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Dado el gran alcance político del desastre del Boeing 777 de Malaysia Airlines (vuelo MH17 con salida en Ámsterdam y destino Kuala Lumpur) acaecido en Ucrania el pasado 17 de julio, los Servicios de Inteligencia de los países más afectados viven un proceso de intercambio de informaciones ‘sensibles’ poco habitual.

Según fuentes fiables de la Comunidad de Inteligencia, el AIVD (Algemene Inlichtingen-en Veilgheidsdienst) o Servicio General de Inteligencia y Seguridad de los Países Bajos, dirigido por el teniente general Robert A. C. Bertholee, dispone de información suficiente para dar por plausible el ataque militar en el aire al avión comercial de la compañía malasia que ocasionó la muerte de sus 283 pasajeros y 15 tripulantes, aunque de momento no existe un informe oficial al respecto. Precisamente, esta fue la hipótesis lanzada por el ElEspíaDigital.Com al producirse el siniestro.

De hecho, parece que los analistas del AIVD han contemplado la posibilidad de que el Boeing 777 siniestrado fuera sometido a un ametrallamiento desde el aire con munición de 30mm, que es el calibre del doble cañón que soportan los aviones Sukhoi SU-25 y SU-27 ucranianos con capacidad de interceptación y ataque a tierra, ahora con base en el aeropuerto militar de Dnipropetrovsk, óblast limítrofe con el de Donetsk. Y que, al mismo tiempo, el avión comercial de Malaysia Airlines hubiera recibido el impacto de un misil aire-aire S-60 (AA-8 'Aphid'), propio también de su dotación de armas, que es el que finalmente podría haber partido su fuselaje estando todavía en el aire.

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Sus investigaciones irían, por tanto, más allá del contenido del informe preliminar elaborado por la comisión investigadora que dirige Peter Jaap Aalbersberg, bajo la autoridad de la Junta de Seguridad que preside  Tjibbe Joustra, presentado públicamente el pasado 9 de septiembre. En ellas han podido confluir datos procedentes de distintas fuentes de la Inteligencia Militar, incluyendo el testimonio de los rebeldes presentes en la zona (en particular sobre los impactos recibidos en el cockpit o cabina de pilotaje), algunas consideraciones sobre el ángulo de ataque y trayectoria de los proyectiles lanzados sobre el fuselaje y otras aportaciones facilitadas incluso por técnicos rusos.

En cualquier caso, es significativo que en el primer documento o avance preliminar de las autoridades de investigación se haya evitado confirmar si el Boeing 777 fue derribado por un misil tierra-aire o no, sin apuntar hacía ningún responsable concreto del suceso.

No obstante, dicho informe sí confirma que “el daño observado en la zona delantera de la nave parece indicar que el avión fue penetrado por un gran número de objetos de alta energía desde fuera de la aeronave” (no uno sólo) que destruyeron el avión, sin la menor alusión a su origen pero que serían indefectiblemente proyectiles de ametralladora disparados desde una plataforma aérea. El informe añade que estos impactos ocasionaron una pérdida de integridad estructural de la aeronave, llevando a una ruptura en vuelo.

La Junta de Seguridad responsable del proceso de investigación, también es muy clara al confirmar la existencia de “una causa externa del siniestro”, al tiempo que advierte que el informe definitivo no estará disponible antes de un año puesto, siendo necesaria una “investigación complementaria”, sin desechar que próximamente se pueda disponer de nuevas pruebas sobre el caso. Sus conclusiones tendrán graves consecuencias, no sólo políticas sino también legales y económicas, habida cuenta de que las causas del siniestro afectarán a las indemnizaciones (tanto en relación con el avión como con las víctimas) y a todo el entramado de responsabilidades, al margen de otras graves afecciones sobre la imagen y el fondo de comercio de Malaysia Airlines.

El primer ministro neerlandés, Mark Rutte, ha pedido que no se saquen conclusiones prematuras, advirtiendo que los expertos holandeses dirigidos por Peter Jap Albersberg tienen previsto volver al lugar de la catástrofe para continuar la investigación. También señaló la coordinación que mantiene con sus homólogos Tony Abbot y Najib Razak, australiano y malasio respectivamente, en todo lo relativo al caso. En todo caso, las autoridades malasias están directamente en contacto con las rusas.

Por su parte, el Servicio Federal de Inteligencia de Alemania (el BND -Bundesnachrichtendienst), presidido por Gerhard Schindler, maneja datos fehacientes sobre la operatividad del escudo antimisiles de la OTAN en aquellos momentos, con bases de respuesta avanzadas en Polonia, Rumania y Turquía. Dicha información evidencia que el día del siniestro no existió lanzamiento alguno de misiles tierra-aire, disolviendo por completo la acusación ucraniana (respaldada por la UE) de que el avión fue derribado por un misil BUK lanzado desde tierra.

De forma implícita, ocultar esa información derivada del control de la OTAN sobre el teatro europeo de misiles tácticos y estratégicos, supone toda una conspiración contra la República de Rusia y la paz internacional.

