Newsletter - Newsletters Antiguos

El lunes 21 iniciaba la semana llevando a las portadas de los diarios nacionales las fotografías más llamativas del inicio de la Cumbre de la OTAN celebrada en Chicago. Sin ir más lejos, la del periódico “ABC” reproducía un primer plano conjunto de Ángela Merkel y Mariano Rajoy durante la entrevista informal que mantuvieron dando un paseo en barco por los canales del río capitalino, acompañada de un titular bien sonoro: “Rajoy consigue inversión alemana para España”.

Buena noticia, pero nada imprevisible y que conviene matizar.

En la Newsletter del lunes 7 de mayo comentamos el “Encuentro Gallego”; es decir,la reunión que el 30 de abril celebró en Santiago de Compostela el ministro de Hacienda alemán, Wolfgang Schäuble, con la vicepresidenta Sáenz de Santamaría y los ministros Luís de Guindos y José Manuel García-Margallo.

Entonces dijimos que, una vez superada la “prueba del algodón” con los deberes impuestos por la profesora Merkel al Gobierno español, se pusieron sobre el pupitre algunas ideas para dotar al Banco Europeo de Inversiones (BEI) con fondos destinados a “equilibrar el ajuste y el crecimiento”, considerando también la conveniencia de lanzar ya eurobonos específicos para financiar planes de infraestructuras capaces de generar efectos de multiplicación económica (una especie de “eurobonos de proyectos”).Aunque algunos jefes del cotarro, como Mario Draghi y la propia Merkel, parece que todavía no consideran oportuno comprometer la estabilidad europea con la emisión de ningún producto financiero ad hoc.

¡BIENVENIDA FRAÜ MERKEL!

Pero, al mismo tiempo, advertimos que en aquel encuentro se “craneó” la posibilidad de reinventar un “Plan Marshall” europeo. Y, aun más, afirmamos que, muy posiblemente, la moneda de cambio para ello no fuese otra que el acceso a la “liberalización” (léase privatización) de las infraestructuras públicas de transporte y de otros negocios estratégicos, primando al capital alemán que es el más disponible dentro de la UE.

Ahora, tras anunciarse en Chicago que Madrid acogerá una conferencia de inversores germanos a la que acudirá Merkel (“en septiembre”), la cosa está bastante más clara. La aproximación cierta del capital alemán a brokers y analistas españoles especializados en sectores concretos (energía, banca, inmobiliario selectivo, servicios e infraestructuras estratégicas…) indica su decisión de tomar posiciones más o menos inmediatas en el mercado español y conduce a un nuevo análisis de la realidad, sin duda llamativo.

La decisión de arrastrar en el tiempo esta iniciativa inversora de Alemania, es significativa (ya veremos si se trata realmente de inversiones productivas o sólo de “adquisiciones a bajo precio”). A nadie se le oculta que el libre mercado se mueve por la ley de la oferta y la demanda, lo que significa que una mayor cantidad de bienes y servicios en venta, conlleva aparejados mejores precios de compra. Y si el negocio en el que interesa situarse padece asfixia financiera (por supuesto manteniendo buenas perspectivas de futuro), pues mejor que mejor para el “inversor/comprador”.

Lo cierto es que mientras España se hundía económicamente, Alemania preservaba su músculo financiero, marcando un diferencial entre “pobres” (los vendedores) y “ricos” (los compradores) creciente en el tiempo. Una realidad incuestionable, ayudada por una estrategia soterrada y perversa que vinculaba el coste del endeudamiento a la “prima de riesgo”, alto por tanto para los países más endeudados (pobres) y en la práctica inexistente para los inversores (países ricos).

Con España entretenida con su propia ruina y dando palos de ciego para buscar una salida financiera imposible, cualquier eventual “inversor” con liquidez amachambrada, estará disfrutando lo suyo viendo como madura el mercado de las súper ofertas antes de salir de compras. El próximo mes de septiembre será cuando, decidido por Fraü Merkel, comiencen las rebajas esperadas y suene el cornetín para entrar en ellas “a saco”, con la cosecha a punto y los precios por los suelos: exactamente entonces, no uno, dos o incluso tres años antes, cuando la compraventa hubiera tenido otras condiciones.

