Hace un par de semanas advertíamos sobre un primer resbalón de Don Felipe al pronunciarse públicamente sobre cuestiones políticas concretas ajenas a la estricta competencia regia, por buena que fuese la voluntad que le animaba (ver: Error del Rey al apoyar la cooperación militar con Estados Unidos “conscientes de riesgos y desafíos).

Y ahora conviene advertir que el pasado 16 de septiembre, en su visita al colegio ‘Ben-Cho-Shey’ de O Pereiro de Aguiar (Ourense) para inaugurar el nuevo curso escolar, acompañado de Doña Letizia, el Rey comprometió de nuevo su posición de imparcialidad política e ideológica yendo más allá de llamar a “aumentar la calidad de la educación y adaptarla a un mundo global”.

En presencia de José Ignacio Wert (ministro de Educación, Cultura y Deporte), de Alberto Núñez Feijóo (presidente de la Xunta), y de Jesús Vázquez (conselleiro de Educación), entre otras autoridades políticas, Su Majestad destacó “problemas muy graves” del sistema educativo. Entre ellos señaló la “alta tasa de abandono escolar” y las “dificultades para la inserción laboral de nuestros jóvenes”, tildando de “hecho triste” el “elevadísimo” porcentaje de alumnos que abandona la enseñanza a edades tempranas, lo que -afirmó- provoca “dolorosas situaciones” personales y “lastra el futuro de la sociedad en su conjunto”.

Profundizando en el terreno valorativo, impropio de su alta representación institucional, el monarca calificó además de “hecho tan grave como innegable” la “frecuente falta de adecuación de las competencias de muchos ciudadanos a las necesidades de la economía real”, algo que, en su opinión, deriva en un “desajuste”, dado que lo requerido por el mercado laboral son profesionales “con aptitudes que no han podido obtener en su vida escolar”. Y pidió públicamente al respecto que se adecúe la oferta formativa “en los tramos que sea preciso”.

Por otra parte, el sorprendente discurso reivindicativo del Rey (no se discute su veracidad sino su inoportunidad criticando políticas gubernamentales) se produjo en un rebuscado marco de llamativa simbología republicana, lo que, por torpe y absurdo que parezca, no deja de reafirmar una curiosa ‘tendencia’ de la Corona, al parecer inspirada por Doña Letizia. Así desvelaba la circunstancia el periodista José Manuel Rubín en La Voz de Galicia: “(…) Los que programaron el viaje demuestran desconocer muchas cosas de O Pereiro de Aguiar. Desde la anecdótica de que el director del centro, Antón Gómez, (exedil del BNG en Ourense y sindicalista de la CIG) es un republicano recalcitrante, hasta la de más hondura ideológica de elegir el colegio al que da nombre Xosé Ramón Fernández Oxea, Ben-Cho-Shey, un inspector de enseñanza ourensano represaliado y expulsado de su tierra por republicano y galleguista”.

Pero es que, por si lo dicho fuera poco, el citado Antón Gómez (director del colegio en cuestión) no dudó en lanzar también una pedrada al sistema educativo privado defendido a ultranza por el PP, con el ministro Wert y el conselleiro Vázquez presentes, agradeciendo de forma ostensible a los Reyes el haber elegido “un colegio público, garante de la igualdad de oportunidades” para inaugurar el curso escolar.

Lo curioso es que esta inauguración se había programado para unos días antes, siendo retrasada sin mayor explicación al 16 de septiembre. Fecha exacta en la que, gracias al acuerdo conjunto del PP y el PSOE (y la adhesión de UPyD), el Congreso de los Diputados rechazó una iniciativa de La Izquierda Plural para convocar un referéndum sobre ‘Monarquía o República’.

La votación arrojó un resultado de 274 votos en contra de la propuesta, 26 a favor y 15 abstenciones, siendo ésta la primera vez que en el nuevo régimen democrático se plantea semejante cuestión. Las intervenciones de los portavoces de los diferentes grupos parlamentarios dieron de sí para oír de todo, pero la de la socialista Meritxell Batet incorporó una novedosa teoría política al afirmar que la monarquía parlamentaria es “más democrática” que muchas repúblicas y “mucho más republicana” también que muchas repúblicas.

No menos asombroso es que con esas ideas sobre la democracia (más bien confusas), Batet, diputada del PSOE por Barcelona y nada menos que Secretaría de Estudios y Programas en el nuevo equipo de Pedro Sánchez, sea profesora asociada de Derecho Constitucional en la Universidad Pompeu Fabra (UPF) de Barcelona. Más comprensible es que esté casada con el ex diputado del PP por Cantabria José María Lasalle (ejerció como tal durante un mes), actual secretario de Estado de Cultura, un hombre en su momento aznarista hasta la médula (ha sido miembro del Consejo Asesor de la Fundación FAES) y ahora presunto redactor de los mejores discursos parlamentarios de Mariano Rajoy.

Mal camino el de los resbalones políticos regios y, peor todavía, transitarlo con guiños grotescos de la Corona al republicanismo.

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