Elecciones 10-N: hacia unos nuevos "Pactos de la Moncloa"

“España ingobernable”, “España sin centro”, “Solo ganan Abascal y los indepes”… tales son algunos de los titulares de hoy lunes. En realidad, España va a ser más gobernable que nunca en estos próximos años, España tiene un centro más potente que nunca y quien realmente ha ganado son aquellos partidos dispuestos a sellar lo que podemos llamar “segundos pactos de la Moncloa” y lo que antes habíamos llamado “gran coalición”. Sí, porque, o gobierna el “eje de la centralidad PP-PSOE” o se tiende a nuevas elecciones. Excluimos por completo la posibilidad de que se de un gobierno de izquierdas (PSOE-UP-ERC-etc). Queda ahora que lo digieran los dirigentes y militantes de estas formaciones.

1.- Ha ganado el "espacio de centralidad"

Lamentamos haber tenido razón desde el 28 de octubre cuando, sin interesarnos particularmente los sondeos electorales escribimos el artículo Un modelo geométrico para entender la política española 2019. Si se repasa ese artículo se verá que la contradicción entre centro-derecha y centro-izquierda y entre derecha e izquierda, cada vez más difusas, cada vez más intercambiables, cada vez más solidarias, es sustituida por la gran contradicción entre:

“partidos que aspiran a la centralidad” (es decir a un lugar privilegiado en el tablero político, PP y PSOE) y

los “partidos situados en la periferia” (es decir, los que aspiran a ingresar en la centralidad (Vox) y a convertirse en protagonistas activos, o bien situados en los círculos más alejados, sin posibilidades, jamás, de ingresar en ese espacio de centralidad (independentistas) o con el riesgo de ser centrifugados en próximas elecciones al ocupar el lugar más alejado, en los círculos más exteriores de la periferia (Ciudadanos).

Y todo ese conjunto, pivota en torno al poder económico, situado bajo el “centro de la centralidad” (el gobierno de la nación), por debajo de él a modo de infraestructura que depende y condiciona el poder político y es, en el fondo, su verdadero epicentro.

Un modelo geométrico debe soportar la prueba electoral y lo que seguirá (las negociaciones hasta la creación de un eventual nuevo gobierno), pero, de momento, los resultados hablan por sí mismos:

a) Espacio de “centralidad política”

- el PSOE pierde 727.772 votos y pasa de 123 a 120 diputados.

- el PP se recupera con 663,846 votos más y pasa de 66 a 88 diputados,

- este espacio engloba a 11.772.563 votos, es decir, la mitad de los votos emitidos.

b) “Periferia” aspirando a la “centralidad”

- Vox da un vertiginoso avance pasando de 24 a 52 escaños y ganando 962.890 votos

c) “Periferia” con riesgo de centrifugación

- Ciudadanos se desvanece pasando de 57 diputados a 10 y perdiendo 2.499.060 votos,

- Podemos pierde diputados pasando de 42 a 35, con merma de 635.744 votos

d) “Periferia” independentista

- los indepes (CUP-JxC-ERC) han ganado ligeramente posiciones, pasando de 22 a 23 diputados y ganando 70.928 votos.

- los abertzales (PNV-Bildu) pasan de 4 a 7 diputados (si bien Bildu no se presentó el 28-A), pero el PNV mejora con 17.679 votos más que se unen a los 244.754 de Bildu

Fuera del sistema “centralidad-periferia”

A estas cifras hay que añadir la de los que han decidido situarse fuera del “sistema político” mediante el voto en blanco, el nulo o la abstención. Y aquí las cifras son significativas y contribuyen a explicar los resultados anteriores.

La participación ha bajado del 75,75% al 69,89%.

La abstención ha prosperado en 2.139.050 más.

La participación ha sido menor si tenemos en cuenta los votos nulos y blancos que se cuentan en la estadística como “participación”.

Se han registrado 249.499 votos nulos (el 28-A, 275.410).

Los votos en blanco han ascendido a 216.516 (por 199.511 el 28-A).

- Así pues, se han negado a votar a las distintas opciones políticas 10.962.217, lo que supone un 68,56% real. No han apoyado con sus votos a ninguna opción el 1/3 del electorado.

