El anterior secretario de Estado de Defensa, Constantino Méndez, preparó su despedida del cargo echando el muerto de la ruina económica en la que iba a quedar sumido su ministerio al entonces partido de la oposición (PP), aunque ya se habían consumado dos legislaturas seguidas de Gobierno socialista. El “muerto” se cifra en 26.000 millones de euros comprometidos en sistemas de armas avanzados, que él mismo calificó de innecesarios, y cuya planificación de pagos ahora se encuentra sin tesorería.

En el pasado mes de octubre, Méndez advirtió en el Congreso de los Diputados: “No deberíamos haber adquirido sistemas [de armas] que no vamos a usar; para escenarios de confrontación que no existen y con un dinero que no teníamos entonces ni ahora”. El entonces SEDEF precisó  que “de los 27.000 millones de deuda”, a las legislaturas del PP “corresponden “23.000 y pico millones” y a las dos últimas del PSOE, “3.000 y pico” (“El País” 13/08/2011)…

El caso es que España se incorporó al “Programa Eurofigther–Typhoon”, el más costoso de todos, en septiembre de 1985 (con el PSOE en el Gobierno), adquiriendo la friolera de 87 unidades del súper avión de combate EF-2000, cuyo importe, incluyendo las fases de Definición, Desarrollo y Producción ascendió a 10.795,4 millones de euros. Por si eso fuera poco, el propio Méndez rubricó el 31 de julio de 2009 un nuevo pedido de otros 20 aviones (1.400 millones más), que un año más tarde consideraría “innecesario”.

Además, aquella dotación de lujo se vio precedida por la adquisición de 72 aviones polivalentes F/A-18 “Hornet” fabricados por McDonnell Douglas (EF-18 “Hornet” en la versión española), aprobada definitivamente el 31 de mayo de 1983 también por un gobierno socialista, ya que la extinta Unión de Centro Democrático (UCD) sólo comprometió un acuerdo previo revocable. Un programa cuyo importe, sin incluir partidas importantes de armamento y apoyo logístico, ascendió a 1.821 millones de dólares del momento, y quizás el más discutible y discutido, incluso por amplios sectores del PSOE, desde que el gobierno centrista de Adolfo Suárez inició la modernización material de las Fuerzas Armadas tras el franquismo.

Por otra parte, el desarrollo de las fragatas F-100 nació a principios de los años 1990 tras la cancelación del programa NFR 90, también con copyright socialista, aprobando además el Gobierno de Rodríguez Zapatero en mayo de 2005 la adquisición de la quinta unidad (la F-105, que ha sido la más costosa), junto con 4 BAM (Buques de Acción Marítima), 45 helicópteros NH-90 y una importante dotación de misiles para el Ejército de Tierra.

Aunque  la gran paradoja de la política socialista en cuanto a dotaciones materiales de las Fuerzas Armadas, se ha dado justo en los estertores de la IX Legislatura, cuando después de años y años “tocando el violón” y acumulando, por ejemplo, carros de combate inoperantes, el propio Méndez se vio obligado a comprometer la adquisición de nuevos vehículos blindados antiminas para proteger a las tropas españolas desplegadas en zona de conflicto (Afganistán y Líbano). El pedido incluía 76 MLV “Lince” italianos de escuadra (cinco ocupantes) y 20 RG-31 “Nyala” sudafricanos de pelotón (nueve ocupantes), con un importe de 42,6 millones de euros.

Está claro que el momento de analizar la racionalidad o irracionalidad con la que se vienen modernizando materialmente las Fuerzas Armadas, o sus costosas intervenciones en misiones de proyección, no es otro que el del correspondiente debate parlamentario, del que, por cierto, el PSOE sustrajo el despropósito que ha supuesto la UME (Unidad Militar de Emergencias). Pero sí que vale la pena señalar ahora lo infantil del “¡yo no he sido, yo no he sido!”, alegado siempre por los políticos más incompetentes.

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