Está claro que a partir de septiembre se sacarán a la venta el patrimonio inmobiliario del Estado a valor de improductivo, las empresas concesionarias de servicios públicos al coste de sus deudas(o a un euro simbólico) y las joyas de la Corona a precios de bisutería, por ejemplo. Ya habrá tiempo para que las descarnadas vacas de ahora vuelvan a dar leche de primera calidad.

¡Bienvenida Fraü Merkel! Así se compra (y algunos venden) un país en rebajas.

EL TOMA Y DACA DE CHICAGO

Pero en Chicago, Rajoy no sólo remarcó su pacto de lealtad a Merkel. También señaló distancias con el presidente francés, François Hollande, que tuvo el atrevimiento de insinuar de forma sibilina pero acertada la precaria situación de los bancos españoles (quizás tratando de abrir una senda al protagonismo opositor de Rubalcaba), cuyas verdaderas necesidades, dígase lo que se diga, siguen siendo un misterio (algunos analistas solventes las cifran nada más y nada menos que entre 80.000 y 300.000 millones de euros).

En la cumbre de la OTAN, el presidente francés también protagonizó un “numerito” al estilo ZP, con quien, salvando las distancias de sus respectivas formaciones académicas, que son muchas, mantiene alguna identidad gestual. Para empezar anunció su decisión unilateral de retirar todas las tropas francesas de Afganistán (3.300 soldados) antes de fin de año, haciendo también ostensible su ausencia de la sala de conferencias durante los discursos de Barack Obama y del secretario general de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen…

Por su parte, Mariano Rajoy, acaso demasiado confiado en la buena relación personal que mantiene con la canciller alemana, aprovechó la cumbre para reclamar al Banco Central Europeo (BCE) medidas urgentes frente a la crisis (se entiende frente a la crisis española), que en su ilusa opinión podían tomarse poco menos que en 24 horas, y también que otros socios europeos cumplan con los deberes de estabilización, como está haciendo España, refiriéndose a Grecia, que ya es referirse. Una demanda implicatoria que fue apoyada de forma expresa por el presidente Obama.

Claro está que Mariano Rajoy había abolido sin la menor duda las pasadas posiciones y actitudes del “zapaterismo”, asegurando ante los socios de la OTAN que en Afganistán “entramos juntos y saldremos juntos”. Aunque la clave de su mayor entendimiento con Obama fuera el pacto de colaboración española en el escudo antimisiles de la OTAN, con un emblemático punto de apoyo en la base de Rota, tema del que ya tendremos tiempo para comentar sus aspectos más ocultos y negativos.

“LA CORONA ESTÁ MUY BIEN”

La Corona, que simboliza la unidad y permanencia del Estado y que, encarnada en la figura del Rey, arbitra y modera el funcionamiento regular de sus instituciones,sigue ocupando un primer plano informativo, pero no precisamente por cumplir su papel constitucional, sino por devaluarlo a golpes de torpezas directas o indirectasque el sentimiento popular cada vez acepta de peor gana.

Un reconocido hombre de bien y de indudable buena cabeza, José Manuel Romay, actual presidente del Consejo de Estado, se ha despachado esta misma semana con unas declaraciones al diario “ABC” (21/05/2012)cuyo titular más importante no deja de sorprender: “No hace falta hacer ninguna ley sobre la Familia Real. La Corona está muy bien”.

Nada que añadir, entre otras cosas porque, a veces, como cuando leemos o escuchamos este tipo de reafirmaciones, no sabemos si vivimos en la España real o en la imaginaria.

Ese mismo día, y al hilo de esa particular percepción, una pandilla de miembros del Congreso de los Diputados optó por fotografiarse junto a los leones de las Cortes, codo con codo con los representantes de una pintoresca plataforma que exige selecciones nacionales de fútbol para Cataluña, el País Vasco y Galicia. Poco podemos objetar a las convicciones deportivas más íntimas de sus señorías, por curiosas que sean, pero es que, en caso de no darles forma parlamentaria reglamentada, deberían haberlas manifestado sin socavar la imagen del Congreso de los Diputados, que no está para eso, y a título personal (o partidista si el tema se incluye en su ideario político).

La iniciativa de Amaiur, que fue quien invitó a esos futboleros provincianos a tomar la sede parlamentaria como una sucursal del circo Price, sería secundada de forma lamentable por diputados y senadores de CiU, ERC, ICV y el BNG, convertidos, como decimos, en auténticos entretenidos de la política, ignorantes de las verdaderas y estrictas funciones legislativas, de investidura del presidente del Gobierno y de control del Ejecutivo para las que han sido elegidos.

