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Pablo Jofré Leal

La República de Yibutí, pequeño país situado en el denominado Cuerno Africano, se ha convertido en presa de la ambición de los apetitos hegemónicos de países tan diversos como Estados Unidos, Italia, Japón, Arabia Saudí y China.

Los gobiernos de estos países, por razones políticas, económicas, ideológicas, militares, de control marítimo, ampliación de sus rutas comerciales y la necesidad expresada de resguardarlas, por razones logísticas, de abastecimiento o la afirmación de un control hegemónico en la zona, han establecido y proyectan bases militares en un territorio ubicado estratégicamente. Zona donde el tema del comercio mundial energético – por la cercanía con el estrecho de Bab al-Mandeb que comunica al Océano Indico con el Mar Rojo y con ello al Canal de Suez, puerta de entrada al Mediterráneo y los mercados europeos – adquiere una importancia fundamental. Por esa ruta transitan barcos con 4 millones de barriles de petróleo al día y el 90% de las exportaciones de crudo a Japón y el 40% de las necesidades energéticas de Europa. “Controlar militarmente ese punto de paso obligado, donde confluyen las principales rutas petroleras y comerciales entre Asia y Europa, equivale a controlar el Canal de Suez” afirma el periodista italiano Manlio Minucci.

Yibuti tiene 23.200 kilómetros cuadrados, 900 mil habitantes que viven en uno de los suelos más inhóspitos en el este del continente africano, con vecinos como Eritrea por el norte, Somalia por el sureste, con costas sobre el Mar Rojo y el Estratégico Golfo de Adén. Limita al este con Etiopía con quien ha estrechado fuertemente los lazos a partir de la venta de electricidad de Addis Ababa a Yibuti y el tráfico ferroviario comercial tras la pérdida de salida al mar de Etiopia tras la declaración de Independencia de Eritrea el año 1993. Tránsito ferroviario que beneficia a ambos países ya que el 90% de las importaciones etíopes – con una población de 95 millones de habitantes – entran por el puerto de Yibuti y este país se beneficia de un mercado que es 97 veces más grande.

Este importante medio de transporte y comercio tuvo,  a partir del año 2015 un hito fundamental, al reemplazar la vieja infraestructura ferroviaria construida por Francia el año 1917, por una nueva y moderna gracias  al capital y la construcción llevada a cabo por China, que según los planes de Beijing servirá de pivote para su expansión a través del continente africano, sobre todo en la idea de avanzar a Sudán, la República Centroafricana y Camerún, conectando de ese modo el Mar Rojo con el Atlántico. Esto, indudablemente despierta el apetito del gigante asiático en ávida búsqueda de mercados.

En la actualidad, en Yibuti, existe presencia militar permanente de cinco países: Francia con 1.900 soldados, con apoyo aéreo compuesto por 7 aviones Mirage 2000, un C-160, 5 helicópteros Puma y dos Gazelle ubicados en la zona portuaria del llamado puerto de Yibuti. Italia con 300 soldados apostados en una base naval dotada de 10 Patrulleras rápida y 44 vehículos de transporte y blindados. Japón con 600 soldados acantonados en una base aledaña a la base estadounidense de Camp Lemonnier y que ha decidido ampliar su 12 hectáreas actuales, bajo la presión China. España con una dotación de medio centenar de soldados y un avión de reconocimiento. Se une Alemania con un contingente temporal.

