La lectura del diario “The New York Times” en su edición del pasado 13 de agosto, creó una alarma antiterrorista importante en los medios europeos de la Seguridad del Estado, especialmente sensibilizados tras los atentados perpetrados el precedente 22 de julio en Oslo por el islamófobo Anders Behring Breivik. Una tensión añadida a la ya generada por la conflictividad sociopolítica que viven actualmente distintos países árabes, con posibles derivas terroristas que podrían alcanzar escenarios europeos.

Dicho medio informativo citaba informes de la CIA que advertían sobre un posible ataque biológico de Al Qaeda. En ellos, se revelaba que, durante más de un año, islamistas radicales de Yemen habían adquirido “grandes cantidades” de semillas para producir “ricina”, una toxina de fácil inhalación una vez pulverizada y mortal cuando llega al torrente sanguíneo humano.

Agentes de la Inteligencia estadounidense, aseguraban en sus informes que los terroristas tratarían de camuflar lotes de veneno en pequeños paquetes preparados para estallar en lugares públicos. No obstante, compensaban sus especulaciones afirmando que todavía se estaría estudiando la forma de utilizar la ricina como un arma efectiva, entre otras razones porque pierde potencia en ambientes secos.

Las críticas de los servicios homólogos europeos, se han centrado en el fenómeno de estimulación imitativa que puede producir este tipo de noticias, dada la fácil instrumentación casera de las armas biológicas. Al respecto se han recordado los intentos de terrorismo biológico que fueron desarticulados en Estados Unidos tras el 11-S, cuando la CIA enfatizó de forma excesiva sobre la realidad de la amenaza. Lo llamativo es que fueran protagonizados por ciudadanos nacionales alienados y no por miembros de Al-Qaeda.

Otro referente inevitable, es el atentado con gas sarín perpetrado el 20 de marzo de 1995 en el metro de Tokio por la secta “ La Verdad Suprema” (Aum Shinri Kyo), que provocó doce muertos y lesiones importantes a más de 5.000 personas. Ejemplo prototípico de amenaza terrorista que produjo una conmoción sin precedentes en la Comunidad de Inteligencia, alarmando en especial a los países con terrorismo activo, temerosos de padecer alguna réplica de similar naturaleza…

En España, nada más conocerse la alarmante noticia publicada por el “The New York Times”, la autoridad policial procedió a detener a José Pérez Bautista, un estudiante de química orgánica en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), de 24 años y nacionalidad mexicana.

Su detención y puesta a disposición judicial, se basó en las expresiones despreciativas que había proferido públicamente como respuesta contra las personas que se oponían a la visita de Benedicto XVI a Madrid programada con motivo de la “Jornada Mundial de la Juventud 2011” y en sus comentarios de que, según es sabido, con un arma química como el gas sarín se podrían matar a 200 o 400 personas de una sola vez. Otro de los inconsistentes motivos de su arresto es que entre las pertenecías que le fueron requisadas en su domicilio por agentes de la Comisaría General de Información se encontraban dos cuadernos con anotaciones de procesos químicos que, según la Policía, nada tenían que ver con sus estudios de química orgánica en el CSIC…

Un incidente ciertamente rocambolesco y anecdótico que quizás no se habría producido sin las alarmas activadas públicamente por la CIA sobre ataques terroristas de naturaleza biológica, de forma tan insistente como indocumentada.

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