De “desleal con la Corona” ha sido calificada en círculos de opinión informados (medios diplomáticos, realezas europeas, Fuerzas Armadas…) la actitud de Mariano Rajoy tras el accidente sufrido por el rey Juan Carlos durante su cacería de elefantes en Botsuana, racaneando a la hora de reconocer que sabía perfectamente a dónde y para qué había viajado Su Majestad. De hecho, el Rey se lo había comunicado personalmente al Presidente durante una de sus entrevistas de despacho.

Claro está que ese conocimiento comportaba el plácet gubernamental. De ahí, la cobardía política de entretener inicialmente a los periodistas con evasivas y referencias generales a un viaje “al extranjero”, dando lugar a que la opinión pública pensase que, además de ir a cazar elefantes, Su Majestad se había ausentado del país en plena crisis política sin permiso del Gobierno.

Ante alguna seria llamada de atención sobre el caso (cada palo que aguante su vela), el Gobierno delegó en el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, de momento candidato oficial a “pisa-charcos gubernamental”, para que el pasado jueves 19 de abril oficializara ese conocimiento, aunque fuera a destiempo.

Pero en vez de reconocer los hechos y punto, el portavoz del Gobierno al caso todavía enturbió más el asunto, evidenciando una falta de coordinación total con otros compañeros del Ejecutivo y su propio presidente, si es que dijo toda la verdad. De hecho, afirmó:“Yo personalmente sabía que estaba donde estaba, pero el ministro del Interior normalmente tiene más información que otros ministros” (que por lo visto oculta a su presidente a conveniencia).

Una torpeza perfectamente matizada: “A mi me consta que el Gobierno lo sabía, sabíamos que el Rey estaba ausente de España y no teníamos más detalles. Yo sabía además, donde estaba, pero porque soy ministro del Interior”. Y redondeaba su brillante argumentación considerando que “no hay mal que por bien no venga”, concluyendo que la Corona “ha salido reforzada” tras las disculpas del Jefe del Estado.

Puestos a salir reforzados de situaciones tan críticas como esta a base de pedir disculpas, Rajoy tendría que disculparse entonces por haber autorizado la cacería de Su Majestad en Botsuana. Porque esa es la clave del asunto: si le hubiera dicho “Majestad eso no toca”, punto final.

José María Aznar, con más sentido de la autoridad que Rajoy, y Felipe González, con más mano izquierda, ya advirtieron en más de una ocasión al Jefe del Estado que “algo no tocaba”, sin mayores problemas al respecto.

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