La periodista Victoria Prego, ha dado en el blanco cuando en su artículo titulado “El ministro tiene un Plan”, publicado en el diario “El Mundo” (29/04/2012), comenta la ligereza con la que el ministro del Interior, Jorge Fernández, presentó el pasado 26 de abril su “Plan Integral de Reinserción de los Terroristas”.

Su contenido, y sobre todo la forma tan confusa de presentarlo, no sólo sorprendió al presidente del Gobierno y del PP, Mariano Rajoy, sino también a su secretaria general, María Dolores de Cospedal, y al presidente del PP del País Vasco, Antonio Basagoiti. Además, coincidió inoportunamente con la difusión de un Informe de Europol sobre la situación y tendencias del terrorismo en Europa, referido al año 2011, que cuestiona el fin de ETA,a pesar del cese de su actividad armada anunciado el 20 de octubre de 2011 a través de la web del diario “Gara” (el documento de Europol, TE-SAT 2012, está disponible en la sección de Informes).

Mariano Rajoy, que ese mismo día se encontraba ocupado en atender la visita oficial de Anders Fogh Rasmussen, secretario general de la OTAN, y en ultimar el envío del Plan de Estabilidad 2012-2015 a Bruselas, entre otras cosas, se tuvo que aplicar de forma inmediata y bastante incomodado a reconducir la imprudente actuación en fuera de juego político del ministro del Interior.

Aprovechando el Consejo de Ministros del viernes 27, algunos miembros del Gobierno comentaron la inconveniencia del comportamiento personalista del ministro del Interior, que ya destaca como “pisacharcos” oficial por la reiteración de sus prácticas irreflexivas, algo que preocupa seriamente dada la delicada naturaleza de su cartera ministerial. Jaime Mayor Oreja, titular de Interior bajo la presidencia de José María Aznar, es especialmente crítico con su forma de entender o no entender la cuestión etarra.

Antiguos funcionarios del Ministerio del Interior, recuerdan los problemas que ya planteó Jorge Fernández entre julio de 1981 y septiembre de 1982, momentos críticos de la transición, primero como gobernador civil de Asturias y a continuación de Barcelona, con el Gobierno de la extinta UCD. En ese último cargo, cesó a petición propia (alegando ante el ministro Juan José Rosón la necesidad personal de respirar aires más liberales y democráticos) para cambiar de partido y  presentarse como candidato del Centro Democrático y Social(CDS) por Barcelona en las elecciones generales del 28 de octubre de 1982, sin conseguir escaño.

A continuación, en 1983, colmó sus afanes “progresistas” incorporándose a Alianza Popular, partido en el que inmediatamente ocupó la presidencia provincial en Barcelona. Hoy son conocidas su militancia ultra religiosa y su admiración mariológica.

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