La precisión con la que el secretario general y candidato presidencial del PSOE, Pedro Sánchez, ha organizado el desembarcado conjunto de la diputada tránsfuga Irene Lozano (se dio de baja en UPyD sólo después de garantizarse un próximo escaño socialista) y de la excomandante Zaida Cantera, ha alertado a la institución militar sobre una posible nueva operación de reconversión de las Fuerzas Armadas en caso de que prospere un Gobierno socialista a partir del 20-D.

El hecho de que estas dos simpatizantes socialistas sobrevenidas hayan sido colocadas digitalmente en puestos electorales de tanta relevancia en las listas del PSOE por Madrid (nada menos que Lozano de número cuatro y Cantera de número seis), se entiende como una preparación de su eventual desembarco al frente del Ministerio de Defensa. De hecho, Lozano ha sido la portavoz de UPyD en la Comisión de Defensa del Congreso, materia en la que se considera una experta...

Con independencia del lamentable suceso de acoso sexual padecido por Zaida Cantera siendo oficial del Ejército de Tierra, resuelto con la causa militar correspondiente y la pertinente condena del acosador imputado, el precedente de que Pedro Sánchez hubiera apuntado contra el Ministerio de Defensa nada más acceder a la secretaría general del PSOE, sirve para reavivar la intranquilidad que despiertan las ocurrencias socialistas en el ámbito castrense. Y ello cuando su propuesta de reforma constitucional ‘federal’ ya ha sembrado bastante confusión sobre la idea que tienen las Fuerzas Armadas de la unidad de España.

Ahora se recuerda que el 4 de octubre de 2014 El Mundo publicaba una entrevista con el flamante líder socialista en la que éste desvelaba su vena anti-militar (sic):

- ¿Qué Ministerio sobra y qué presupuesto falta?

- Falta más presupuesto contra la pobreza, la violencia de género… Y sobra el Ministerio de Defensa.

Lógicamente, las palabras de Sánchez, muy en línea con la posición también mostrada al respecto por otros significados miembros de su partido (como el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero y la ex ministra de Defensa Carme Chacón), corrieron por los medios castrenses y los círculos de la seguridad nacional como si fueran pólvora encendida. Su desprecio por la defensa nacional, hasta el punto de considerar la conveniencia de que desaparezca el Ministerio de Defensa, fue entonces tan claro y contundente que dejó anonadados a propios y extraños.

Desde su tribuna parlamentaria de Defensa, hasta Irene Lozano juzgó como una “frivolidad” que Pedro Sánchez considerase que el Ministerio de Defensa “sobra”.

Entonces, y mientras los profesionales de la milicia en activo que no se podían pronunciar públicamente al respecto trinaban en sus cuarteles, las asociaciones castrenses con libertad de crítica política reaccionaban de forma inmediata ante las palabras de Sánchez.

El secretario de la Asociación de Militares Españoles (AME), José María Pairet, afirmó que al novel líder socialista le faltaba “cultura de defensa”, añadiendo: “Este señor se nota que no tiene ninguna conciencia de defensa y que, por supuesto, no ha hecho el servicio militar y no se ha enterado de nada”. Y desde la Asociación Unificada de Militares Españoles (AUME), en sus orígenes próxima a UGT, Mariano Casado pedía al secretario general del PSOE que explicase qué quería decir con que “sobra el Ministerio de Defensa”.

A toro pasado se adujo que Pedro Sánchez tuvo un ‘desliz’, pero el posible lapsus no dejó de retratarle como un político ciertamente inmaduro, como en su momento lo fue Rodríguez Zapatero, de ingrato recuerdo en las Fuerzas Armadas, sin llegar a aclarar todavía cómo afrontó sus obligaciones con la defensa nacional antes de que en 1999 se suspendiera el servicio militar obligatorio. Y lo cierto es que el actual secretario general del PSOE no ha dejado de fijar otras posiciones políticas populistas.

Una de ellas es la de haberse declarado, además de enemigo del ‘Toro de la Vega’ (cosa entendible porque este salvaje espectáculo disgusta incluso a los propios taurinos), contrario también a la Fiesta Nacional (“nunca me verán en una plaza de toros”, afirmó telefónicamente ante la audiencia de un conocido programa de telebasura). Y otra la de atacar la corrupción política que anida en otros partidos…, sin barrer antes del suyo a la ingente cantidad de compañeros imputados en el deleznable escándalo de los falsos ERE de Andalucía, por ejemplo.

Fuentes del PSOE, trataron de aclarar que la frase pronunciada por Sánchez en la entrevista de El Mundo sólo “hacía referencia a la necesidad de incrementar gasto social y reducir gasto militar”, recalcando para salir del paso: “Ni Sánchez ni el PSOE han planteado nunca la supresión de ese Ministerio”...

Pero con el precedente zapateril de la ‘Alianza de las Civilizaciones’, del juego de la ceja -asumido graciosamente por Sánchez- y de las referencias a ‘Manitu’, y con las nuevas ideas socialistas de instaurar una ‘España Federal’ y una ‘Europa Confederal’ (o con el descontrol de su franquicia catalana del PSC que va por libre en el peligroso juego del soberanismo), parece que Sánchez y el  PSOE tendrían que explicar mejor la ‘operación Lozano-Cantera’. Y cuál será su programa electoral en materia de Defensa Nacional, donde hay mucho que arreglar y ya muy poco que desarreglar todavía más.

De momento, en la institución militar no se ha terminado de digerir el exceso de oportunismo con el que, encauzado ya el caso de Zaida Cantera por la vía del derecho y la justicia como se había encauzado (poniendo los medios normativos necesarios para evitar su reproducción y condenando al superior que la acosó, el teniente coronel Isidro de Lezcano-Mújica, a dos años y diez meses de prisión), las ahora distinguidas candidatas electorales del PSOE intentaron manchar la imagen global de las Fuerzas Armadas, más allá de la legítima denuncia, con el libro titulado ‘No, mi general’ del que ambas fueron coautoras, promoviendo una idea generalista a partir de un reprobable caso peculiar y juzgado en términos de justicia y de dignidad militar.

Cuando la entonces diputada de UPyD Irene Lozano llevó el caso al Congreso de los Diputados con una pregunta al ministro de Defensa, Pedro Morenés, de gran resonancia mediática, este criticó su “bajeza moral” por “perjudicar el nombre de las Fuerzas Armadas”. Una actitud que, en cualquier caso, conllevó críticas al ministro por parte de los demás partidos de la oposición solidarizados con Zaida Cantera.

Ahora, lo inevitable es que en los medios castrenses se especule con la intención última del desembarco de Lozano y Cantera en el PSOE, sobre todo considerando el tradicional desdén del partido por lo militar y su continuo interés por desnaturalizar la función de las Fuerzas Armadas.

Lo dicho: el recelo de la institución militar ante Pedro Sánchez sigue ahí, pendiente de ver por dónde aprieta otra vez el puño y la rosa. ¿Quizás con el tándem Lozano-Cantera sustituyendo al elitista P&P…? Atentos, porque parece que el poco aprecio del PSOE por las Fuerzas Armadas sigue donde estaba.

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