Cataluña: Ahora sí estamos llegando al punto crítico

El sábado pasado me fui a comprar un ordenador nuevo al centro de Barcelona. A esa Barcelona que solamente atrae a turismo de chancletas, botellón y porrito en boca, amén de algún que otro japo que cree todavía que Gaudí es “el arquitecto de la naturaleza”. Pues bien, esa Barcelona parecía una zona de guerra. Manifestaciones de signo opuesto, despliegue policial abrumador en la superficie, en el aire helicópteros controlando las marchas de los manifestantes y generando más tensión todavía, y bajo la superficie en los corredores del metro, manteros impidiendo el paso normal de los viajeros… Eso era Barcelona a las 10:00 de la mañana del sábado. Luego fue todavía peor, porque era imposible circular por la ciudad: tráfico cortado desde Plaza Universidad hasta el Arco del Triunfo, ibas por una calle y te desviaban hacia otra. De lejos veías banderas nacionales en una calla y, en la siguiente, trapos estrellados. Pasabas por una calle en la que todo parecía ir bien y, de repente, la policía cortaba todo acceso. Algún choque por allí, forcejeos por allá. Paso por delante del Bar Zurich a las 10:30 y todo está normal, hora y media después vuelvo a pasar y los cientos de sillas han sido recogidas, el bar cerrado y la zona parece muerta. Y yo que solamente quería ir de Ronda de San Antonio (tiendas de ordenadores) al Paseo de San Juan (Norma Cómics) me encuentro con situaciones parecidas a la frontera ruso-ucraniana. Me quejo de que, al final compré el ordenador, me lo tuvieron que montar y debía recogerlo ayer. Y ayer Barcelona fue OTRA VEZ “zona de combate”. Me quejo de que NI HAY GOBIERNO EN MADRID QUE DIRIJA NADA MÁS QUE EL SAQUEO FISCAL, NI HAY GOBIERNO AUTÓNOMO EN CATALUÑA dirigida por un payaso que ni siquiera tiene el apoyo de los que compiten con él en radicalismo.

Siempre dije que el “procés” no llegaría a ningún sitio y que la póliza de garantía de la “unidad del Estado” no era el gobierno español, ni el ejército español, ni mucho menos la constitución española (ese chicle masticado y endurecido que se estira por allí se abomba por allá y habría que empezar a cambiar y sobre el que todos quieren convencer de que goza de buena salud y está como cuando salió del envoltorio), sino la Unión Europea que no está para coñas de partir en condados los Estados Nacionales actuales. La “revolución de las sonrisas” sería así mientras las dos partes –unionistas e independetas- creyeran que podían alcanzar su objetivo mediante un referéndum. Debo reconocer que los segundos siempre me han parecido una mezcla de ingenuidad rayana en el infantilismo, sentimentalismo ideológico, inconsciencia en las bases y mala ostia en las cúpulas surgidas de 40 años de corrupción pujoliana, 30 de inmersión lingüística y 10 de crisis económica.

Pero los defensores del “unionismo” no son mejores: yo, que estoy más próximo a esa parte, me niego  salir en defensa de una constitución que nos ha llevado a toda esta situación, que ha creado 17 fronteras interiores, que ha hecho que gobiernos de mediocres, aprovechados, mangantes e incapaces, sin el más mínimo sentido del Estado, entre los que no se encuentra ni un solo “estadista”, hayan gobernado este país y hayan permitido que hoy, aquí y ahora, ESPAÑA SEA EL PAÍS MÁS HECHO DE EUROPA, CON UNA SOCIEDAD FRAGILIZADA, EMPOBRECIDA, CON UN FUTURO MÁS NEGRO Y UN TEJIDO SOCIAL MÁS DEGRADADO que ningún otro país europeo (y lo dice alguien que conoce bien toda Europa). Cuarenta años de constitución nos han llevado a ser líderes en todo esto y, en lo demás, estar en la cola de Europa. ¡Como para estar orgullosos de la jodida constitución y como para alabar el callejón sin salida en el que nos ha encarrilado!

