La semana que acaba de concluir ha vuelto a enhebrar otro episodio de mal encaje para la Casa Real. El lunes 10 de septiembre, el digital “Vanitatis” se descolgaba con una noticia titulada “Un catalán y una belga se unen para reclamar la paternidad del rey Juan Carlos” que, de inmediato, se propagó alegremente por la Red de forma exponencial, encendiendo todas las alarmas disponibles en el entorno de La Zarzuela, particularmente las de su Secretaría General, titulada por Alfonso Sanz Portolés, y su Dirección de Comunicación, asumida por Javier Ayuso Canals, quienes, de momento, han sabido atajar la difusión del controvertido mensaje, descolgado poco a poco de muchos medios digitales.

Esta web renuncia a reproducir el extenso texto en cuestión, elaborado sin mayor contraste informativo que el testimonio de quienes se declaran descendientes directos de Don Juan Carlos de Borbón: en primer lugar Albert Solá Jiménez, que se autoproclama hijo primogénito (aunque ilegítimo) del rey de España por ser de mayor edad que el príncipe Felipe de Borbón, y la ciudadana de nacionalidad belga Ingrid Sartiau, que manifiesta reconocerse también como hija del rey Juan Carlos por el testimonio de su madre. Ambos afirman disponer del resultado de unas pruebas de ADN que supuestamente confirman su regia paternidad.

Sin embargo, estamos en condiciones de asegurar que dichos estudios genéticos sólo han facilitado una posible correlación familiar entre  Albert Solá e Ingrid Sartiau, según fuentes privadas que han investigado el caso en la Universidad de Lovaina, donde trabaja el experto encargado del caso, Jean-Jacques Cassiman.

Lo más desafortunado es que, aun con mínima credibilidad, este asunto aflore justo cuando la Casa Real presentaba una nueva web con la que se pretende iniciar la etapa pre-sucesoria de la Corona, donde la imagen del Príncipe Heredero, junto a la de la Infanta Leonor (la línea de continuidad dinástica), cobra más protagonismo. Cuestión distinta es el tratamiento que de forma más o menos inmediata convenga dar al tema destapado por “Vanitatis”, conocido hace tiempo en La Zarzuela y, según parece, sin respuesta “en conserva” para zanjarlo de raíz antes de que vaya a mayores por los mentideros del “corazón”.

De corte mucho más serio y preocupante es la posición que debería adoptar y publicitar el Jefe del Estado (y si se estima conveniente de forma colateral o indirecta el príncipe Felipe) en relación con las amenazas secesionistas exacerbadas el pasado 11 de septiembre, durante la celebración de la Diada (Fiesta Nacional de Cataluña). Un asunto muy delicado que, lejos del “aquí no pasa nada”, tendrá derivas paralelas mucho más preocupantes en el País Vasco, según concluyan las elecciones autonómicas del próximo 21 de octubre.

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