La cosa viene de lejos. Antes de que Doña Letizia Ortíz Rocasolano se convirtiera en reina-consorte de Felipe VI, su reiterado desprecio por el protocolo militar, quedó patente en la desenfada vestimenta con la que solía acudir a las ceremonias y actos castrenses oficiales, cuyo relieve se evidenciaba por su misma presencia acompañando al entonces Heredero de la Corona.

Su insistencia en asistir a esos actos poco menos que con pantalones vaqueros y zapatillas, cuando el protocolo obligaba a vestir a Don Felipe uniforme de gala, motivó que los altos mandos de las Fuerzas Armadas trasladaron a la Casa Real el malestar que provocaba su comportamiento. Misivas de reconvención que hablaban del “escaso apego de Doña Letizia a las normas del protocolo”, y que quizás fueran las que desataron su creciente reacción de altanería ante la institución militar, que especialistas en el comportamiento gestual consideran un posible contrapeso de cierto complejo de inferioridad social.

La peculiar forma que ha tenido Doña Letizia de entender la etiqueta en los actos de gran significación militar, tuvo sus primeras expresiones en 2011, en la Academia Básica del Aire (ABA) de Virgen del Camino (León) y en la Escuela Naval Militar de Marín (Pontevedra), con motivo de dos ceremonias de entrega de despachos. En el primer caso, Doña Letizia compareció en pantalón y camisa y en el segundo vistiendo una cazadora de ante combinada con un pantalón blanco, mientras el príncipe Felipe lo hacía con los correspondientes uniformes de gala, dando lugar a un contraste tan llamativo como de mal gusto.

Sin entrar en otras consideraciones sobre su carácter personal, muy alejado de la simpatía y elegancia pública con el que siempre se han mostrado Don Juan Carlos y Doña Sofía, la actual Reina de España, bien que lo sea a título de consorte, ha vuelto a mostrar su poco aprecio de las normas y tradiciones militares, vinculadas además al respeto ciudadano (no sólo de los medios castrenses) a la bandera de España, que es uno de los símbolos más identificativos de su patriotismo y de la propia Nación Española.

Ahora, y según  anticipó Joaquín Vidal en EstrellaDigital.Es (25/11/2014), Doña Letizia se ha cargado de un plumazo el izado y arriado de la bandera nacional, junto con el homenaje a los caídos por España (toque de oración), que la Guardia Real realizaba históricamente en el entorno del Cuerpo de Guardia de La Zarzuela, como se hace cada día en todas las instalaciones militares españolas en una sencilla pero emotiva ceremonia que apenas dura unos pocos minutos. Las breves llamadas de corneta y el leve retraso que la atención requerida por el servicio militar del Rey provocó en la llegada de la peluquera de Doña Letizia, desataron su desbordada antipatía hacia esta práctica tradicional.

Desentendida de que, aun no siendo propiamente una instalación militar, el Palacio de La Zarzuela es la residencia oficial del Jefe del Estado (custodiada por la Guardia Real), e incluso de que éste ostente el mando supremo de las Fuerzas Armadas, Doña Letizia en persona ha prohibido desde hace unas semanas las ceremonias de izado y arriado de bandera (así como el toque de oración), obligadas en todas las instalaciones militares. Además, ha ‘ordenado’ que el mástil-soporte de la enseña nacional, que en cualquier residencia presidencial del mundo se sitúa en lugar prominente, sea alejado desde el entorno del Cuerpo de Guardia hasta el núcleo de dependencias administrativas del complejo, en el límite del ‘Anillo 1’ (zona denominada ‘Magnolias’), junto a un aparcamiento ciertamente inapropiado para acoger un símbolo tan señero. 

Dicho con toda claridad, es obvio que la Reina no quiere ver la bandera de España ni por asomo, y que no está dispuesta a que el toque de corneta maltrate sus delicados tímpanos dos veces al día, en el inicio y conclusión de la jornada, que difícilmente pueda llegar a oírse en su alojamiento. 

Una supuesta incomodidad que se une a la ‘alergia’ que, según aseguran fuentes de La Zarzuela -dice EstrellaDigital.Es-, siente Doña Letizia a los uniformes militares. En el pasado, algún miembro de la Guardia Real se ha visto en un serio aprieto al informar por radio, como era su obligación, de los paseos que realizaba por el complejo residencial: al escuchar que se transmitían indicaciones sobre su paradero (por razones de seguridad), tuvo un arrebato de ira reprochando al militar de servicio su comportamiento.

Otro motivo de enfado de Doña Letizia, es que sus hijas se acerquen a charlar con los militares del Cuerpo de Guardia, próximo a su residencia. Las infantas y sus primos tienen libertad de movimientos por la zona de reserva que la rodea, lo que aprovechan para acercarse a curiosear y charlar un poco con el retén presencial, lo que la enerva sobremanera…

Oficialmente, y según se ha recogido en la web de la Casa Real, Su Majestad el Rey ha dispuesto que la Bandera de España se sitúe y ondee permanentemente frente a la entrada principal de las dependencias de la Casa de Su Majestad el Rey, en el Palacio de La Zarzuela”, según muestra la imagen adjunta.

La nota de Zarzuela añade literalmente: “Asimismo el Rey ha dispuesto que se celebren cuatro ceremonias al año de arriado e izado de la Bandera por la Guardia Real, coincidiendo con el 6 de enero, día de la Pascual Militar; 19 de junio, día de Su Proclamación como Rey; 12 de octubre, día de la Fiesta Nacional; y 6 de diciembre, día de la Constitución”. Así es como ha pasado a mejor vida la tradición militar, mantenida durante los casi 40 años del reinado de Juan Carlos I, de izar cada día la bandera nacional en el mástil del Cuerpo de Guardia de La Zarzuela, a primera hora de la mañana, y de arriarla al atardecer.

La inquina que la reina Letizia tiene a los militares, está creando una creciente reacción de antipatía hacia su persona en el Cuarto Militar de la Casa del Rey, actualmente bajo el mando del almirante Juan Ruiz Casas, y de forma más significada en el Regimiento de la Guardia Real, prestigiosa unidad a cuyo frente se encuentra el coronel del Ejército de Tierra Ramón Álvarez de Toledo. Cierto es que la actitud de Doña Letizia se ha podido desbordar por el hecho de que en los medios castrenses cada vez es más popular su apodo de ‘Doña Ictericia’, nacido en el acuartelamiento ‘San Quintín’ de El Pardo donde se aloja la Guardia Real.

Ya veremos hasta dónde se llega por la senda de tan inusitado desprecio de lo militar, que a veces alcanza incluso -esa es una historia narrada en otro tipo de medios informativos- a la propia persona de Su Majestad el Rey… Atentos, pues, a las novedades de entorno personal que nos traiga el nuevo reinado.

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