol, Diputado del PP en varias legislaturas y delegado del Gobierno en Galicia durante la crisis del ‘Prestige’.

Cualquier lector de aquella comedida nota informativa ajeno a la realidad (no el informado), podía sacar la conclusión de que el hombre situado al frente del Instituto Armado era un ciudadano de trayectoria ejemplar de acuerdo a los cánones de la ideología dominante en nuestra sociedad.  El pasado de Arsenio Fernández, sin embargo, es bien diferente y desvela una gran habilidad para hacerse con un currículum fraudulento que enmascara su vida de joven indolente y engominado, ‘hijo de papá’ (y en su caso sobre todo ‘hijo de mamá’), sin más oficio ni beneficio que el de la política de adscripción ‘digital’, y persona autoritaria y fatua donde las haya.

 

Para empezar, en su currículum oficial destacan dos condecoraciones obtenidas sin mérito alguno. La primera es la Cruz de Plata de la Real Liga Naval, que es una asociación de carácter privado, no adscrita a ningún organismo o institución oficial, y por tanto sin la menor trascendencia pública. La segunda es la Gran Cruz de la Orden del Mérito Naval con distintivo blanco, que le fue concedida el 23 de diciembre de 1999 por el entonces ministro de Defensa Eduardo Serra, sin más justificación para ello, como fue bien sabido en el órgano central de la Defensa, que la insistente recomendación realizada al efecto por su pariente Antonio González-Aller Suevos, quien en aquellos momentos ocupaba como contralmirante el cargo de director del Gabinete Técnico de la Subsecretaría del mismo ministerio, titulada por Adolfo Menéndez.

 

Respecto a su condición de ‘funcionario del Estado’ (reflejada en todos sus currículums y siempre destacando la situación de ‘excedencia por servicios especiales’), conviene aclarar que la adquirió en 1979, con 24 años, cuando entró a trabajar en el Puerto de Ferrol como auxiliar de jardinería.  Fue su propio padre, quien ya era funcionario del organismo -afirma ElPlural.Com-“el que lo ayudó a abrir esa puerta, la más baja del funcionariado; eso sí, por oposición, aunque tal y como eran las oposiciones en aquel tiempo…”. 

 

Como su aprovechamiento académico en el bachillerato fue más bien escaso, el padre de Cuco no encontró mejor forma de sacarle de aquella pobre situación laboral (sin futuro y de poco fuste social) que presionar para que en 1982 le emplearan en una empresa británica dedicaba a la pintura de buques, la International Marine Coatings Ltd., con intereses comerciales en el mismo puerto ferrolano en el que su padre se movía con soltura (en su currículum se afirma falsamente que el puesto era de Inspector Técnico y que lo obtuvo mediante ‘concurso-selección’). En paralelo, la familia le encauzó en la política local consiguiendo que en 1983 fuera incluido, obviamente ‘a dedo’, en la lista electoral de los populares (todavía Alianza Popular) al Ayuntamiento de Ferrol, obteniendo un escaño de concejal que renovó en 1987.

 

De aquella época provienen los primeros y curiosos ‘títulos’ incluidos en su pomposo currículum oficial: Master en Marketing del RENMARK (junio de 1980), que nadie sabe lo que es; Diplomado en Protección y Revestimientos del Acero por la International Paints (Bilbao 1984), más farfolla; Diplomado en Corrosión y su Prevención por la Escuela de Ingenieros Técnicos Navales de Ferrol (1988), que en ocasiones se esgrime como estudios de Ingeniería Naval; Diplomado en Contaminación y Protección del Medio Natural, por la Universidad Politécnica de Madrid (Marzo 1988)…

 

Toda una reinterpretación interesada de lo que en realidad son meros cursillos de capacitación o puesta al día en pinturas industriales, a cuya venta es a lo que entonces se dedicaba Cuco. Como aclaró el ‘Colectivo Alborán’ (formado por un grupo de altos mandos militares, retirados y en activo, con una cualificada experiencia profesional y notable preparación académica), cuando, seriamente alarmado por su nombramiento como director general de la Guardia Civil, sobre todo tras el falseamiento del currículum de Luis Roldan (un ex director de la Benemérita de desgraciado recuerdo), desgranó con precisión la figura de Arsenio Fernández de Mesa.