Los hechos del sábado (que presencié directamente) y los hechos de ayer (de los que me enteré por llamadas de amigos) demuestran que aquella coña del referéndum no iba a ser el punto crítico de la crisis. Estaba claro, como decía, que el “procés” no llegaría a desgajar España. Pero lo normal hubiera sido que sus mentores, al día siguiente, reflexionado de algo que parecía evidente ayer y sigue siéndolo hoy: QUE NO EXISTE BASE SOCIAL SUFICIENTE PARA QUE CATALUÑA SEA INDEPENDIENTE, así que mejor fijarse otros objetivos... No lo han hecho.

En realidad, el “procés” fue posible gracias a la galvanización mediática de TV3 y el RAC1 que transmitieron a sus oyentes la sensación de que Cataluña estaba a punto de ser independiente, fuera cual fuera el resultado de los referéndums (porque nunca en esos medios se calibró la posibilidad de un resultado negativo a la independencia o, lo que era más sencillo, que el referéndum, declarado ilegal, no tendría ninguna consecuencia más que para los que lo habían convocado y para los que se lo habían creído).  Hubo proceso gracias a eso y gracias a 35 años de inmersión lingüística y enseñar una historia de ficción en las escuelas. Hubo proceso porque la clase dirigente de CiU se vio amenazada por los juicios penales por 40 años de corrupción. Hubo proceso porque el Estado y los partidos políticos “unionistas” y el gobierno Rajoy dejaron que todo esto avanzase y apisonase a la sociedad desde 2011, pensando que, al final, el ordenamiento constitucional haría que se mantuviera la normalidad.

Entre éste Rajoy, un gallego pasota, un ZP instalado en el buenismo babosillo y un Sánchez al frente de un gobierno de feministros, dimisionarios, mariquitas (no lo digo yo sino una colega del propio gobierno, a mi me importa un higo hacia donde dirigen su pito con tal de que hagan algo bien y Marlasca no lo está haciendo bien), astronautas evasivos, verdadero monstruo ridículo y absurdo del doctor Frankenstein que, para colmo, nadie ha elegido y que no sabe hacer nada más que defender el fuerte sitiado, esperar que vengan refuerzos de la caballería (el CIS) y mantenerse en el machito como único “objetivo de gobierno”… entre todo esto: AHORA SÍ QUE HEMOS LLEGADO A UNA SITUACIÓN LIMITE.

Si el sábado pasado uno se mezclaba, como me vi obligado a hacerlo, entre los manifestantes de uno y otro bando, lo que se comprobaba es que ESTO YA NO TIENE SOLUCIÓN POR LAS BUENAS. Cada vez hay más sectores fanatizados (en ambas partes) y pintan bastos. Pasemos revista a lo que ocurrió: los “unionistas” convocan una manifestación que debía pasar por la Plaza de Sant Jaume. Los “independetas”, acto seguido, convocan una manifestación en el mismo lugar. Lo normal hubiera sido que la consejería de interior o la delegación del gobierno hubiera negado a los segundos el permiso, por obvias razones: habían llegado tarde. Pero no: AQUÍ YA NO GOBIERNA NADIE PARA IMPONER EL SENTIDO COMUN.

