Apenas hace unos días, apuntábamos en esta misma sección Confidencial la idea de que el sorprendente desembarco en el PSOE de la tránsfuga Irene Lozano (ex UPyD) y la ex comandante Zaida Cantera respondía a un plan para que, en caso de poderse dar un Gobierno socialista necesariamente apoyado por Podemos, ambas desembarcaran en el Ministerio de Defensa con objeto de poner en marcha una reforma -todavía oculta- del modelo de Defensa Nacional y una nueva reconversión de las Fuerzas Armadas.

En los círculos castrenses informados se entiende que, si la aritmética parlamentaria lo permitiera, la asociación PSOE-Podemos para formar un Gobierno de coalición, o para cerrar un apoyo de legislatura con acuerdos expresos, estaría cantada. Teniéndose claro también el desdén por lo militar mostrado por ambas formaciones políticas, la primera de forma práctica, tanto gobernando como desde la oposición, y la segunda con no pocas declaraciones públicas dentro de su confusa posición ideológica.

Ahora, el desembarco todavía más llamativo de José Julio Rodríguez, nada menos que un general del Aire (de cuatro estrellas) y ex JEMAD, en Podemos, ocupando el número dos en su lista electoral de Zaragoza para los comicios del 20-D, circunscripción con mucho voto militar, a pesar de haber nacido en Orense, añade credibilidad a la existencia de determinados pactos secretos entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias.

Su origen podría situarse en el encuentro ‘secreto’ (luego trascendido al público) que en su momento celebró el líder de Podemos con dos socialistas especialmente enredadores en materia de Defensa: el ex presidente José Luis Rodríguez Zapatero (con gran ascendencia tanto sobre Carme Chacón como sobre el general Rodríguez) y el ex ministro de Defensa José Bono, que fue quien lo promovió y también anfitrión del almuerzo que compartieron al efecto en su mansión toledana.

La precisión con la que el actual secretario general y candidato presidencial del PSOE, Pedro Sánchez, ha organizado el desembarcado conjunto en el PSOE de Irene Lozano y Zaida Cantera, garantizando a ambas un escaño por Madrid pero sin nominar a su posible ministro de Defensa, se ha visto completada ahora por Pablo Iglesias ofreciendo también un buen puesto de salida electoral al general Rodríguez y anunciando a bombo y platillo que es su candidato para ministro del ramo. Y así ambas operaciones partidistas se entienden mejor: precisamente en base al acuerdo secreto PSOE-Podemos por el que al general Rodríguez correspondería el futuro cargo de ministro, mientras el PSOE cubriría el resto de su aparato político.

Puede que el desembarco del general Rodríguez en Podemos sea una buena estrategia para ese partido, pero está siendo enormemente criticado dentro de la institución militar, donde, además, su especial afinidad con el PSOE estaba más que comprobada. Los compañeros de armas del JEMAD, que como tal ostentó nada menos que la cúpula de los tres Ejércitos, repudian abiertamente que su desembarco en la política, en sí mismo ya mal visto, se haya realizado, además, vía Podemos, cuyos postulados ideológicos y relaciones con otros partidos controvertidos en la esfera militar distan mucho de sus compromisos con la defensa de la unidad de España y del orden constitucional.

Seriamente disgustados por lo que la actitud del general Rodríguez pueda afectar a la imagen pública de las Fuerzas Armadas, parece que no van a perdonarle su vinculación a Podemos, porque, aun siendo legítima, pone en duda sus lealtades previas y al menos su estética militar.

En este sentido se recuerda el caso del ex coronel Amadeo Martínez Inglés y su estrambótica actitud política, tras ser expulsado del Ejército por sucesivos actos de indisciplina. Su colmo fue manifestar ante las cámaras de Antena 3TV la decisión de participar en la política activa, pero con dudas de hacerlo “con el Partido Popular o con Izquierda Unida”. Tan sorprendente duda y su última decisión de integrarse por fin en la Presidencia Federal de IU, a la que accedió como militante del partido Izquierda Republicana y ocupando su secretaría de Estudios y Programas, vaporizó las simpatías que aún despertaba en algunos compañeros de promoción y condujo a su exclusión de toda actividad institucional o de entorno castrense.

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