Dicho colectivo, incluía en la misma categoría de cursillos de nivel laboral (bien de horas, días o a lo sumo semanas), la Diplomatura en sistemas informáticos que se incluía en su ficha personal de diputado a Cortes de la IV legislatura 1989-1993. Y sobre otros de sus múltiples ‘diplomas’, los de Altos Estudios Militares (1991) y Altos Estudios de la Defensa (2011), del Centro Superior de Estudios de la Defensa (CESEDEN), se aclaraba que no existen como ‘diplomaturas’, puesto que esos rimbombantes títulos sólo encubren, en su caso, la asistencia a un mero ‘seminario’; es decir, a unas jornadas informativas para recibir “un baño” muy somero sobre Fuerzas Armadas a personas que apenas tienen conocimientos de las estructuras militares (al que suelen asistir miembros del Congreso y del Senado recién desembarcados en sus respectivas Comisiones de Defensa).

Respecto a su pretendido título de Consejero Científico y Profesor del Instituto Internacional de Ciencias Políticas (Consejero Científico del IICP-IISP) de la UNESCO, adscrito a las Áreas de Defensa e Industria, el ‘Colectivo Alborán’ advertía también que el tal ‘Instituto Internacional’ no es un organismo de la UNESCO, aunque colabora con ella, y que sólo se trata de una asociación que utiliza la denominación de ‘consejeros’ y ‘profesores’ (ad honorem) para dar apariencia de ser un ente oficial. No es más que un cargo honorario que otorga esta entidad privada para dotarse de cierta imagen social y mostrarse aparentemente relacionada con instituciones de tipo político y académico…

La realidad es que Cuco Fernández de Mesa solamente pretendió ser profesor marginal de Educación Física y Formación del Espíritu Nacional, sin conseguirlo por su falta de titulación, en dos centros bien conocidos en el Ferrol: el colegio religioso ‘Tirso de Molina’ y el público ‘Saturnino Montojo’. En este último solían estudiar los hijos del personal militar destinado en Ferrol y curiosamente a él acudía a diario para traer y llevar a su futura esposa, que en aquellos tiempos tenía 14 años (él tenía 26).

 

Tras analizar algunas circunstancias políticas poco convenientes al Instituto Armado, el ‘Colectivo Alborán’ concluía llanamente sobre el currículum de Arsenio Fernández de Mesa: 

 


(…) En resumen, mucha paja para ocultar que es un funcionario administrativo sin estudios universitarios, del que tampoco conocemos que hiciera, siquiera, el servicio militar, y que ha progresado a cuenta de cargos políticos, y que, a partir de ahí, el resto del currículum del nuevo Director General de la Guardia Civil es de carácter político, que es donde realmente ha desarrollado toda su carrera, y gracias a la cual, y a la cercanía a Mariano Rajoy fue nombrado.

Lógicamente, muchos de los miembros de la Benemérita, institución tradicionalmente muy bien informada, conocen lo anterior y mucho más, con lo que ha saltado a la prensa la indignación en la Guardia Civil que acusa a su Director de no tener ni los estudios para el ingreso como guardia. Un grupo de suboficiales de la Dirección General, que de los tenientes generales “ni están ni se les espera”, anuncian una carta pública dirigida a Mariano Rajoy pidiendo el relevo de Fernández de Mesa y que se ponga a una persona que represente dignamente al Instituto Armado “preferiblemente un militar de carrera” y con capacidades para dirigir a los 85.000 hombres de la Benemérita...

En el ámbito de las anécdotas que han circulado profusamente por la Red, hay que destacar -entre otras muchas conocidas en Ferrol- las broncas que siendo Delegado del Gobierno en Galicia (2000-2004) metía a subordinados de menor rango (chóferes, números de la Guardia Civil, secretarias…) por auténticas nimiedades. Y que entonces se le conocía como ‘el engominado del banderín’, porque obligaba a colocar en su coche oficial los distintivos de su rango político al mejor uso franquista, incluso cuando lo utilizaba de forma privativa y sabiendo que hoy en día nadie los exhibe, salvo el Rey. También solía pasearse con su séquito de amiguetes ferrolanos por delante del cuartel de la Benemérita, parándose en la puerta de forma graciosa y reiteradamente para que se le dieran novedades.

