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Luis Rivas

Alarma de guerra sobre el paralelo 38. El senador republicano, Lindsey Graham, considera que un ataque norteamericano sobre Corea del Norte es inevitable.

Según las declaraciones de Graham a la cadena NBC, el objetivo de un eventual ataque sobre Corea del Norte no sería la destrucción de la capacidad nuclear del gobierno de Pyongyang, sino "la destrucción de Corea del Norte".

La preparación psicológica para justificar medidas de retorsión hacia Corea del Norte se ha puesto en marcha desde el momento en que Donald Trump lanzó sus tuits amenazando no solo a Kim Jong-un, sino a China, a la que acusa de "no hacer nada" para frenar los lanzamientos de misiles balísticos desde el territorio vecino.

El senador Graham no hacía sino interpretar lo que el presidente le confió en privado: en el caso de un conflicto "habrá miles de muertos, pero allí, no en nuestro territorio".

Las opciones militares están también sobre la mesa, una mesa diferente a la de las sanciones económicas, comerciales o de otro tipo. Que un presidente norteamericano evalúe con sus mandos militares todas las opciones posibles ante un eventual conflicto puede ser normal. Alarmar a sus aliados en Asia con "sacrificar" miles de sus vidas para ahorrarse víctimas nacionales no parece tan normal.

Porque con las palabras de Lindsey Graham, que actúa como ventrílocuo de Trump, Corea del Sur y Japón tiemblan más que con las pruebas misilísticas de Pyongyang.

Víctimas militares norteamericanas y civiles aliados

Si se trata de jugar a la guerra, el presidente norteamericano ya ha conseguido desempolvar los eventuales objetivos norcoreanos: 28.500 militares norteamericanos en Corea del sur. Más de 47.000 instalados en las bases de Japón. Los 6.000 de la isla de Guam. Pero lo que aterroriza a los aliados de Washington en el área es el número de víctimas civiles surcoreanas y japonesas que la aventura militar se cobraría.

Los expertos militares norteamericanos saben también que Corea del Norte hace todo lo posible para evitar ataques específicos sobre sus centros de lanzamiento. Así, la última prueba efectuada por Pyongyang la semana pasada se hizo a solo 50 kilómetros de la frontera china. La elección del lugar no es baladí. Cualquiera puede imaginar lo que supondría un ataque norteamericano a tan escasa distancia del gigante asiático.

La hora del lanzamiento (durante la noche), que algunos interpretan como un acto programado para abrir los informativos matinales de Estados Unidos, es valorado por los especialistas militares de otro modo: en la noche, las imágenes digitales enviadas por los satélites no son tan eficaces.

Los expertos de las universidades de Seúl, que se están haciendo famosos estos días en la prensa norteamericana, también resaltan la capacidad de Corea del Norte para desplazar misiles por su territorio y la inusitada actividad de submarinos capaces de lanzar proyectiles balísticos.

Lo que Sadam y Gadafi no obtuvieron

A pesar de que en Occidente se dibuja a Kim Jong-un como un "loco", a ningún experto se le pasa por la cabeza la posibilidad de que el dirigente norcoreano lance un ataque sobre territorio norteamericano. Sabe que la respuesta de Washington supondría ver a su país desaparecido del mapa.

La agencia oficial norcoreana escribió hace un año que si Sadam Hussein y Muammar Gadafi hubieran dispuesto de la capacidad de disuasión nuclear, no hubieran acabado como acabaron. Es decir, Kim Jong-un, según su órgano de prensa, utilizaría el armamento nuclear como arma de disuasión, y no para iniciar una contienda de consecuencias bien calculables.

Trump tuiteó agresivamente contra China tras el reciente ensayo norcoreano. A China, como a Rusia, también acusada esta vez por el Secretario de Estado norteamericano, nada les conviene más que el mantenimiento de la paz y la estabilidad en la zona.

Las guerras comerciales de Trump

Pero si se deja de lado —de momento— la retórica militar de Washington, lo que se vislumbra en primer plano es la guerra comercial que Donald Trump promueve en los cinco continentes con excusas variadas.

Sanciones contra China por su supuesta inacción ante su vecino norcoreano; represalias contra Rusia que se convierten, a su vez, en castigo contra la Unión Europea; amenazas comerciales contra México y Alemania; abandono de tratados internacionales… Irán fue en su día una excusa, Siria, otra. Ahora le toca el turno a Corea del Norte en el tablero mundial de la nueva Administración norteamericana, donde no se sabe si los militares, los diplomáticos o los "lobbies" reciben el mismo mensaje del máximo dirigente del país. Los mismos tuits, sí.

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