Confidenciales

La capacidad de meter la pata del ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, a quien al iniciarse la legislatura asignamos de forma premonitoria el merecido título de “pisacharcos” oficial del Gobierno (porque ya lo fue como gobernador civil con la extinta UCD), es en efecto infinita.

El servicio de transporte VIP que presta habitualmente el 45 Grupo de Fuerzas Aéreas del Ejército del Aire a los miembros del Gobierno y de la Familia Real, siempre ha dado lugar a críticas periodísticas, sobre todo por el abusivo uso que se ha hecho del mismo. En esa unidad se tiene clara constancia del escandaloso derroche generado a costa de tales prácticas, cuyo record todavía se mantiene en manos de Federico Trillo-Figueroa, alcanzado con niveles ciertamente escandalosos en su época de ministro de Defensa.

El medio digital “Infodefensa”, que vive de los presupuestos publicitarios de la industria de Defensa, Seguridad y Aeroespacial, y de las directrices de reparto impulsadas dese el ministerio que titula Pedro Morenés, rebotó inmediatamente el último Sondeo de Metroscopia publicado en “El País” (03/03/2013) tratando de promocionarle como el miembro del Gobierno “mejor valorado”.

Muy a pesar nuestro (porque en esta sección no queremos dar la falsa idea de que le profesamos alguna animosidad personal), el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, ha vuelto a ejercer como “pisacharcos” oficial del Gobierno, metiéndole de forma gratuita en la controversia social sobre el matrimonio homosexual, claramente alejada de sus competencias políticas, y generando un nuevo y curioso “roto” político, ahora en el delicado ámbito de la religión.

Que Internet está apuntillando a la prensa convencional, es una realidad. Y que amenaza seriamente al actual sistema de partidos políticos, otra. Más sorprendente es que entre los internautas esté circulando estos días de forma muy profusa un texto de José Antonio Primo de Rivera publicado en el número 20 del semanario “Arriba” el 21 de noviembre de 1935, hace 77 años.

La difusión el pasado 8 de marzo en la Red de un artículo firmado por el Grupo de Estudios Estratégicos (GEES) con el título “CNI: modelo agotado”, ha generado un serio malestar en el entorno del Servicio de Inteligencia que dirige Félix Sanz y también en el de la ministra de la Presidencia, Soraya Sáenz de Santamaría, de la que depende dicho organismo. No tanto por su contenido crítico, que nada añade a lo mucho que ya se ha publicado sobre las deficiencias organizativas y funcionales del CNI, de corte pre-democrático, como por el origen de lo publicado, su finalidad “estratégica” y el medio elegido para “rebotarlo”.

La tendenciosidad de la información publicada en “El País” el pasado 28 de febrero sobre la opinión vertida por Juan Antonio Chicharro, general de división de Infantería de Marina en la reserva y antiguo comandante general del Cuerpo, durante su intervención en una conferencia sobre “Fuerzas Armadas y ordenamiento constitucional” celebrada en la Gran Peña de Madrid tres semanas antes (el 6 de febrero), ha creado un gran malestar en el estamento castrense y particularmente en los medios informados de la Armada, que ven la mano del CNI en el intento de descredito público del general.

El ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, sigue en su meritorio papel de ministro “Pisacharcos” del Gobierno. Ahora dando pie para inspirar un guion cinematográfico digno de ser protagonizado por los hermanos Marx, al estilo de “Una noche en la Ópera” (1935), incluida la jocosa “escena del Camarote”.

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