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Las Fuerzas Armadas sirias han liberado la ciudad de Abu Kemal, el último bastión en manos del grupo terrorista Daesh. Esta victoria implica la derrota bélica de la mayor amenaza para la seguridad global de los últimos años.

No obstante, el columnista del medio Expert.ru Piotr Skorobogati advierte que la triste ironía está en que el mundo no se convertirá en un lugar más seguro con la caída de Daesh en Oriente Medio. Al contrario, el último golpe de gracia al terrorismo ha acabado salpicando a Europa y América y las células del Califato ya crecen en África y en el sudeste asiático.

Por si fuera poco, Daesh, que era reconocido como 'el mal absoluto' por todos los actores clave de la región, ha dejado de existir, lo que supone que ahora nada contiene a los distintos bandos a la hora de dirimir sus diferencias en el campo de batalla. Esto ya se ha podido ver recientemente entre Bagdad y Erbil, y probablemente no sea el último caso. Sobre todo teniendo en cuenta que los frentes de combate no escasean en Libia, Yemen, Afganistán y la región siria de Idlib, que aún permanece bajo control de grupos insurgentes.

Pero los principales focos de alarma en la región de Oriente Medio aún no han abierto "las puertas al infierno", indica Skorobogati.

El primer foco está en los 35 millones de kurdos dispersos entre Irán, Irak, Siria y Turquía, y que llevan décadas ansiando obtener la soberanía plena sobre sus territorios. Hoy día, alentados por su victoria frente a Daesh, los peshmerga se muestran más dispuestos a luchar por su independencia que nunca. A su favor los kurdos tienen la presencia de facto de tropas estadounidenses en Siria, los yacimientos petroleros en el norte de Irak, las negociaciones con Bashar Asad y las nuevas y sofisticadas armas a su disposición que, de ser necesario, podrán ser entregadas a sus compatriotas en Turquía, escribe el analista.

El segundo foco son los 200.000 combatientes chiíes dispersos a lo largo de Siria e Irak, de facto fieles a Irán. La toma de Abu Kemal culminó la construcción de la llamada 'franja chií', que se extiende desde Teherán hasta el mar Mediterráneo y la frontera con Israel.

No sorprenden por lo tanto los temores de Israel, que incluso llega a rozar el pánico, advierte el columnista. Teme también Arabia Saudí, a la que las fuerzas chiíes de Yemen le demostraron sus verdaderas y poco intimidantes posibilidades bélicas. Los últimos acontecimientos en el seno de la familia real saudí, con príncipes apresados y algunos incluso ejecutados, encuentran su explicación no tanto en las luchas internas por el poder, sino en el intento desesperado de impulsar en el país un proceso de modernización profunda. De lo contrario, no tendrán oportunidad de sobrevivir en un enfrentamiento con Irán.

La única solución alternativa a todos estos conflictos, indica Piotr Skorobogati, es el largo y prolongado diálogo entre todos los bandos.

El principal problema es que el viejo Oriente Medio que conocíamos antes de que EEUU decidiera imponer su 'orden', ha dejado de existir, prosigue. Los juegos de ser el policía mundial fracasaron y han dejado a su paso un caos total. "Solo la intervención de Rusia ha obligado a las partes interesadas de la región a abandonar sus juegos sucios ante el temor de perderlo todo, y a obligarse a someterse a un proceso interno de transformaciones. Todo para configurar un nuevo Oriente Medio", concluyó.

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