 


No menos conocido es el notable incidente que protagonizó en un hotel con el general de la Brigada Ligera Aerotransportable ‘Galicia’, acuartelada en la Base ‘General Morillo’ de Pontevedra, cuando el inhibidor del coche oficial del mando militar impidió, al parecer, que el del político arrancara, lo que le produjo un ataque de iracundia e indignación, con una absoluta falta de compostura que sorprendió al general, teniendo éste que afearle sus malas maneras. Después de aquella patochada, Fernández de Mesa dio ‘parte por escrito’ al JEME, quien, como era lógico, no atendió sus descompuestas razones.


Pero, retomando la carrera política de Cuco, cierto es que su enfrentamiento dentro del PP gallego con Juan Fernández, militar, ingeniero naval y notable deportista que fue hombre fuerte de Manuel Fraga y conselleiro de Industria en su primer gobierno autonómico (1990-1994), le sirvió para saltar de concejal ferrolano al Congreso de los Diputados, donde mantuvo un escaño por A Coruña durante siete legislaturas seguidas (de la IV a la X) y 22 años (desde 1989 hasta 2011), causando baja en la última el 27 de septiembre de 2011.

 

Ya con cierta proyección nacional y con el PP de Ferrol en reconstrucción, Cuco Fernández de Mesa fue nombrado presidente de la junta gestora del partido en el municipio, perdiendo su lista (que era la apoyada por Fraga y encabezada por el empresario Gonzalo Antón) el congreso local del 2000, enfrentado a otras dos candidaturas. La partida la ganó Juan Juncal, que después sería alcalde de Ferrol (2003-2007) y a continuación senador (IX y X legislaturas). Fraga aguantó aquel mal trago y apeló al consenso, desentendiéndose definitivamente de Cuco.

 

A partir de entonces se identificó hábilmente con la línea representada por Mariano Rajoy y Alberto Núñez Feijóo frente a los ‘rurales’ gallegos (las ‘boinas’ frente a los ‘birretes’ que surgieron tras el declive de Fraga). De esta forma obtuvo el apoyo del primero, ya vicepresidente del Gobierno y ministro de la Presidencia, para ser designado en mayo de 2000 Delegado del Gobierno en Galicia, al tiempo que mantenía su escaño en el Congreso de los Diputados.

 

En su nuevo cargo, a Fernandez de Mesa le cogió de lleno la crisis del ‘Prestige’, el barco que el 19 de noviembre de 2002 se hundió frente a las costas de Galicia ocasionando un vertido de petróleo que fue uno de los mayores desastres ecológicos de la historia del país, suceso que sobrellevó sin la menor eficacia política, aunque Rajoy le agradeciera públicamente el apoyo que recibió por su parte en esa etapa, por supuesto sin concretar a qué apoyo se refería. De hecho, algunas de las declaraciones relativas al caso del entonces delegado del Gobierno en la Comunidad Autónoma, fueron ciertamente lamentables.

 

Una de las más celebradas fue aquella sentencia tranquilizadora de que “el destino del fuel en el fondo del mar es convertirse en adoquín”, muy en línea con una de las primeras mentiras públicas de su protector Mariano Rajoy: los famosos ‘hilillos de plastilina’ con los que el Gobierno bautizó el ‘chapapote’. Cierto es que fueron los técnicos que bajaron en un batiscafo a inspeccionar el pecio del petrolero, los que así bautizaron de forma igual de torpe e inexacta -como “hilillos de plastilina”- los chorros de fuel que salían del barco hundido, pero fue Rajoy, al transmitirlo fielmente, quien entonces se ganó el mote de ‘Señor de los Hilillos’.