El país con mayor presencia es Estados Unidos apostado en la base militar Camp Lemonnier, que sirve de cuartel general de 4.500 soldados y 1.200 tropas especiales dotados de 20 aviones F15 y una base de drones. Utilizado para coordinar acciones encubiertas en Yemen, Somalia y otros puntos de África y Oriente Medio, ya sea en el denominado combate a la piratería, a grupos terroristas como Al Shabab, como también en el apoyo a la agresión Saudí a Yemen.   En un interesante trabajo de Manlio Minucci este señala “Desde Camp Lemmonier, despegan diariamente aviones espías, drones asesinos y aviones de combate F-15E Strike Eagle, que se dirigen sobre todo hacia Somalia y Yemen, a sólo unas decenas de kilómetros del estrecho. Los comandos que realizan las incursiones operan de forma clandestina, al extremo que ni siquiera los militares estadounidenses desplegados en la base conocen la identidad de sus efectivos. Es también bajo las órdenes de ese mismo Mando que operan los “contratistas”, o sea asesinos contratados, como francotiradores y expertos en técnicas de asesinato”

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En el caso de China, el gobierno de Yibutí dirigido por Ismael Omar Guelleh ha manifestado, que el interés de Beijing por instalar una base militar permanente en Obock, ciudad portuaria ubicada al norte de la capital de Yibuti “es una decisión bienvenida”. Proyecto que se viene trabajando desde el año 2015 cuando se firmó un acuerdo que permite a la fuerza naval china utilizar el puerto principal del pequeño país africano. Todo ello en el marco del creciente intercambio comercial e inversiones chinas en el continente africano, que ya sitúa fondos por más de 200 mil millones de dólares y que no está dispuesto a que se pongan en peligro. A lo que se une la alianza comercial tejida con Yibuti, en orden a convertir e a este país en socio principal en materias de apoyo a obras de infraestructura multimillonarias: construcción de seis puertos, dos aeropuertos, un ferrocarril transoceánico y devenir así en un polo comercial del Este Africano. Beijing quiere estar allí en ese momento como actor principal y lo está logrando, a punta de inversiones – cerca de 10 mil millones de dólares en el último lustro - y presencia militar, en una estrategia que ha puesto nervioso a Washington.

China, quien firmó un contrato por diez años con Yibuti, desembolsa 100 millones de dólares anuales con el objetivo de “utilizar esta base militar  sobre todo como punto de descanso y rehabilitación de los militares chinos que acompañan embarcaciones civiles en el Golfo de Adén, para apoyar operaciones pacíficas de la ONU y con fines humanitarios” según señaló Beijing en un comunicado oficial, para dar respuesta al malestar de Washington. El gobierno de Xi Jinping está decidido a jugar sus cartas de potencia mundial,   consignando que no es el inicio de una expansión militar o una carrera armamentista, sino la defensa de sus intereses en la zona. Tal decisión implicó el envío de un contingente de 700 soldados con el fin de asegurar sus intereses petroleros en el Sur de Sudán. Al estilo del general Romano Cayo Julio César al cruzar el Rubicón “alea jacta est” la suerte está echada y no hay quien detenga a China.

Por su parte, Arabia Saudí, quien encabeza una campaña de agresión contra la vecina Yemen desde marzo del año 2015 y que tras invadir y ocupar la isla yemení de Socotra, ha procedido a construir allí una base naval ilegal, también ha entrado en conversaciones con el gobierno de Yibuti para construir una Base Militar y Naval en las costas del país africano. Según el Ministro Yibutí de Relaciones Exteriores Mahmud Alí Yusef “ se está trabajando para concluir algunas cuestiones técnicas para la construcción de una base militar marítima saudí en las costas de nuestro país que es bienvenida vista la inseguridad que vive la región. Del mismo modo que la presencia de China, naval o militar es parte de la misma lógica  de los países que tienen la capacidad de contribuir a la paz y seguridad en una región que es muy problemática”

