Militares

Un JEMAD de “camarilla”, incondicional de las veleidades políticas

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(...) El 18 de julio de 2008 fue nombrado Jefe de Estado Mayor de la Defensa (JEMAD) para relevar en el cargo a Félix Sanz, siendo entonces promovido de forma reglamentaria al empleo de General del Aire. Al acceder al cargo, se rodeó de colaboradores “afines” con un criterio selectivo excesivamente personalista y contrario al mérito profesional, poco apreciado en la Institución Militar, llegando a especularse en el Ejército del Aire con su pertenencia, no demostrada, a alguna organización de corte sectario. Como JEMAD se ha situado rápidamente en la estela populista de la política de defensa gubernamental, sin pronunciarse sobre las cuestiones de fondo ni sobre los problemas realmente más acuciantes de las Fuerzas Armadas. De hecho, una de sus primeras declaraciones públicas ostentando dicho cargo fue ante el Pleno del Observatorio de la Mujer en las Fuerzas Armadas Españolas, afirmando que sin la presencia femenina sería “inviable” alcanzar la plenitud de los objetivos de una misión en determinados escenarios (“Europa Press” 12/02/2009)...

El general que vivió el 23-F desde la barrera de la ambigüedad

alt(...) En sus constantes esfuerzos exculpatorios, Aramburu advirtió por activa y por pasiva que, una vez conocido el asalto al Congreso de los Diputados, se presentó en el Hotel Palace “en veinte minutos”, haciéndose cargo del mando y dirección de los servicios montados por la Guardia Civil y la Policía para poner fin a aquella impresentable situación, por supuesto sin la menor eficacia, incluyendo su conminación a Tejero para que se rindiera (la respuesta fue “primero te mato y luego yo me pego un tiro”). Sin embargo, nadie cuestionó jamás lo vivido en primera persona por Fernando J. Muniesa y relatado en su libro “Los espías de madera” (Ediciones Foca, 1999):

El general que embridó la División Acorazada “Brunete” el 23-F

(...) Una vez consumado el asalto de Tejero al Congreso de los Diputados, el general Juste, aceptó con recelo los preparativos necesarios para que la DAC pudiera salir a tomar posiciones en la capital madrileña. Pero, no obstante, desconcertado ante el panorama de sublevación que le presentaban, con Milans del Bosch a punto de sacar los carros de combate a las calles de Valencia y el general Armada poco menos que coordinando desde La Zarzuela las operaciones golpistas, decidió llamar al secretario general de la Casa del Rey y preguntarle si el general Armada se encontraba con Su Majestad en las dependencias del palacete.

El militar-espía que burló el Estado de Derecho

(...) la puntual evidencia de los hechos le presentaban como el “cerebro” y máximo manipulador de la trama golpista del 23-F, activando y coordinando todos sus resortes. De hecho, controló, incluso, la carga política de las declaraciones realizadas por los agentes bajo su mando implicados en aquel suceso, como la del entonces capitán Francisco García-Almenta. Sobre éste, ya advirtió Ricardo de la Cierva (“El 23-F sin máscaras”, Editorial Fénix, 1998), que “actuó como testigo en favor de una discutible coartada de Cortina en el proceso”.

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