 

Otras frases memorables de Cuco en aquella crisis mal gestionada fueron: “Probablemente el fuel no toque la costa gallega” (14 de noviembre); “El petrolero pudo perder entre 3.000 y 4.000 toneladas de fuel” (19 de noviembre); "Hay una cifra clara, y es que la cantidad que se ha vertido no se sabe" (21 de noviembre)… Una precipitación que fue la que hizo saltar la alarma mediática, viéndose obligado a capear malamente el temporal social y político en el día a día de la ‘marea negra’ (estimada finalmente en un vertido de 63.000 toneladas).

 

Claro está que otras declaraciones de Mariano Rajoy sobre la tragedia medioambiental de 2002 tampoco serían muy acertadas, al margen de que ya revelaran su tendencia a la mentira:

--“La marea no va a llegar a las Rías Bajas” (21 de noviembre).

--“Afecta a una parte importante de La Coruña, pero no es una marea negra”. (23 de noviembre).

--“A una profundidad de 3.500 metros y a dos grados de temperatura, el fuel estaría en un estado sólido, por lo que, en principio, el combustible no se verterá” (24 de noviembre).

--“El fuel no debe llegar a la costa pero se han tomado todas las medidas posibles” (28 de noviembre).

--“Tengo la impresión de que mientras muchísimas personas han hecho lo que ha estado en su mano, lo único que hemos recibido del PSOE es una crítica brutal… No he visto ni un grado de patriotismo, sólo oleadas de críticas, peticiones de dimisión y una actitud irresponsable… Ninguna oposición ha actuado así en situaciones similares” (4 de diciembre).

--“En estos momentos, la estructura se encuentra deformada. Hay planchas dobladas hacia adentro. Se piensa que el fuel está aún enfriándose, salen unos pequeños hilitos, los que se han visto, hay en concreto cuatro regueros que se han solidificado con aspectos de plastilina en estiramiento vertical. Debe salir de alguna de las grietas. Están los técnicos estudiando que significa eso” (5 de diciembre).

--“Hay un fluido en la zona de proa que es difícil de cuantificar” (6 de diciembre).

--“La popa está mejor que la proa. Sólo tiene un par de pequeñas grietas” (7 de diciembre).

--“En total, el ‘Prestige’ pierde unas 125 toneladas al día por sus 14 grietas” (9 de diciembre)… 

 

Tras este aluvión de mentiras y torpes declaraciones (acompañadas de otras muchas por parte de los responsables gubernamentales), el naufragio del buque motivó que el juez de Corcubión citase a Fernández de Mesa y a otros integrantes del gabinete de crisis, como el capitán marítimo de A Coruña, Ángel del Real, o el director general de la Marina Mercante, José Luis López-Sors. De esta forma, el delegado del Gobierno en Galicia, que quedaría posteriormente desvinculado de la investigación, se apresuró a relatar con escasa gallardía personal que su papel en la crisis se limitó a “coordinar la información que se transmitía a la prensa”, achacando a López-Sors la decisión de alejar el barco y asegurando que a él no se le había consultado al respecto. Según el delegado del Gobierno, al que tanto gusta mandar y figurar, sus funciones se ciñeron tan sólo a devolver las llamadas telefónicas que recibía de las demás administraciones implicadas, afirmando sin rubor que “a toro pasado, me iban diciendo lo que iban haciendo”.

 

Una actitud la de Cuco Fernández de Mesa bien sumisa que contrastaba con otras posiciones y comportamientos bastante más aguerridos cuando ejercía como diputado gallego en la oposición, como sucedió en el contexto de la ‘guerra del fletán’ (1995) en el que tuvo una de sus primeras intervenciones con reflejo en los medios informativos nacionales. Entonces no dudó en pedir al Gobierno de Felipe González emplear la Armada Española contra Canadá, manifestando también cuando al final del conflicto se firmó el acuerdo pesquero UE-Canadá su desilusión de manera contundente: A un gobierno tan débil como éste, que es incapaz ni siquiera de defender lo que le corresponde, caña con él. Nos la están dando desde todos los países”. (ABC 18/04/1995)…

 

Pero, al margen de su dilatada vida política, en el fondo irrelevante y sin méritos para ocupar sus dos cargos más representativos (delegado del Gobierno en Galicia y director general de la Guardia Civil), lo que realmente llama la atención de Arsenio Fernández de Mesa no es que sea o no sea titulado superior o que pertenezca a un cuerpo de la administración de mínimo nivel. Porque, más allá de la opinión que cada cual pueda tener sobre estos dos aspectos, que en modo alguno debería ser despreciativa, el tema quedaría agotado rápidamente.