Además, todos ellos respaldaron de consuno un llamamiento para que los espectadores que asistieran a la final de la Copa del Rey de fútbol del viernes 25 de mayo, saludaran al Príncipe de Asturias y al himno nacional con una sonora pitada, convirtiendo el acto deportivo en una manifestación de “afirmación nacional”.Algo verdaderamente irresponsable.

Tras esta estúpida actitud política (y cierto que no antes), Esperanza Aguirre, presidenta de la Comunidad Autónoma de Madrid y personalidad admirable por otros muchos motivos, se lanzó a salvaguardar la imagen de la Corona asegurando que la final de la Copa del Rey“se debe suspender y celebrarse a puerta cerrada en otro lugar”, en caso de que las aficiones del Barça y del Athletic consumaran la pitada contra el Heredero de la Corona o contra el himno de España emitido protocolariamente al inicio del partido.

Aguirre explicó que llevaba pensando en esta opción “mucho tiempo”, desde que el expresidente francés Nicolas Sarkozy amenazara con hacer lo mismo si se volvía a silbar durante la reproducción de su himno nacional en las competiciones deportivas, aunque los dos casos no sean equiparables. Pero también hay mentideros madrileños en los que se reconoce a Esperanza Aguirre sobrada habilidad política como para sacarse de la manga esa farfolla futbolera, sin otro interés que el de usarla como cortina de humo para distraer la atención mediática del déficit presupuestario recién aflorado en su Comunidad, ciertamente sorprendente después de presentarla una y mil veces como ejemplo nacional del control presupuestario.

Lo cierto es que la polémica tuvo de forma inmediata un inevitable eco informativo, que sobre todo sirvió para propagar la idea, magnificarla y “calentar”, por no decir “achuchar”, a las aficiones correspondientes. De hecho, el objetivo subyacente de la pitada (desprestigiar a la Monarquía y al propio Estado) ya se alcanzaría sobradamente antes del día de autos a base de expandir mediáticamente la controversia.

Como hicieron otros políticos del PP, el presidente del Congreso de los Diputados, Jesús Posada, descalificó a Esperanza Aguirre rechazando que la final de la Copa del Rey se pudiera suspender por semejante motivo, ya que, a su juicio, este tipo de medidas sólo se deberían tomar “en última instancia”, con una convicción “tremenda” y porque realmente “no haya más remedio” que hacerlo. Entrando al trapo de la misma polémica, la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáez de Santamaría, pidió que en la final de la Copa del Rey no se mezclara el deporte con “reivindicaciones nacionalistas”.

Claro está que, llevada torpemente la controversia a ese primerísimo primer plano, el presidente del FC Barcelona, Sandro Rosell, no podría dejar de contestar también a Esperanza Aguirre:“Espero que los barcelonistas puedan expresar libremente sus pensamientos: sólo faltaría eso”.

Nosotros, ya advertimos en la anterior Newsletter (Whatever will be, will be…)que la reacción de las hinchadas presentes en el evento deportivo del viernes 25 de mayo, sería un buen termómetro para medir el grado del malestar popular hacia la Institución Monárquica, aunque hubiera que entenderlo segmentado.

Al final, hubo una enorme pitada de consenso popular contra el Príncipe de Asturias y el himno nacional, mucho más expresiva que la soportada por Su Majestad en la final de la Copa del Rey celebrada en el Estadio Mestalla de Valencia el 13 de mayo de 2009. Como en aquella ocasión, los palanganeros reales también trataron de enmascararla con una versión reducida del himno sobre cargada de decibelios y, todavía mucho más vergonzoso, eliminando el sonido ambiente en la emisión televisiva del acto.

Pero, tranquilos que no pasa nada: según el Consejo de Estado “la Corona está muy bien”… 

Con las cosas como están, sólo nos queda recordar al respecto la frase recogida por Ángel Ossorio y Gallardo en relación con el pensamiento de Francesc Cambó: “Los regímenes políticos no se derrumban ni perecen por el ataque de sus adversarios, sino por la aflicción y el alejamiento de los que deberían sostenerlos”. En nuestros días, quien fuera emblemático jefe de la Casa del Rey, Sabino Fernández Campo, ya fallecido, ajustó esta misma realidad al caso de la Corona ante el periodista Manuel Soriano, autor del libro “Sabino Fernández Campo – La sombra del Rey” (Ediciones Temas de Hoy, 1995): “Las monarquías no caen por los republicanos, sino por su propia obra”.