De hecho, en un informe firmado por el viceministro de Defensa alemán, Markus Erderer, y manejado por el BND, se afirma que el 17 de julio aviones de la OTAN registraron actividad militar aérea sobre Ucrania, pero, sin embargo, ninguna referida al sistema antiaéreo BUK que supuestamente (según las afirmaciones occidentales sostenidas sin prueba alguna) habría derribado el Boeing 777 de Malaysia Airlines.

Según ha publicado JungeWelt.De, el Gobierno alemán ha manifestado que no existen “informes confirmados de que el avión MH17 fuese derribado por misiles antiaéreos [tierra-aire]”.

De la información manejada por el BND se deduce que los aviones de la OTAN registraron la actividad del “sistema de defensa aérea identificado como SA-3”. También se registró la señal de otro dispositivo de radar, pero su identificación no fue posible, según publica también Vesti.Ru.

De acuerdo con la clasificación de la OTAN, el sistema SA-3 no es el BUK, sino una versión más antigua llamada S-125 o ‘Neva’ (en versiones más recientes ‘Pechora’), sustituida hace mucho tiempo en Rusia por el sistema S-300 pero utilizada todavía por el Ejército ucraniano. Según todos los expertos, es muy fácil confundir los sistemas SA-3 y S-125.

Representantes del partido opositor alemán La Izquierda (Die Linke) han pedido al Gobierno federal más explicaciones y más precisas sobre el caso del Boeing 777 siniestrado en Ucrania, precisamente a raíz de conocerse el documento que sugiere que el escudo antimisiles estuvo activado en la zona del derribo, que por otra parte sería lo lógico y razonable.

Según Alexander Neu, representante de La Izquierda en el Bundestag, las autoridades alemanas “no tienen pruebas de cómo y quién derribó el MH17”, denunciando que sin embargo dan como cierto lo que les conviene para apoyar conspirativamente las acusaciones y las sanciones contra Rusia.

En concreto, Neu dijo: “La respuesta del Gobierno contradice fuertemente las acusaciones que Alemania y sus aliados occidentales están lanzando contra Rusia y contra los rebeldes, que supuestamente derribaron el avión”, concluyendo que el Gobierno alemán está “presionando conscientemente para que haya una escalada del conflicto en Ucrania”.

Por otra parte, el representante permanente de Rusia ante la ONU, Vitali Churkin, ha denunciado que en la investigación liderada por Holanda sobre el siniestro del Boeing 777 se ha eludido la cuestión de si había en el aire aviones militares en el momento del siniestro y su nacionalidad (se trataría de los dos aviones Sukhoi de la Fuerza Aérea de Ucrania sobre los que informó ElEspíaDigital.Com).

Churkin sostiene que en ese informe preliminar “se dice que en el cielo no lejos del avión malasio, en el momento en el que fue derribado, se encontraban tres aviones civiles con pasajeros a bordo, pero no se dice nada acerca de si había o no aviones militares ucranianos. Nuestro Ministerio de Defensa, como se sabe, señaló que probablemente al menos un avión militar ucraniano se encontraba en la zona. Y además hay muchos testigos que dicen que vieron a uno o dos aviones más en el cielo. Esta cuestión por alguna razón se elude”. También ha dicho que el informe en cuestión “nos avanzó poco en la comprensión de lo que pasó. Ellos [los expertos] confirmaron lo que, de hecho, era obvio: que el avión no cayó, sino que fue derribado. Pero no ofrece ninguna consideración adicional al respecto”.

Por lo tanto, Churkin está seguro del fiasco que supone la investigación internacional sobre la tragedia del Boeing777 de Malaysia Airlines. “Es difícil denominarla investigación verdaderamente internacional. Muchas preguntas siguen sin respuesta, hay mucho que han callado”, señaló.

En una entrevista en el canal de televisión Rossía 24, el diplomático ruso se lamentó de las muchas preguntas que siguen sin respuesta y de lo que todavía se calla, afirmando: “Me pareció extraño que en el inicio del texto del informe primero se expongan los motivos por los que se llevó a cabo la investigación, habla sobre las normas de la OACI, sobre un acuerdo que los Países Bajos concluyeron con Ucrania según el cual los Países Bajos se encargaron de la investigación, pero no se menciona de ninguna manera la resolución del Consejo de Seguridad”. Finalmente, indicó la necesidad de concluir una investigación completa, exhaustiva e independiente: “Me veo obligado a constatar que no se logró hacer una verdadera investigación internacional”.

El problema de fondo es de tal calibre, con responsabilidad directa sobre 298 víctimas mortales y grandes efectos de desestabilización política, que está obligando al conjunto de la Comunidad de Inteligencia europea a abrir expedientes sobre el caso. Pero con el riesgo de que, dada su naturaleza, la intervención de diversos Servicios de Inteligencia y el excepcional flujo de información que pueden intercambiarse, incluida la de naturaleza militar, la verdad se termine filtrando públicamente, dejando en evidencia mundial el juego sucio de la política OTAN-UE.

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