Por supuesto que nada hay que objetar a las responsabilidades de Felipe VI establecidas en la Carta Magna, y en particular las de arbitrar y moderar el funcionamiento regular de las instituciones y también y asumir la alta representación del Estado español en las relaciones internacionales.

Pero eso es una cosa y otra muy distinta -impropia de su papel arbitral y moderador- el pronunciarse sobre aspectos concretos de la política exterior y de defensa, que competen exclusivamente al gobierno de turno, y que en todo caso han de ser puestos de manifiesto por su presidente, sus ministros responsables de área o sus portavoces oficiales, como queda reflejado con claridad en el desarrollo normativo de nuestro ordenamiento constitucional.

De hecho, la actual página web de la Casa Real se inicia con una frase muy significativa pronunciada por Su Majestad en el discurso que, con motivo de su proclamación, pronunció el pasado 19 de junio ante el Pleno conjunto de las Cortes Generales. Dice: “La independencia de la Corona, su neutralidad política y su vocación integradora ante las diferentes opciones ideológicas, le permiten contribuir a la estabilidad de nuestro sistema político, facilitar el equilibrio con los demás órganos constitucionales y territoriales, favorecer el ordenado funcionamiento del Estado y ser cauce para la cohesión entre los españoles”.

El error de Don Felipe, quizás inducido por el Gobierno como responsable de redactar o supervisar sus discursos oficiales, se manifestó el pasado 5 de septiembre durante su intervención en la cena inaugural del XIX Foro España-Estados Unidos (a la que acudió en compañía de Doña Letizia), al defender públicamente la necesidad de que España y EEUU trabajen en “acciones coordinadas” con objeto de “influir positivamente en el mundo”, y animando a que ambos países sigan avanzando juntos en el ámbito de la defensa “muy conscientes de los riesgos y desafíos a los que todos nos enfrentamos”.

Palabras ya muy comentadas in situ entre las personalidades políticas que concurrieron al acto. Allí se encontraban presentes la presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz; dos ministros del Gobierno español (el de Defensa, Pedro Morenés y el de Industria, Energía y Turismo, José Manuel Soria; el alcalde malagueño, Francisco de la Torre; el secretario de Estado de Asuntos Exteriores, Gonzalo de Benito; el secretario de Estado de Defensa, Pedro Argüelles; el secretario de Estado de Comercio, Jaime García-Legaz; el embajador de España en Estados Unidos, Ramón Gil-Casares; el embajador de Estados Unidos en España, James Costos, y por supuesto el presidente del Foro España-Estados Unidos, Juan María Nin, y el presidente del USA-Spain Council, senador Tim Kaine.

Y lo cierto es que, a posteriori, en la extensa nota de prensa distribuida por La Zarzuela, no se hizo constar esa parte concreta de la intervención del Rey, en la que muchos observadores han visto una posición política e ideológica impropia de la Corona (quizás alguien atento al resbalón regio la consideró en efecto fuera de lugar). Incluso teniendo en cuenta los acuerdos de colaboración suscritos por España a nivel internacional, cuya defensa o promoción son de exclusiva competencia gubernamental.

Entre otras cuestiones de naturaleza más ‘sensible’, la manifestación del Rey se puede entender no sólo como una intromisión en la acción de gobierno, sino también como una connivencia con la ideología de un partido concreto y, en todo caso, como un enfrentamiento del Estado español con otros países que por muchas razones aborrecen el seguidismo de la política  exterior y de defensa norteamericana.

Pero es que, además, si hay un tema que enerva a muchos españoles es justo el de la prepotencia con la que Estados Unidos proyecta su dominio mundial, con ejemplos históricos imborrables en contra de los intereses de España y, hoy por hoy, en colisión con medio mundo. Aunque cosa muy distinta de la posición de neutralidad que en este delicado terreno debe mantener la Corona, es la que convenga o no al Gobierno de Mariano Rajoy, siempre sometido al juicio de las urnas.

El desliz de Don Felipe ha tenido gran repercusión en la Red, quizás porque supone un primer resbalón en su actividad pública como Jefe del Estado, enredado en una complicidad político-ideológica desacertada. Por ello quizás pueda tener consecuencias parlamentarias con la formulación de alguna pregunta al Gobierno sobre la redacción del discurso de marras, y también diplomáticas dado que el tema no ha sido bien visto en ciertos países especialmente críticos o combativos con Estados Unidos.

Esperemos que el tema no pase de ahí y que los riesgos y desafíos” bien intuidos por Don Felipe no estimulen reacciones de agresividad mucho más inconvenientes en el actual contexto de tensiones geoestratégicas y de amenazas terroristas.

CANAL

 

elespiadigital.com
La información más inteligente

RECOMENDAMOS

El Tiempo por Meteoblue