Estas cifras indican: hastío de unos, incredulidad de otros en que las elecciones sirvan para algo, insolidaridad con la clase política, desinterés absoluto por lo que ocurre en la política española, convicción en que el sistema no funciona o, simplemente, extrañeidad a la sociedad española de la que se ha recibido recientemente lo único que interesaba: la nacionalidad y el pasaporte…

2.- La explicación a los resultados parece bastante simple.

a) Hay un alto porcentaje de votos volátil que migra de una opción a otra con facilidad. No hay convicciones profundas en la mayoría de votantes, solamente intuiciones, gustos, tendencias, presididas por la irracionalidad o cuestiones de imagen.

b) Los errores se pagan caros y el gran error del PSOE fue convocar nuevas elecciones creyendo que obtendría un respaldo con votos llegados de su izquierda y que la creación artificiosa de Mas País contribuiría a dejar completamente KO a Podemos (en realidad, ha servido para poco).

c) El error de Ciudadanos ha consistido en variar su posición durante la negociación entre el 28-A y el 10-N en un incomprensible giro copernicano que le ha costado carísimo y del que resulta difícil pensar que volverá a recuperarse. No hay espacio específicamente “de centro”, salvo en momentos de crisis de las grandes formaciones y, siempre y cuando, no existen alternativas de derechas (Vox) y de izquierdas (Podemos). La negativa a formar coalición con el PP en algunas regiones supuso el último error político de Albert Rivera.

d) El PP había bajado demasiado y da la sensación de que se han producido trasvases de votos de Ciudadanos al PP en algunas zonas, de Vox al PP en otras y también de Ciudadanos a Vox. Desde el punto de vista de las “movilizaciones electorales”, desde luego, Vox ha registrado mucho más entusiasmo en sus mítines que cualquier otro partido.

e) Las movilizaciones independentistas por la sentencia del 1-O ha hecho que creciera el voto independentista en su conjunto… a pesar de que el llamamiento al “boicot activo” lanzado por Tsumani Democratic haya resultado un clamoroso fracaso. Los trasvases de votos entre las distintas formaciones nacionalistas son habituales y esta vez se han visto favorecidas por lo reciente de las movilizaciones. De todas formas, la formación más sólida en estos momentos -vale la pena no olvidarlo- ERC, ha perdido 45.421 votos en relación al 28-A que han ido a parar, mayoritariamente a la CUP, mientras que los 29.737 votos más obtenidos por JxCat tienen más que ver con volatilidad y trasvases inexplicables de votos que en términos de racionalidad.

f) Los resultados del senado también son significativos: ni Podemos, ni Ciudadanos, obtienen representación. El PSOE pierde 29 senadores, mientras que el PP gana 28. Vox obtiene dos. Y entre los indepes en conjunto pasan de 13 a 14, mientras los abertzales se mantienen con en conjunto con 10. Pero en el senado se ha producido algo significativo: lo que pierde el PSOE lo gana el PP y la derecha como tal entra con dos de Vox. Pero este partido, en la campaña optó por colocar un solo candidato en las listas al senado, tendiendo la mano al PP para que los electores votaran a otros dos de este partido: la táctica ha dado resultados y supone un puente tendido del PP a Vox.

3.- Los elementos más notables a tener en cuenta son:

a) La gran fragmentación y la presencia de innumerables siglas en el parlamento: ¡18 partidos! De los que 12 tienen menos de 10 diputados. Cuatro partidos tienen un solo diputado y otros cuatro apenas dos diputados. Nunca se ha visto un parlamento tan saturado de siglas.

b) Las cifras indican que va a ser muy difícil que un partido político vuelva a tener mayoría absoluta. En cuanto al “bipartidismo imperfecto”, la fórmula constitucional para que se produjera alternancia en el poder con el apoyo de un partido nacionalista, ya no tiene sentido en la medida en que el “nacionalismo moderado” ha dejado de existir.

c) Así pues, tenemos un sistema diseñado para el bipartidismo imperfecto que ya no responde a la realidad electoral. Los gobiernos de coalición van a ser necesarios en esta nueva etapa que se abrió ya el 28-A y que los partidos “de la centralidad” se han negado a reconocer.

d) El debate electoral obligado en las pasadas elecciones se celebró el día antes de conocerse los resultados del paro del mes de octubre. Eran demasiado elocuentes para que el PSOE permitiera que pesaran sobre el debate: 98.000 parados más, el mayor incremento en el mes de octubre desde el año 2012, es decir, desde la sima de la crisis de la deuda.

e) El problema catalán corre el riesgo de convertirse en endémico si no se aborda con decisión. Parece difícil que más allá del “concierto económico”, el indulto a los presos y de la trasferencia en materia de aeropuertos, pueda negociarse algo más que satisfaga a los independentistas… que no por ello dejarán de serlo. Además, existe el riesgo de que se produzca un efecto contagio en otras regiones, como ya se ha producido en Baviera (en donde la semana pasada se prohibió un referéndum similar).

