La detención en Berlín del ciudadano germano-marroquí de 56 años identificado como “Mohamed B”, sospechoso de espiar a miembros del movimiento independentista del Sahara Occidental (Frente Polisario) por cuenta de los servicios secretos de Marruecos, hecha pública el pasado 15 de febrero, supone una advertencia inequívoca de los Servicios de Inteligencia Exterior de la República Federal de Alemania (BND) sobre la necesidad de cumplir los protocolos de colaboración bilateral en materia de Inteligencia. De hecho, la detención se ha producido a los pocos días de ser arrestados otros dos sospechosos de espionaje, en este caso centrado en diplomáticos y funcionarios de la República Árabe Siria acreditados en Alemania.

El presidente ejecutivo del BND (Bundesnachrichtendienst), Gerhard Schindler, ha instado a su Departamento EA (Área de Acción / Relaciones Internacionales) para que extreme la vigilancia sobre acciones intrusas de los servicios secretos marroquís en territorio alemán. Se da la circunstancia de que la detención de “Mohamed B” se ha producido tras anunciar la Fiscalía Federal, el 10 de febrero, que otro presunto espía marroquí, de 43 años de edad, será juzgado próximamente por la Audiencia Superior del Distrito de Celle, ubicado en la Baja Sajonia (Niedersachsen), sin dar datos sobre el momento ni las circunstancias de su detención.

Lo que ha trascendido es que entre octubre de 2009 y octubre de 2010 este primer encausado espió las actividades de miembros del Frente Polisario y a estudiantes de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) también residentes en Alemania, dando traslado de sus investigaciones a los responsable del principal órgano de inteligencia marroquí, la Dirección General de Estudios y Documentación (DGED), dirigido por Yassine Mansouri. Al parecer, el contraespionaje alemán tiene pruebas de que la red del espionaje marroquí detectada desarrolla una actividad desmedida en Alemania, encubierta por asociaciones civiles y religiosas que ahora están bajo la lupa del BND.

No es casualidad que la detención del espía marroquí se haya producido en  el transcurso del Festival Internacional de Cine de Berlín (Berlinale), en el que ha estado presente el conflicto del Sahara Occidental. El 16 de febrero, el actor Javier Bardem, comprometido con la causa saharaui, presentó como productor el documental de 110 minutos de duración titulado “Hijos de las nubes - La última colonia”, proyectándose tres días antes la película “Wilaya”, del realizador y guionista valenciano Pedro Pérez Rosado, quien también ha dirigido “Sahara, un pueblo” y “Cuentos de la guerra saharaui”.

Por otra parte, el mismo BND y otros Servicios de Inteligencia europeos, incluido el CNI, no ocultan el malestar que les ha producido el indulto concedido el 5 de febrero por el rey de Marruecos, Mohamed VI, a tres de los ideólogos de la cadena de atentados perpetrados el 16 de mayo de 2003 en Casablanca, con 45 víctimas mortales. El primero de ellos, que fue el más letal, se realizó en el restaurante de “La Casa de España”, donde murieron 23 personas, cuatro de ellas de nacionalidad española.

Los tres terroristas incluidos en el indulto de 458 reos concedido por Mohamed VI con motivo del “Aid El Mawlid”, la celebración  del nacimiento del profeta Mahoma hace más de 14 siglos, son Hasan Ketani, Mohamed Rafiki (llamado “Abu Hafs”) y Omar Haduchi, miembros del grupo “Salafia Jihadia” (vinculado a Al-Qaeda) condenados como ideólogos de aquellos atentadosa 20, 25 y 30 años de cárcel, respectivamente.

A lo insólito de incluir en las medidas de gracia del monarca marroquí a este tipo de condenados por actos terroristas, hay que añadir la no menos extraña anomalía de la fuga que se produjo el 7 de abril de 2008 en la Prisión Central de Kenitra, situada al norte de Rabat, de nueve presos “yihadistas” condenados igualmente por los atentados terroristas de Casablanca de 2003. Los presos se escaparon cavando un túnel hasta el patio trasero de la casa habitada por el propio director del penal, muy probablemente contando con ayuda tanto interna como externa. Dos de los fugados habían sido condenados a muerte, cuatro sufrían pena de cadena perpetua y los otro tres estaban condenados a veinte años de prisión.

La actitud del Gobierno de Marruecos, tanto en materia de persecución del terrorismo como en los procedimientos de actuación de sus servicios secretos en países europeos, no protocolizados, preocupa hondamente en el seno de la UE y muy en particular dentro del CNI y del CNCA (el Centro Nacional de Coordinación Antiterrorista del Ministerio del Interior). Sobre todo desde que las elecciones legislativas celebradas en Marruecos en noviembre de 2011 llevaron al poder a los islamistas del PJD (Partido Justicia y Desarrollo) y a su propio líder, Abdelilah Benkirane, a ocupar la Presidencia del Gobierno.

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