 
El problema de Cuco (apelativo referido a persona taimada y astuta que ante todo mira por su medro o comodidad, y también de ladino, avispado, pícaro, pillo, calculador…), es su obsesión enfermiza por intentar parecer lo que no es y sus continuados intentos de falsear su currículum (más que de inflarlo) hasta límites absurdos y que justamente lo que hacen es destacar sus limitaciones.

 

Pero, aun así, lo que más preocupa de Cuco Fernández de Mesa no son sus adornos curriculares, que a la postre quizás podrían ocultar otras cualidades políticas apreciables. Su verdadero lastre es entender la vida pública de forma caciquil y como un jardín privativo de su casta familiar provinciana, sin otro sentido que el de trepar por ella en beneficio personal al margen del servicio a la colectividad (ni en realidad tampoco a su partido). Allá donde ha tenido responsabilidades políticas (las profesionales le son realmente desconocidas) ha acreditado los más altos niveles de incompetencia, con una desafortunada mezcla de autoritarismo, vanidad y soberbia.

 

Y el inconveniente para los españoles es que Cuco, el ferrolano ‘engominado del banderín’, no se conforma, al parecer, con las regalías políticas que con tanta generosidad le ha facilitado el PP. Cuentan quienes le conocen bien que, pese a haber alcanzado hace mucho tiempo su nivel de incompetencia, todavía no ha visto satisfecha su ambición personal con su nombramiento como director general de la Guardia Civil y que sus valedores políticos (las familias González-Aller, Suevos, Arias-Salgado…) y otros círculos influyentes del PP gallego, estuvieron presionando hasta el último momento a Mariano Rajoy para que lo designase nada menos que Ministro de Defensa.

 

Un objetivo al que, con Rajoy en el poder (o sucedido por alguien en la misma línea del caciquismo gallego como Alberto Núñez Feijóo), Cuco no ha renunciado. De hecho, en su entorno más próximo también se le conoce como ‘el contactólogo,’ en relación a sus contactos internos del más alto nivel dentro de la actual cúpula popular…

 

Como apunte significativo del comportamiento político de Cuco al frente de la Guardia Civil, no nos resistimos a reproducir el artículo publicado por ‘El Buscón’ en el diario digital Vozpopuli.Com (28/05/2012), que capta a la perfección precisamente hasta donde da de sí su mentirosa capacidad curricular:

 

La rancia poética del director de la Guardia Civil "riega España de verde ilusión"

 

El equipo de Rajoy nunca creyó en aquel invento de las huestes en Interior de Rubalcaba de que para lavar un trapo sucio había que hacer que dos santos compartieran el mismo ropaje. Por ello, una de las primeras medidas que tomó el Gobierno del PP respecto a este ministerio fue cargarse aquello de la dirección general conjunta para Policía y Guardia Civil y poner al frente de cada uno de los cuerpos policiales a una persona, que eso del don de la ubicuidad todavía no está muy extendido ni entre la clase política. Lo curioso es que los dos elegidos, Ignacio Cosidó y Arsenio Fernández de Mesa, tienen perfiles personales tan distintos que da la sensación que el primero está en tres sitios a la vez y ya ha cambiado su departamento de arriba a abajo en dos ocasiones, y el segundo se ha limitado a cogerle el gustillo a eso de que le saluden los generales en posición de firmes.

 

Basta echar un vistazo a las hemerotecas para descubrir que Fernández de Mesa les tiene más miedo a los periodistas que Guindos y Montoro a la prima de riesgo. Desde que tomó posesión, y ya vamos para cinco meses en el cargo, sólo se le ha oído hacer declaraciones con cierto peso informativo el día que fue al Congreso de los Diputados a informar de los presupuestos de su departamento… y porque estaba obligado por ley a esa comparecencia parlamentaria. Desde entonces, y antes de eso, nada, niente, nothing, rien...

