El Príncipe no ha de tener otro objetivo ni otra preocupación que no sea la guerra, su organización y disciplina, ni debe asumir alguna otra profesión. Porque ésa es la que se espera de quien manda y es de tanta fuerza que no sólo sostiene a quienes han nacido Príncipes, sino que muchas veces hace que simples ciudadanos lleguen a aquella altura. Por el contrario, cuando los Príncipes piensan más en delicadezas que en el ejercicio de las armas, pierden su posición. La primera causa de que el Príncipe pierda su autoridad está en el abandono de esa profesión; y lo que mejor ayuda a adquirir el poder es profesar tal arte.

José Alberto Cepas Palanca

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