Las circunstancias y maniobras que mantienen a Félix Sanz al frente del CNI, de momento totalmente asumidas por Soraya Sáenz de Santamaría, vicepresidenta primera, ministra de Presidencia y portavoz del Gobierno, de quien depende su cargo, están dando mucho que hablar dentro y fuera de la Comunidad de Inteligencia.

Tras haberse publicado en algún medio informativo que “el Rey avala la continuidad de Sanz Roldán al frente del CNI”, un influyente socialista como Luís Solana, que estuvo a punto de ser ministro de Defensa con Felipe González, se destapó también con un artículo de opinión en el “periódico digital progresista” de Enric Sopena (“El Plural” 22/03/2012),haciendo un bochornoso panegírico, ciertamente desajustado, del personaje en cuestión. Lo concluía recomendando sin el menor reparo a la “popular” Sáenz de Santamaría que dejara a su amigo Sanz Roldán en el puesto de director del CNI…

Además de ser un cargo de libre designación gubernamental, sorprende que la dirección de los Servicios de Inteligencia, que conlleva el acceso a una información muy relevante, incluida la de naturaleza política, siga siendo ejercida por quien durante las dos anteriores legislaturas se mostró como un fiel servidor del mismo “zapaterismo” que tanto daño ha hecho a las Fuerzas Armadas y al propio CNI. Como militar, Félix Sanz llegó a ocupar el puesto de Jefe del Estado Mayor de la Defensa (JEMAD) sin méritos objetivos para ello, mientras que, por otra parte, su designación al frente del CNI se realizó sin consenso alguno entre Gobierno y Oposición, lo que entonces enervó sobremanera a Mariano Rajoy.

Ahora, nadie entiende que en el entorno del PP, o en sus aledaños más o menos “independientes”, no exista persona alguna con el perfil adecuado para ocupar un cargo tan sustancial, ni que, si existe, no se haya procedido al correspondiente relevo de inmediato, cayendo la que está cayendo. De hecho, en los círculos de opinión informada se esperaba que el primer nombramiento dentro del ministerio responsable del CNI fuera el de su nuevo director, como sucedió con Alberto Saiz cuando el PSOE ganó las elecciones generales del 14 de marzo de 2004.

Como es natural, esta extraña situación ha generado todo un sinfín de especulaciones que sólo benefician al propio Sanz Roldán y a sus antiguos jefes y amigos del PSOE, apuntando en muchas direcciones y creando igual número de oscuras sospechas. Desde las que achacan su permanencia en el cargo a posibles servicios prestados a la Corona (acaso vinculados al “caso Urdangarín”), hasta las que suponen un engatusamiento de la ministra responsable con algunas operaciones “singulares”, sin olvidar por supuesto el eventual papel de “topo” que podría jugar en beneficio de la oposición socialista, poniendo en su conocimiento las estrategias políticas elaboradas en Moncloa…

Al respecto, hay que recordar el empeño del “felipismo” por mantener cerrados a cal y canto los archivos secretos del CESID cuando el PP ganó los comicios legislativos del 3 de marzo de 1996, a cuyo fin se muñó en lo más alto del Estado hasta el nombramiento de Eduardo Serra como ministro de Defensa…

La cuestión de fondo que alimenta todas esas especulaciones, es muy simple. Si, como institución, el CNI satisface las expectativas del Gobierno, ¿qué falta le hace un director heredado del “zapaterismo”? Y, si el CNI no aporta a la acción del Gobierno todo lo que debe aportar en una situación tan crítica como la presente, ¿por qué inescrutable razón su director no es relevado del cargo?

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