La ‘Operación Cibeles’ desvelada en nuestra Newsletter Nº 119 del pasado 22 de junio, sigue su curso contra viento y marea, cumpliendo todos los hitos de su discreta puesta en marcha. Tras cumplirse el 9 de septiembre la ineludible condición de que Ana Botella renunciase a ser candidata electoral del PP a la Alcaldía de Madrid en las elecciones del próximo 24 de mayo, y de calentar el ambiente con filtraciones demoscópicas (ciertas o imaginadas) que presentan a Esperanza Aguirre como la mejor opción del partido para afrontar ese reto electoral, su presidenta regional se acaba de postular para ello.

Además de dejar en evidencia el pernicioso sentido que Mariano Rajoy tiene de los tiempos políticos, y aprovechando que éste decidió anticipar su candidatura como candidato del PP a la Presidencia del Gobierno en los comicios generales de 2015, ciertamente prematura porque los municipales y autonómicos previos pueden ser decisivos para su vida política inmediata, Aguirre ha lanzado un torpedo de espoleta retardada contra la línea de flotación ‘marianismo’.

La cuestión es que, tras su postulación pública, al presidente Rajoy sólo le caben dos opciones: aceptarla o negar esa posibilidad y señalar con su Dedo Divino otra candidatura alternativa.

En el primer caso reconocería el liderazgo electoral y político de Aguirre, que podría dispararse a la vista del balance de los resultados del 24 de mayo y arruinar el crédito del propio Rajoy, enfrentando su previsible fracaso general con el posible éxito particular de la candidata del PP en la capital del Estado. Al margen de tener que soportar las puyas dialécticas que podría lanzar contra él durante la campaña de forma directa o indirecta.

En el segundo, que es el de imponer otro candidato o candidata en base a su deteriorado ‘olfato’ electoral, Rajoy se juega también su propio futuro dentro del partido, porque aunque el PP fuera el partido más votado en Madrid, perdería la mayoría absoluta y prácticamente la opción de gobierno. Un riesgo que podría llevar al presidente del Gobierno y del PP al límite de su defenestración interna y a ser relevado como candidato en las elecciones generales del próximo mes de noviembre; y sin dejar de evitar tampoco, sino más bien acrecentando, las críticas y puyas del ‘aguirrismo’ dentro y fuera del ámbito capitalino.

El enredo es tan cierto que nada más conocerse la auto postulación de Esperanza Aguirre, el vicesecretario de Organización del PP y ‘marianista’ hasta la médula, Carlos Floriano, se apresuró a advertir que Rajoy no admitía presiones al respecto (“Si alguien piensa que Rajoy es una persona presionable, yo les garantizo que no lo es”), señalando -ahí le dolió- que “los órganos que tienen que tomar esa decisión [el Dedo Divino] lo harán con total independencia, no me cabe la menor duda”.

Igual de evidente fue la cara de asombro y decepción que la decisión de Esperanza Aguirre provocó en algunos posibles candidatos a la misma nominación, como Lucía Figar, actual consejera de Educación, Juventud y Deporte del Gobierno de la Comunidad de Madrid, o Cristina Cifuentes, delegada del Gobierno en la CAM, quienes según fuentes internas del PP no dejan de aspirar a encabezar las listas de Madrid (al Ayuntamiento o a la Comunidad).

Por su parte, el entorno de Esperanza Aguirre, también dio a entender que está dispuesto a defender su candidatura, al parecer hoy respaldada por todo el PP de Madrid. Tras los grandes elogios que le dirigió inmediatamente el presidente de la CAM, Ignacio González, destacando que se trata de la mejor candidatura posible, Fernando Martínez Vidal, presidente del PP en el emblemático barrio de Salamanca y bien relacionado con el empresariado madrileño, aseguró de forma muy rotunda que “nadie entendería que Rajoy designara a otra persona distinta para la Alcaldía de Madrid, como no se entiende que a cinco meses de las elecciones aún no sepamos quien va a ser nuestro candidato”.

Lo dicho: la ‘Operación Cibeles’ sigue su curso. La ‘guerrera’ del PP está en plena forma y le acaba de anunciar a Rajoy -que sigue trotando feliz bajo el látigo de Pedro Arriola- una jugada política de ‘jaque’ con visos de ‘mate’. Ahora queda por ver si Rajoy prefiere defender el bastión electoral de Madrid con Aguirre o perderlo con cualquier pelamanillas nominado por su agotado olfato electoral… Quienes conocen su retorcida personalidad de gallego introvertido y brumoso, no dejan de apostar por la segunda opción.

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