f) Así pues, los dos grandes problemas a los que se van a producir en los próximos cuatro años, va a ser una crisis económica y crisis independentista. Del primer problema ya se están viviendo los despuntes iniciales (crisis de aranceles y descenso del comercio mundial) que repercutirá en los índices de paro y volverá a generar, cuando las cifras superen los 5.000.000 de parados una nueva “crisis social”. En cuanto a la “crisis independentista”, corre el riesgo de perderse el control cuando aparezca la “crisis social” si este no es resuelto antes de una vez por todas.

g) Para afrontar estas crisis va a hacer falta un gobierno fuerte como no lo ha habido hasta ahora en el período democrático. De las muchas combinaciones que se pueden trazar sobre el papel y de las muchas fórmulas que pueden habilitarse, solamente hay una que pueda garantizar estabilidad y una necesaria reforma constitucional: la “gran coalición” que tendría manos libres en el Senado para aprobar cualquier reforma en profundidad. A esa “gran coalición”, seguramente, se sumarían votos de pequeñas formaciones (partidos regionalistas, los restos de Cs).

h) Si la “gran coalición” (que, en el fondo, no haría más que convertir el “espacio de centralidad política” en fórmula de gobierno) da miedo a las direcciones de los dos grandes partidos es porque se ignora cómo afectaría a su electorado, especialmente al del PP que correría el riesgo de sufrir una hemorragia de votos hacia Vox. Y en lo que se refiere al PSOE, también podrían producirse discrepancias en su cúpula. Pero no debemos olvidar que esta es la solución que “recomiendan” en dos centros de poder importantes: el poder económico y la Unión Europea.

i) Existiría una “pre-gran coalición” que se concretaría en  que el PP apoyara la elección de Sánchez a cambio de contrapartidas sugerentes (especialmente en el tema independentista) y que rebajaría la tensión PP-PSOE durante unos meses para luego entrar en una fórmula de colaboración más abierta, una vez sus electorados respectivos se hicieran a la idea. O abordar, desde el primer momento un “gobierno de unidad constitucional” (PP-PSOE-Cs-regionalistas) y con la oposición de Podemos e independentistas.

j) Cualquier otra fórmula que no pase por la colaboración estrecha PP-PSOE será temporal e inestable. La “volatilidad” del voto va a tener un efecto pernicioso en la clase política: la posibilidad de perder, a la vuelta de cuatro años, la posición obtenida puede generar casos extremos de corrupción y una intensificación del “aquí te pillo, aquí te mato”, una vez se obtiene algún cargo público, máxime si tenemos en cuenta que la corrupción es el gran problema de la democracia en España.

Opinión personal de conjunto

a) Estas elecciones, tal como podía esperarse, no han resuelto nada. Es más, han contribuido a convertir el parlamento en una olla de grillos. El hecho de que durante la campaña electoral los partidos se hayan negado a especificar cuáles serían sus opciones en el más que previsible caso de que ninguna obtuviera mayoría absoluta y que, incluso en su interior, no exista consenso sobre cómo comportarse a partir de ahora (lo que permite intuir el “nivelazo” de nuestra clase política), va a terminar complicando las cosas.

b) El hecho de que, racionalmente, la “gran coalición” no sea otra cosa más que la confirmación de un estado de hecho (la existencia de un espacio de “centralidad política” en el que no existe gran discrepancia en los grandes temas), no implica que sea la opción más asumible para todos, incluso para el que suscribe estas líneas: en el fondo la “gran coalición” no sería más que la reconstrucción de un “partido único” (el “frente constitucional”) que podrá hacer y deshacer a su antojo, porque, además de los “grandes temas”, después vendrá el reparto de beneficios, de subvenciones, los subsidios a los amigos, las corruptelas y la manipulación mediática.

c) La “gran coalición” va a ser el resultado de unos nuevos Pactos de la Moncloa llegados cuarenta años después de los primeros: entonces, también hubieron excluidos (la extrema-derecha, hoy Vox) e invitados especiales (los sindicatos) que hoy estarán ausentes por su irrelevancia. En aquel momento se hacían en “nombre de un futuro democrático”, ahora se harán en nombre de la "constitución" y de su necesaria reforma. Pero, no nos engañemos, ni tratemos de engañar a nadie: si los dos grandes partidos terminan pactando -y a algún tipo de pacto van a tener que llegar- lo harán siguiendo órdenes de los centros de decisión económicos y de la UE y siempre tratando de salvaguardar, no tanto la estabilidad de la nación y la respuesta a la crisis económica, sino sus propios intereses.

Y luego alguien me pregunta por qué me fui a la montaña el domingo…

Ernest Milá

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