¿Qué les pasa a los indepes? Muy simple: PRIMERO DE TODO, DESESPERACIÓN POR VER QUE SU PLAN HA FRACASADO, luego que han “sacralizado” la plaza de Sant Jaume, tierra que no puede ser “hollada” por “unionistas”. Desde hace años llevo diciendo que, el fracaso indepe, llevará a la transformación de ese sector en una especie de secta religiosa. De momento, este año se ha unido a su santoral el 1-O, la fecha en la que hubo unos mamporros y algunos perdieron un día bonito votando algo que, como se les había dicho, no sirvió para nada (aunque ellos siguen pensando que el resultado de esa votación es válido y que, a partir de ese momento, Cataluña ya es “república independiente”… y lo cuelgan en los balcones, como antes de Copérnico alguien podía afirmar que “el sol gira en torno a la tierra”). Como no gobierna nadie, de lo único que se trata es que la gente no se mate directamente por las calles. Para eso están los Mozos (aquellos chicos que hicieron la oposición a mozos pensando en que tendrían un trabajo seguro, bien remunerado, con estabilidad laboral y poco riesgo, dieron en el clavo… ironizo, claro, ahora les va a tocar bailar con la más fea y atizar a unos o a otros alternativamente, ganándose el encoño de todos). Pero si esto sigue así, las cosas irán a más.

Resulta evidente que EL GOBIERNO DEL ESTADO NO EXISTE. Existe un gobierno teórico, pero que no cumple funciones reales más allá de la recaudación fiscal. Ese gobierno, hiperminoritario, caerá de un momento a otro y lo hará en el peor momento para Cataluña. Repetiré otra frase que siempre he dicho: la historia del independentismo demuestra que EL INDEPENDENTISMO AVANZA SOLAMENTE CUANDO EL ESTADO ES DÉBIL. Hoy lo es más que nunca. Sánchez, ahora mismo, solamente puede aspirar a que el traslado de los restos de Franco se convierta en un éxito personal con el que subir unas décimas en las encuestas del CIS (la cocina hará el resto). Carece de soluciones y carece de alternativas. Quizás este Sánchez sea el presidente “más peligroso” de nuestra historia por un solo motivo: nunca tanta ambición había descansado en una posibilidad con tan pocas capacidades reales de gobierno. Al menos ZP era un tontorrón inepto, Sánchez solamente es un ambicioso sin escrúpulos.

Cataluña. Quim Torra. Un ilustre desconocido que esta sentado en la poltrona precisamente porque su mediocridad era tal que ERC lo aceptaba (no rivaliza con Junqueras, infinitamente superior a él en todos los terrenos), la CUP lo tenía casi por uno de ellos (por su apego al independentismo histórico más extraterrestre), para ex CDC era un mal menor a la espera de poder encontrar un candidato propio, un personaje grisáeo y sin muchas luces; iba bien a todos. Era Torra o nuevas elecciones autonómicas que hubieran reflejado el cansancio indepe. Así que lo encumbraron. Pero Torra tenía solamente una idea: INDEPENDENCIA. Se levantó el 155 y al día siguiente fluyó nuevamente el dinero a los medios de comunicación indepes que viven solo y nada más que de subvenciones. Fue el ritornelo. Vuelta a empezar.

Lo normal –si estuviéramos hablando de gente normal- sería que unos reconocieron que se han quedado solos en su camino hacia la independencia y los otros pusieran sobre la balanza la posibilidad de utilizar el arsenal legal del Estado de Derecho para cortar ya este cuento que está durando demasiado. Pero Torra, si un buen día fuma algo y tiene un momento de lucidez, nunca se atreverá a plantear descarnadamente a los suyos el que el “procés” fue un error, o el que la Constitución no permite el que partes del Estado se desgajen, o que no tienen mayoria social suficiente de 2/3 para la independencia (ni siquiera de 1/2). De la misma forma que si alguien se sienta en La Moncloa con vocación de “estadista”, debería tomar la iniciativa para cambiar muchas cosas. PERO NADIE YA TIENE FUERZA, NI VALOR PARA NADA.

