El pasado 17 de septiembre anticipábamos como primicia informativa en esta misma sección de Confidenciales la noticia de la defenestración política de Alberto Ruiz-Gallardón, dándola por definitiva e inmediata cuando todavía tenía emplazados a los medios informativos para comentar con ellos “la próxima semana” su disposición a continuar o no como ministro en el Gobierno de Mariano Rajoy.

A continuación, tanto la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, como la secretaria general del partido, María Dolores de Cospedal, mantuvieron un discreto impasse sobre el tema aun siendo perfectamente conocedoras de que el Ministro de Justicia ya era un cadáver político y que había agotado su recorrido dentro del PP como ‘demagogo’, ‘hipócrita’, ‘egoísta’, ‘irresponsable’… y sobre todo como ‘mal compañero’. Ambas estaban hartas de su comportamiento, siendo en última instancia las prescriptoras de su caída política, al margen de lo sucedido con la reforma de la ley del aborto, lo que no ha dejado de ser una excusa perfecta para que Ruiz-Gallardón se ahorcara políticamente con soga propia, al echar el órdago ensoberbecido que echó al Gobierno tratando de imponer su criterio y su timing en el tema.

Aunque Gallardón justifica su dimisión porque “no he tenido capacidad de convertir en proyecto el anteproyecto de ley del aborto”, es consciente de que detrás de la misma se oculta una oposición tremenda a su persona, tanto en el Gobierno como dentro del partido (incluidas sus bases), una pésima valoración social de su gestión política y una constante creación de problemas gratuitos en todo lo que pasara por sus manos.

De ahí su retirada total y absoluta del escenario político, ya que también abandona su escaño de diputado del PP por Madrid y su puesto en el Comité Ejecutivo del partido. Ante los medios informativos afirmó que no sólo dejaba el Ministerio de Justicia, sino toda actividad política, recalcando: “Mi vida política la debo dar por agotada”.

La caída de Ruiz-Gallardón no ha dejado de ser una ‘muerte anunciada’, a pesar de que Rajoy no sea partidario de este tipo de situaciones. Fiel a sí mismo hasta el último momento, al comunicar su dimisión no ha podido dejar de lanzar esta mentira política de último acto: “Nunca he intentado presionar al presidente del Gobierno. Cada vez que decía que el proyecto iba a seguir reflejaba mi convicción de que saldría adelante. Esa convicción la mantuve hasta finales del mes de julio”.

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