La celebración el pasado domingo del “Aberri Eguna” (“Día de la Patria” en referencia a Euskal Herria, es decir a la integración del territorio vasco-navarro con los de la Baja Navarra o Nafarroa Beherea, Labort o Larpundi y Sola o Zuberoa, en Francia), desplazado estratégicamente en la edición de este año a Pamplona para reimpulsar desde allí el independentismo vasco global, ha inquietado a la Direction Centrale du Renseignement Intérieur (DCRI) de Francia, organismo que, por otra parte, se encuentra en estado de máxima alerta antiterrorista tras la serie de asesinatos perpetrados por el islamista radical Mohamed Merah en la localidad francesa de Toulouse los pasados 11, 15 y 19 de marzo.

La DCRI, nueva unidad de la Inteligencia Interior francesa dirigida por Bernard Squarcini desde que en julio de 2008 concluyera la integración bajo dicha nomenclatura de la DST (Direction de la Surveillance du Territoire) y la RG (Renseignements Généraux), ha asumido como una amenaza propia la deriva estratégica de Amaiur y otros grupos abertzales para exigir por medios políticos la independencia del País Vasco, incluidos los territorios navarro y vasco francés. Un nuevo enfoque que eclosionará con motivo de las elecciones autonómicas de 2013.

Observadores de la DCRI presentes el pasado domingo en la capital navarra, han podido verificar in situ la nueva estrategia y los movimientos tácticos de los responsables etarras, ahora orientados en una lucha más política que armada pero tendente a conseguir el mismo objetivo histórico separatista, tanto del Estado español como del francés. Su concreción en el lema de la pancarta que encabezaba la manifestación era inequívoco: “Independencia”.

Para los redactores de la nota informativa interna de la DCRI sobre el “AberriEguna” celebrado en Pamplona el Domingo de Resurrección, que es la fecha elegida a partir de 1932 para reivindicar la “resurrección de la patria vasca”, la edición de este año contó con demasiados asistentes de nacionalidad francesa y evidencia la intención de procurar un “efecto contagio” al otro lado de la frontera pirenaica. En esa estrategia se hace valer, precisamente, el éxito político que para los independentistas vascos supone ocupar las instituciones políticas españolas.

En el mismo documento, se hace referencia también a los gritos y abucheos proferidos en Bayona el pasado 1 de marzo contra el presidente Sarkozy, cuando decenas de militantes de la izquierda abertzale, jaleados por miembros de la oposición socialista local, le increparon duramente por su colaboración en la lucha contra el terrorismo etarra, teniéndose que refugiar en un bar mientras se calmaba la situación.

Refiriéndose a la reivindicación de los etarras encarcelados para cumplir sus penas cerca de sus lugares de origen, Sarkozy se vio obligado a declarar sobre la marcha que, pese a sus dificultades, “el acercamiento de los presos es deseable”, matizando que el acercamiento sería posible sólo “sin violencia y sin intolerancia”.

Más tarde, a su llegada a la cumbre de jefes de Estado y Gobierno de la UE, en Bruselas, retrasada por el incidente, el presidente Sarkozy, visiblemente enojado, advirtió que “si en nuestro país los militantes socialistas se asocian a gente de ETA para celebrar manifestaciones violentas, es que las cosas no van bien”, subrayando:“En cinco años no he cedido a la presión de la calle y no voy a hacerlo ahora ante los separatistas vascos”. Concluyó calificando el episodio como propio de “gamberros que son la vergüenza de la República”.

Por su parte, Loïc Garnier, jefe de la Unidad de Coordinación de la Lucha Antiterrorista (UCLAT) en el país vecino, viene informando puntualmente a su Gobierno de la reorganización del aparato de ETA en Francia, donde se calcula que residen un centenar de miembros “irreductibles” de la banda terrorista. En su opinión, la detención de tres presuntos etarras detenidos el pasado 15 de enero en la estación de ferrocarril de Joigny, en la región de Borgoña, portando armas cortas, es “una señal de su rechazo a abandonar la lucha”.