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El nombramiento de Arsenio Fernández de Mesa como director general de la Guardia Civil, cuyo curriculum vitae oficial está plagado de títulos y condiciones profesionales sobrevalorados o realmente inexistentes, en línea con la misma deplorable práctica ya ejercida por Luis Roldán (primer civil puesto al frente de la Benemérita), desató un chaparrón de contestaciones ciertamente llamativo aunque superable. Ahora, esa refriega inicial tendrá que irse atemperando, o acrecentando, a tenor de cómo responda a las exigencias del cargo.

El pasado 30 de enero, “El Confidencial Digital” citaba fuentes de la “inteligencia española” para filtrar las bases de la Directiva Anual de Inteligencia, desvelando las nuevas prioridades de trabajo del CNI: las amenazas en el Magreb, los delitos económicos y, en tercer lugar, ETA. Además, se aseguraba que la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáez de Santamaría, ya había dado el visto bueno al nuevo plan de actuación de los Servicios de Inteligencia, reproduciendo las palabras que pronunció el martes precedente en la Comisión Constitucional del Congreso de los Diputados: “Aprobaremos en febrero la Directiva Anual de Inteligencia, modernizando sus objetivos de acuerdo con las particularidades y necesidades del contexto mundial actual”.

 

Quienes piensen que Eduardo Serra, ex ministro de Defensa en el primer gobierno de José María Aznar, se encuentra definitivamente alejado de la política, se equivocan de medio a medio. A pesar de su aireada condición de “independiente”, sigue sobrevolando el Ministerio de Defensa convertido en el mejor muñidor de sus sucesivos titulares “populares”, una facultad que le fue vetada de forma radical durante los mandatos presidenciales de Rodríguez Zapatero.

 

La incorporación en 2009 de los misiles de crucero Taurus KEPD-350 como dotación de los sistemas de armas de la Fuerza Aérea de España, sigue preocupando hondamente a Marruecos, cuyos Servicios de Inteligencia advirtieron de inmediato la amenaza específica que suponen para los centros de interés estratégico del país.

El anterior secretario de Estado de Defensa, Constantino Méndez, preparó su despedida del cargo echando el muerto de la ruina económica en la que iba a quedar sumido su ministerio al entonces partido de la oposición (PP), aunque ya se habían consumado dos legislaturas seguidas de Gobierno socialista. El “muerto” se cifra en 26.000 millones de euros comprometidos en sistemas de armas avanzados, que él mismo calificó de innecesarios, y cuya planificación de pagos ahora se encuentra sin tesorería.

La lectura del diario “The New York Times” en su edición del pasado 13 de agosto, creó una alarma antiterrorista importante en los medios europeos de la Seguridad del Estado, especialmente sensibilizados tras los atentados perpetrados el precedente 22 de julio en Oslo por el islamófobo Anders Behring Breivik. Una tensión añadida a la ya generada por la conflictividad sociopolítica que viven actualmente distintos países árabes, con posibles derivas terroristas que podrían alcanzar escenarios europeos.

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