Quienes creían más en Torra fueron las CUP, que el sábado y ayer recibieron fuerte y  flojo. Que el Estado de Derecho ya no existe en Cataluña lo demuestra el hecho de que nadie se ha preocupado por poner entre rejas a los instigadores de tanta inquietud. A partir de hoy, la CUP ya no apoyará nunca más a Torra, ni siquiera cuando sus lomos se recuperen de los zurriagazos dados por los mozos. Y ESTO ES LO MÁS CÓMICO: QUE SI LAS ELECCIONES GENERALES SON URGENTES EN ESPAÑA, LAS ELECCIONES REGIONALES SON INAPLAZABLES. Eso, o las salidas de fuerza… O los mozos detienen y ponen al otro lado del Ebro al delegado del gobierno y encarcelan a los dirigentes unionistas por orden de la República Catalana. O esos mismos mozos detienen a Torra y a los alborotadores y los llevan ante la Audiencia Nacional. PERO LO QUE ESTÁ CLARO ES QUE YA NO HAY MÁS EXCUSA PARA EVITAR LA CONVOCATORIA DE ELECCIONES EN CATALUÑA Y EN ESPAÑA.

¿Solucionará algo? La verdad, pensar que unas elecciones pueden resolver algo, me parece un cuento de Navidad. Resolverían algo, si alguno de los candidatos tuviera una idea concreta del modelo de Estado y fuera un verdadero líder, lúcido y enérgico. Pero, mirad a los aspirantes: todos parecen cortados por el mismo patrón, no sólo físicamente, sino en el carácter. Todos ambiciosos, todos limitados en sus proyectos, todos con un discurso simplón, facilón y populachero… ¿Y en Cataluña?  Lo mismo, pero peor, con un troglodita obtuso al frente. Así pues, una cosa es pensar que las elecciones son inevitables. Otra muy diferente creer dogmáticamente que solucionarán algo.

¿Y entonces? Hasta los años 60 se utilizaba e electroshock en medicina. Se consideraba que los estados mentales alterados derivaban de enlaces neuronales erróneos. Así pues, se trataba de que una descarga eléctrica desbaratase esos enlaces, reseteara el sistema, con la esperanza de que luego, las neuronas volverían a conectar de nuevo de manera normal. LA SOCIEDAD ESPAÑOLA Y, DESDE LUEGO, LA CATALANA, MÁS QUE NINGUNA OTRA, PRECISA UN ELECTROSCHOCK. El sábado pasado, en medio del fragor de los disturbios, me preguntaba, cómo es que hasta ahora no se había producido ningún muerto. La única respuesta que encontré es que Dios es bueno. Luego pensé que soy agnóstico, así que me lo volví a replantear y respondí que, no había habido muertos por pura chiripa. Luego me pregunte si los tarugos que habían sembrado de cruces amarillas las playas no serían auténticos visionarios que colocaban tales cruces por anticipado… Finalmente, me di cuenta de que andaba por las calles paralelas a la parte baja de las Ramblas y allí se respira mucho canabis. Aunque no fumes, respiras. Barcelona es así. Así que me opté por el cafelito y dejar de pensar en estos temas. Pero hoy, en una oficina con ambientador y en pleno uso de mis facultades, vuelvo a pensar en el asunto y creo que, efectivamente, en Cataluña está cantado el que hoy, mañana, pasado o dentro de un mes, a alguien se le vaya la mano y empiecen a aparecer muertos en las calles (el policía que se pone nervioso, la abuela que se cae y se desnuca en medio de una carga policial o de un disturbio, el radical que recibe más palos que una estera, los grupos opuestos que se lían a navajazos, la operación “bandera falsa” de unos o de otros, etc.). Estamos a esto, en un tris, de que la “revolución de las sonrisas” se convierta en una “valle de lágrimas”.

Más vale que unos se hagan a la idea de que Cataluña no puede ser independiente en tiempos de globalización y crisis de los Estados-Nación, pero si puede aumentar su cuota de victimismo. Más vale que otros se hagan a la idea de que una solución a medias, ya no es una solución, y, de paso que recuerden que su constitución no es una virgen milagrosa.

Analicen el problema como quieran, y de la manera que quieran: no hay solución que deje satisfecha a todas las partes. O mejor dicho, una política de paños calientes o esperar que la gente se mate por las calles para imponer el orden, no son soluciones. Al menos no es una solución digna de un país civilizada. ¿Lo somos?

Ernest Milá

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