La presencia saudí en Yibuti pone en grave riesgo el tránsito expedito y libre de los supertanqueros petroleros que navegan desde el Golfo Pérsico hacia el Canal de Suez, pasando por el Estrecho de Bab al – Mandeb, una de las rutas de navegación con mayor actividad en el mundo, que es utilizada igualmente la flota de petroleros de Irán. Con la Casa al Saud, declarada enemiga de la nación persa, que ocupa además la isla de Socotra, agrede a Yemen y se instalará ahora en las costas de Yibuti la posibilidad de presionar a Irán es una posibilidad más que cercana. Por su parte Egipto ha extremado recursos políticos y diplomáticos para impedir este acuerdo entre Riad y Yibuti para la construcción de una base Militar en el pequeño pero estratégico país africano. Desde la cancillería Egipcia se dio a conocer a medios como Al Jaliy y Al Yadid que “El Cairo se opone con fuerza al acuerdo para establecer una base saudí en suelo yibutí pues considera que el país del este africano está bajo la influencia de Egipto y es considerada como parte de la idea de la profundidad estratégica de Egipto hacia el sur africano”.

Recordemos que el año 2010 el ex presidente yemení Saleh y el general Petraeus acordaron la entrega de la isla Socotra  - ubicada en la entrada oriental del Golfo de Adén - a Estados Unidos para el establecimiento de una base naval., conformando con Yibutí  y la base naval británica en la isla diego García  un triángulo estratégico, destinado a dominar esa zona del planeta. Decisión que encuentra ahora a la Monarquía wahabita dominando la isla tras ocuparla militarmente con el claro objetivo de tensar las relaciones con la república islámica de Irán, que ha logrado un prestigio regional de envergadura tras los Acuerdos Nucleares  firmados en julio del año 2015, el apoyo a la sociedad siria, al gobierno y pueblo de Irak y su decidido apoyo al Movimiento Ansarolá en la defensa de la soberanía de Yemen frente a la  agresión saudí, junto al respaldo a la lucha del pueblo palestino y del pueblo de Bahréin contra el régimen de los Al Jalifa. El tablero de rivalidad entre Teherán y Riad se traslada hoy a Yibutí donde la nación persa observa con cautela los pasos de la Casa al Saud, que ha volcado todas su debilidades internas, económicas, políticas y sociales, contra Irán y donde la guerra de agresión contra Yemen cumple el papel de válvula de escape.

En el interesante análisis del cientista político Fernando López “Irán se presentan ahora como un actor necesario desde Damasco hasta Saná y clave para la estabilidad de la región, desplazando a Riad a una posición donde no sólo pierde poder sino que queda en evidencia, aliada a lo peor del wahabismo fundamentalista. Tensar la lucha contra su adversario regional le permite acumular poder gracias a una paradoja coyuntural; su aliado histórico, Estados Unidos, está demasiado débil para imponer condiciones o frenos a la política del rey Salmán, pero no puede abandonar a Riad, debido a la trama de intereses que se tejieron desde el Pacto de Quincy, en 1945 “ La Casa al Saud  ve el avance y prestigio de Irán como una amenaza creciente y un rival de temer, con aliados en países de oriente medio que luchan contra el tutelaje wahabita, con entendimientos con Moscú y Beijing y enorme influencia sobre el Eje de la resistencia.

Yibuti, ubicado en el denominado cuerno africano ha devenido en un país apetecido por las grandes potencias mundiales y sobre todo con interés y oportunismo por la Casa al Saud, que aprovechando su cercanía y su política bélica en la zona, desea explotar la actual coyuntura,  para asentar su presencia tanto en las costas de Yemen como en Yibuti. Esto acarreará, tarde o temprano coletazos de implicancias mayúsculas,  por la importancia estratégica para el comercio y la seguridad internacional.

Ya no se trata sólo defender la libre navegación de piratas, sino del peligro que significan  regímenes decididos a implantar ideologías extremistas como el wahabismo y que han sido el sostén de grupos terroristas que operan a ambos lados del Golfo de Adén: Al Qaeda, Al Shabat, Boko Haram. Estados Unidos, a pesar de la alianza con Riad, Japón, Francia y sobre todo China, debe tomar buena nota que cuando Arabia saudí se hace presente con sus contingentes y madrazas, el arribo del terrorismo takfirí se concreta con destrucción y muerte. Y Yibutí puede ser el próximo paso hacia el Este y el centro africano de una expansión ideológica nefasta.

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