 

Eso sí, basta repasar la página web de la Guardia Civil para descubrir que tampoco es que haya estado encerrado en su despacho. Está claro que lo que no le da miedo es presidir desfiles y asistir a procesiones. Que si a Mérida a entregar despachos a los nuevos agentes de Tráfico y pasar revista a la tropa. Que si a la localidad madrileña de Aranjuez a poner la primera piedra de la futura universidad del Instituto armado y, ya de paso, pasar revista a la tropa. Que si a presidir el acto conmemorativo del 168 aniversario del Cuerpo y, cómo no, pasar revista a la tropa. Que si la toma de posesión del nuevo general de la zona de Valencia y ya que están la tropa formada, pasar revista… Y así un largo etcétera que incluye también actos religiosos, como la procesión del Santísimo Cristo de la Expiación de Málaga, chaqué mediante, y la misa de inauguración del año jubilar. Actos, como es de suponer, en los que los periodistas y sus insidiosas preguntas no suelen aparecer.

 

Así que, libre de estos molestos testigos, Arsenio Fernández de Mesa ha podido hacer alarde de su poética prosa, trufada de metáforas tan decimonónicas como manidas, con las que alabar las virtudes de los hombres a los que 'pasa revista' y a los que se refiere siempre como “depositarios y herederos del legado histórico que forjaron los que os precedieron”. Como botón de muestra de estas intervenciones, ninguno como su discurso del pasado 13 de abril ante los alumnos de la academia de oficiales de Aranjuez (Madrid): “España entera está regada del verde ilusión y esperanza que representa la Guardia Civil, pero también porque España entera está regada del rojo de la sangre de tantos guardias civiles” soltó mientras más de un mando, le consta a este Buscón, no sabía dónde meterse de la vergüenza ajena que le causaba tanto lirismo de tres al cuarto.

 

Y el discurso siguió por los mismos derroteros, repleto de “esencias”, “pilares”, “gloriosos”, “raíces”, “gratitudes eternas”, “justos vigías” y “seculares banderas”. Y volvieron los 'verdes' y los 'rojos' (“verde ilusión que vertebra España, rojo sangre que con dolor insufrible enorgullece por su valor a todos”), apareció la 'traición' (“la inmoralidad y la traición más grande es prostituir el desempeño de nuestro fundamental trabajo, destruyendo con ello la meritoria labor de quienes cumplen con orgullo y puntualidad sus obligaciones”) y no faltaron los 'uniformes' (“la unidad entre vosotros, el espíritu de cuerpo entre todos los que uniformados habéis elegido servir de esta forma a España”). Está claro que la Guardia Civil ganó un 'aprendiz de Góngora' el día que pusieron al frente a Arsenio Fernández de Mesa. 

 

Por otra parte, con motivo de los trágicos sucesos acaecidos el 6 de febrero de 2014 en Ceuta, durante los que murieron ahogados al menos 15 subsaharianos que intentaban llegar a territorio español de forma irregular, nadando desde la zona adyacente de Marruecos, Fernández de Mesa arremetió de forma airada, al filo de la histeria, contra las ONGs que denunciaron los hechos.

 

Antes de dar explicaciones adecuadas sobre el trágico suceso, Fernández de Mesa instó a dichas organizaciones humanitarias a que se preocupasen por los tres agentes de la Guardia Civil entonces heridos por pedradas y a “preguntar de vez en cuando en qué condiciones realizan su trabajo”, porque “nunca lo han hecho y estamos esperando que alguna vez lo hagan también”. Petición ciertamente curiosa porque es bien sabido que a quienes incumben ese tipo de preocupaciones es a los mandos del Cuerpo y a sus asociaciones profesionales y sindicatos.

 

En unas precipitadas declaraciones a la Cadena SER del 7 de febrero, el director general de la Benemérita también afirmó con total rotundidad: “La Guardia civil no usa fuego real en ningún caso. No, pelotas de goma en la mar, no. En la mar pelotas no…”. Declaración que, ante la evidencia de los hechos (con imágenes y testimonios de los inmigrantes que pudieron llegar a tierra y ser devueltos ‘en caliente’ a la costa marroquí), el ministro del Interior, Jorge Fernández, tuvo que enmendar, admitiendo en el Congreso de los Diputados el uso de material antidisturbios (disparos de pelotas de goma, botes de humo y balas de fogueo) para “hacer visible una barrera disuasoria”, es decir con objeto de repeler desde tierra la llegada de quienes nadaban hacia la playa.