EL PARIPÉ COLABORADOR DE ALFREDO RUBALCABA

Parece que la oposición socialista no se ha enterado todavía de lo que pasó el 20 de noviembre de 2011. En esa fecha hubo elecciones generales y el PP barrió, obteniendo mayoría absoluta no por sus méritos previos de partido opositor, sino por el desastre nacional que supuso la política de Rodríguez Zapatero, sobre todo en la última legislatura.

Ahora, con la herencia recibida del PSOE, y por poco que sirva airearla más de la cuenta, un PP sobrado de escaños en el Congreso de los Diputados y en el Senado no está como para andarse con chiquitas. Rajoy gobernará a golpe de decreto siempre que lo necesite (y hará bien), aunque esa potestad se deba concentrar en el tiempo y limitarse a lo estrictamente necesario para no devaluar las funciones del Congreso de los Diputados y del Senado, más de lo que ya están.

Pero ésta es una apreciación que interesa más a la clase política que a la sociedad, descreída de ese mundo y que sólo quiere salir de la crisis como sea. Eso es lo que hay y, en consecuencia, Rubalcaba debería prestar a Rajoy los apoyos necesarios para que éste pueda “legislar” mejor que “decretar” (es decir, apoyándole sin remilgos y con discreción en todo lo que sea fundamental para salir de la crisis), rescatando de esta forma la vida parlamentaria de la inopia en la que se encuentra. Algo que, estando las cosas como están y viniéndose de donde se viene, beneficiaría sobre todo a la oposición socialista, necesitada de mostrar ante la opinión pública su faceta más alejada del “zapaterismo” que tanto daño ha hecho a España.

Después de que uno y otro marearan la perdiz de la colaboración entre Gobierno y Oposición más de lo conveniente, Rajoy y Rubalcaba se hicieron la “foto del entendimiento” el viernes 25 en Moncloa, con los periodistas en espera, al menos, de alguna novedad sobre la renovación del Tribunal Constitucional. Pero fue sólo eso: una fotografía instantánea de feria política para encubrir ante la opinión pública el exceso de soberbia gubernamental y el ejercicio “trilero” de la oposición. De reformas profundas y acuerdos de grandeza política, nada de nada.

El jueguecito de los apoyos y de la unidad nacional no irá a ningún lado. En la actual situación de crisis arrasadora (un tsunamicuya dimensión política, económica y social se sigue camuflando para evitar el pánico ciudadano) y mandato electoral claro, lo de vender a la ciudadanía eso de la “oposición útil” y el “gobierno generoso”, no deja de ser algo secundario. Incluso “graciosillo” si, finalmente, Rubalcaba acompañara a Rajoy como “ayudante tuberías” en sus comparecencias ante las instituciones europeas, porque, poco más o menos, eso es lo que parece buscar el líder socialista y coautor significado del descalabro en cuestión.

¿Y QUÉ PASA CON LOS “SALTEADORES DE CUELLO BLANCO”?

Ya lo hemos dicho en otra Newslettery ahora lo repetimos:

Si la Fiscalía Anticorrupción hubiera tratado a estos “salteadores de cuello blanco”, como ha tratado a otros ciudadanos bastante más presentables (desde Mariano Rubio a Isabel Pantoja), detenidos con gran aparato policial y mediático y encerrados en prisión de forma abusiva, quizás el problema no hubiera llegado a producirse o se habría zanjado de raíz… 

Al margen del derroche en el gasto público, lo de las antiguas cajas de ahorro es de vergüenza ajena mundial. Así que menos reproches y menos malos humos nacionales cuando se dispara la prima de riesgo del crédito soberano y cuando Standard & Poor’s (S&P), o cualquier otra agencia de medición de riesgos, degrada a “bono basura” la calificación crediticia de las entidades que se lo tienen bien merecido, siempre parapetadas en un muro de continuas mentiras sobre mentiras. Eso sí, a menudo jaleadas (las mentiras de la banca) por políticos temerosos de su poder económico y por los medios informativos que dependen de sus presupuestos publicitarios.

Esta semana, además de que la citada prima de riesgo haya alcanzado su máximo histórico de 494 puntos básicos (una bomba atómica financiera que parece traer al pairo a todo el mundo), la calificación de S&P (25/05/2012) ha situado en posición de “bono basura” a dos bancos de corte tradicional (Bankinter y Popular) y a otros dos derivados de Cajas de Ahorro (Banca Cívica y Bankia).

