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La matraca pública de Guillermo Fernández Vara, presidente de la Junta de Extremadura y secretario general del PSOE en la comunidad autónoma, para que su partido facilite como sea la investidura presidencial de Rajoy, es, además de llamativa e incomprensible, bastante sospecha: huele a podrido en el más puro estilo hamletiano.

Y no sólo porque desde una óptica progresista las políticas del PP hayan sido extremadamente antisociales -y seguirían siéndolo-, sino porque en las exigencias del presidente extremeño para que Sánchez ponga los votos del PSOE al servicio del ‘marianismo’ (la versión más dura del conservadurismo español desde la Transición), rayanas en la indecencia ideológica, no exige nada compensatorio a cambio: niega el do ut des (‘doy para que me des’), que es el principio de reciprocidad natural y elemental en cualquier trato y especialmente en el negocio de la política.

Lo más justificativo que hemos escuchado al respecto en boca de Fernández Vara, es que España necesita la aprobación urgente de los Presupuestos Generales del Estado, confundiendo su opinión personal con los intereses generales del país, como suelen hacer los políticos oportunistas. Y aunque él sepa perfectamente (faltaría más) que pueden prorrogarse sin necesidad de que nadie se rasgue las vestiduras y que existen instrumentos normativos adecuados para sortear el bloqueo presupuestario.

La realidad es que en caso de extrema urgencia o necesidad imperiosa, que sería el caso del ajuste de las pensiones y del salario de los funcionarios, el Gobierno en funciones puede aprobar los reales decretos-ley que convengan con la simple condición de tener que ser convalidados por el Congreso en un plazo de 30 días. Punto pelota.

Pero es que, además, y esto Fernández Vara se lo calla, tampoco sería la primera vez que España prorroga sus presupuestos. El caso más reciente se remonta a 2011, justo cuando el último gobierno socialista abandonó La Moncloa y Rajoy ganó con mayoría absoluta. Poco después, el Gobierno del PP prorrogó los presupuestos de 2011 (Real Decreto-ley 20/2011, de 30 de diciembre), instrumentando previamente el gasto para la actualización de las pensiones (en 1995 Felipe González tampoco pudo aprobar sus últimos presupuestos).

No debería ser necesario dar lecciones de política presupuestaria a todo un presidente de comunidad autónoma como Fernández Vara, pero sí conviene advertir la simpleza de sus argumentos para reasentar en el Gobierno a Mariano Rajoy, nada más y nada menos que con los votos del PSOE. Poco tienen que ver sus afirmaciones de que “los ciudadanos están hartos de estar hartos” (algunos también pueden estar hartos de él) y que “lo que han dicho los ciudadanos tanto en diciembre como en junio es que había que hablar” (¿incluye en esas conversaciones a Podemos?), con la traición ideológica que propugna y la puñalada trapera que de forma tan insistente intenta asestar a su secretario general, Pedro Sánchez, forzándole a rendir pleitesía a Rajoy y a ofertarse para ser devorado por los votantes socialistas (que a lo peor es lo que en el fondo pretende el camarada extremeño).

Y ello negando hipócritamente la mayor y afirmando que va a ser “siempre leal al líder”, con el retintín de que “la lealtad no es siempre seguirle y tocar las palmas”, seguido con el despiste de que “lo último que querría es que Rajoy fuese presidente con los votos del PSOE” y con la apostilla de que “hemos perdido la capacidad de ser críticos, y ser de izquierda significa ser crítico”… Claro está que apoyar a un gobierno tan reaccionario y destructivo del Estado del bienestar como el de Rajoy, tampoco parece que deba ser responsabilidad precisa ni única de los socialistas y progresistas en general.

Lo cierto es que Fernández Vara ya dio muestras de su confuso sentido de la ideología y de la geometría política cuando en mayo de 2014 no supo -o quizás no quiso- granjearse el necesario apoyo de IU para ganar la moción de censura que había presentado al gobierno extremeño presidido por el popular José Antonio Monago.

Tal vez en aquella ocasión, como puede haber sucedido ahora con su afán por ver a Rajoy reacomodado otros cuatro años en el Gobierno de la Nación, el líder de los socialista de Extremadura (¿?), fue presa de algún extraño déjàvu o alteración del reconocimiento entre el presente y lo ya vivido. Porque lo cierto es que inició su andadura política afiliándose a las Nuevas Generaciones de Alianza Popular (predecesora del PP) el 20 de noviembre de 1978, justo en el tercer aniversario del fallecimiento de Franco y marcando así ‘paquete político’ poco antes de aprobarse la Carta Magna, con 21 años recién cumplidos y de la mano de Antonio Hernández Mancha (recientemente retratado en los ‘papeles de Panamá’). Una andadura por la derecha más cerril de la que se desmarcó definitivamente 17 años después, cuando en 1995 fue nombrado director general de Salud Pública y Consumo en el Gobierno del socialista Rodríguez Ibarra.


Carnet de Fernández Vara de las Nuevas Generaciones de Alianza Popular.

Con todo, lo más llamativo de la deriva derechista de Fernández Vara es que su presidencia de la Junta de Extremadura depende en estos momentos del apoyo que le presta Podemos con sus seis diputados autonómicos, dado que ganó las elecciones de 2015 con 30 escaños y la mayoría absoluta de la Asamblea es de 33. Por tanto, la pregunta que hay que hacerse es si su actitud está o no consensuada con el partido de Pablo Iglesias y cuál sería su reacción si el presidente extremeño se sale con la suya para que Rajoy gobernara de nuevo otros cuatro años con los votos del PSOE.

Fernández Vara puede tramar, decir y hacer lo que estime oportuno (allá él con sus intereses y su conciencia política), aunque antes el PP no apoyara por activa ni por pasiva la investidura presidencial de Pedro Sánchez -igual de legítima que la de Rajoy-, ni los barones socialistas procuraran ningún acercamiento a Podemos.

Lo evidente es que, con su sospechosa actitud, el secretario general del PSOE extremeño y actual presidente de la Junta está más cerca de Rajoy que de Sánchez, lo que no es sólo una aberración y una inconsecuencia ideológica, sino también la mejor forma de seguir empujando al partido a las catacumbas políticas y a ser devorado por Podemos. Con independencia de que su confusa y oscura deriva derechista insista en convertir la política nacional en un patio de Monipodio.

Seguro que Fernández Vara tendrá contentos al PP, a Rajoy y al entorno de la nueva ‘beautiful’ socialista y sus amigos de cabecera (los Slim, Cisneros, Lionel Fernández…) afincados con Felipe González en los paraísos caribeños, cuando no andan de contubernio político en ‘El Penitencial’ la finca de recreo que éste tiene precisamente en Guadalupe (¿será el presidente extremeño uno de los asiduos?). Pero lo sorprendente es que el personaje de marras siga en sus cargos socialistas, en vez de reintegrarse al PP. Ver para creer.

Fernando J. Muniesa

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