Aun teniendo fines disuasorios, aquella respuesta activa, sin duda ordenada por el mando político de la Guardia Civil, pudo incidir en el trágico final de los 15 subsaharianos que, agotados y asustados (es sabido que son malos nadadores) terminaron ahogándose a pocos metros de la playa, sin que en ningún momento se activaran los necesarios medios de rescate marítimo y contraviniendo la normativa establecida en la gestión de las fronteras externas de la Unión Europea. El cinismo del ministro Fernández Díaz, hombre profundamente religioso y miembro destacado del Opus Dei, le llevó a declarar sin el menor sonrojo que “no hay ninguna relación causa efecto” entre el fallecimiento de los inmigrantes y los medios antidisturbios utilizados contra ellos por la Guardia Civil bajo el mando de Fernández de Mesa, ya que las autopsias demostraron que murieron ahogados.

Con independencia del fondo de la cuestión, y autoritarismo y petulancias personales aparte, en aquel trágico suceso, que pareció no conmoverle lo más mínimo, Cuco Fernández de Mesa se reveló como un director general de la Guardia Civil agarrado a la mentira (no sólo la curricular) y a la manipulación informativa de los hechos o, de otra forma, como un político inepto y desconocedor de su función y responsabilidades en el cargo. Cualquiera de las dos alternativas debió haber sido suficiente para cesarle de forma inmediata…

 

Arsenio Fernández de Mesa está casado con Fátima Sicre Romero, conocida activista del PP en Pozuelo de Alarcón (donde reside la familia), con la que ha tenido dos hijas (Fátima y Mónica) y un hijo (Arsenio). El hecho de que su esposa pertenezca a una familia de ‘rancio abolengo’ en Ferrol, le otorgó un plus ‘ferrolano’, algo importante para él teniendo en cuenta que allí no se le consideraba de ‘pura cepa’, dado que su padre era oriundo de Córdoba.

 

FJM (Actualizado 20/02/2014)

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ElPlural.Com recordaba el episodio coprotagonizado por Cuco en 1977, año en el que ingresó en las Juventudes de Alianza Popular (después PP).  En esa fecha, el entonces alcalde de Cedeira -localidad cercana a Ferrol-, Leopoldo Rubido Ramonde (hermano del periodista Bieito Rubido), decidió construir un monolito, ciertamente extemporáneo, en homenaje al general Franco ya fallecido. Ante la oposición popular que generó tal decisión, el alcalde franquista no tuvo dudas sobre a quién recurrir para defender la figura del dictador, de forma que el día de la inauguración del engendro escultórico (más tarde desaparecido), acto que corrió a cargo de Gonzalo Fernández de la Mora, brillante ensayista y ex ministro de Obras Públicas en el Gobierno de Carrero Blanco, quienes aparecieron por allí para defender la memoria de Franco fueron los jóvenes fascistas ferrolanos, con Cuco a la cabeza. Como era de esperar, el acto acabó con un violento enfrentamiento entre los camaradas de la cachiporra y los demócratas del pueblo…

 

A finales de 2011, cuando el nombramiento de Cuco Fernández de Mesa como director general de la Guardia Civil estaba a punto de hacerse público, la prensa gallega recogía la noticia regalándole una semblanza bastante edulcorada y provocando no pocos comentarios hilarantes. Sin ir más lejos, la Voz de Galicia destacaba que “está en posesión de la Gran Cruz del Mérito Naval” y aseguraba que era “una persona de carácter dialogante, profundamente católico, apasionado del mar y más partidario de lograr acuerdos que de imponer sus posturas”.  Aquella reseña biográfica se completaba con una breve alusión a su trabajo como funcionario del Estado, concejal del Ayuntamiento de Ferrol, Diputado del PP en varias legislaturas y delegado del Gobierno en Galicia durante la crisis del ‘Prestige’.

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