Pero la respuesta celtibérica a esta realidad, no es precisamente la de la reflexión y la reconducción inteligente, sino una destemplada e injusta descalificación de quienes, por profesión, analizan y diagnostican la salud financiera (puede que no siempre de forma infalible), transmitiendo meros mensajes sobre malas y buenas situaciones de las que en modo alguno son responsables, habiéndose llegado incluso a acusarles de pertenecer a la masonería internacional…

El caso de Bankia (antigua Caja Madrid históricamente sometida al poder y la mamandurria de la clase política y sindical), desborda día a día cualquier previsión razonable, hasta el punto de haber acumulado ya la mayor ayuda de dinero público de la historia de España. Y ahora, convertida en un “banco putrefacto” más que en un “banco basura”, parece que todo se salda con las dimisiones de los “salteadores de cuello blanco” y con que la vicepresidenta Sáenz de Santamaría nos cuente, con voz temblorosa, el cuento chino de que las arcas públicas recuperarán todo lo que se entierra en Bankia. Quizás porque todavía no se ha enterado de la diferencia existente entre “créditos” y “capital” y lo que significa la palabra “quiebra”.

El propio José Ignacio Goirigolzarri, nuevo presidente “profesional” de Bankia nombrado por el Gobierno tras la intervención de la entidad, ha advertido ya que ésta necesita otros 19.000 millones de “capital adicional”, no de “ayudas”. También aclaró que su papel es el de gestionar el futuro del banco y no el de “depurar responsabilidades”: es decir, que las hay y que eso deben hacerlo otros.

Realmente vergonzoso. Pero todavía lo es más que el Congreso de los Diputados, residencia de la soberanía popular, siga actuando como servil papamoscas del caso. Si hoy existiera un “cojo Mantecas” como el que  se cargó a José María Maravall, ministro de Educación en los primeros gobiernos socialistas de Felipe González, a fuerza de romper farolas en la madrileña calle de Alcalá, seguro que la indecente pamplina de Bankia se habría acabado hace tiempo: hoy la gente lo aguanta todo.

Nada que hacer, pues. Los facinerosos de la política seguirán privatizando los beneficios y socializando las pérdidas, siempre y de todo lo que puedan.

UNA SOLUCIÓN RAZONABLE: HACERNOS ALEMANES

De momento, parece evidente que el presidente Rajoy concita ante nuestros socios europeos y otanistas mayores simpatías y respeto que su predecesor en el cargo, Rodríguez Zapatero. Sin embargo, ni los analistas más perspicaces (incluidos los gallegos) tienen claro todavía que el Gobierno pueda estar o no estar entendiendo y dominando la situación: si realmente las catorce “figuras” del PP saben lo que tienen que hacer, como han dicho en alguna ocasión, o si sus trajes de luces como lidiadores de la crisis les vienen grandes y al final nos montan una charlotada pueblerina o una conachada ferrolana.

Porque una cosa es capear la crisis a base de mantazos y de pases para la galería, incluida la europea, y otra muy distinta parar su embestida, templar su acometida muleta en mano y marcar la salida del embroque dominando los terrenos. La lidia es dura y, con el ganado resabiado, que es el que toca, puede serlo más. Por eso, cuando al final la cuadrilla se muestra de pacotilla o sale por pies, no hay más remedio que apretarse los machos y decidirse  a salir de la plaza por la enfermería o por la puerta grande, con el euro o sin el euro.

La realidad es que España, que ni por asomo puede ni podrá pagar las deudas contraídas (que además crecen como la espuma), huele muy mal financieramente; como un enfermo con gangrena irreversible que se niega a la amputación. La labor del médico en esa situación es penosa pero irrenunciable: debe advertir al paciente de una muerte inevitable y meter el bisturí por donde haya que meterlo, dejándole cojo, manco o ambas cosas a la vez…

Claro que queda una solución menos heroica y algo indigna, pero que a tenor del hundimiento intelectual y ético que padecemos, no resulta nada despreciable: rendir España de forma incondicional ante Ángela Merkel a cambio de recibir la nacionalidad alemana, si es que aceptan a tanto impresentable político como hay en este país. Y si falla la jugada, apostar por los chinos o por Guinea Ecuatorial.

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