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Víctor Ternovsky

En 2017, Rusia volvió a demostrar que es un hueso duro de roer. El fracaso de todos los intentos de expulsarla del mercado energético global es una confirmación más de ello.

Pese a los obstáculos para que el gas ruso llegue a la Unión Europea (UE), el gigante euroasiático sigue fortaleciendo sus posiciones en el bloque comunitario. No cabe duda de que será construido el gasoducto Nord Stream 2, el cual unirá Rusia, a través del mar Báltico, con Alemania, país que, junto con Austria, es el principal defensor del proyecto.

Es muy interesante, en este contexto, quiénes son sus principales adversarios. Se trata de EEUU y Ucrania, es decir, dos naciones que ni siquiera forman parte de la UE.

Washington finge estar preocupado por la suerte del bloque comunitario, el cual, una vez terminada la obra, va a depender en un 75% del gas ruso, algo que, según se afirma desde el Departamento de Estado norteamericano, supone un enorme riesgo para la seguridad energética de la UE.

Lo mismo repite Kiev, que augura que Moscú aprovecharía su posición dominante para chantajear a Bruselas, tal y como, de acuerdo al mandatario ucraniano Petró Poroshenko, lo está haciendo con Ucrania.

Estos argumentos no convencen a Pedro Mouriño, experto español en temas energéticos, quien subrayó en entrevista con Radio Sputnik que las llamadas 'guerras de gas'entre Ucrania y Rusia siempre fueron provocadas por Kiev, que tiene la costumbre de no cumplir con los compromisos de pago.

"Сuando un vendedor tiene un comprador que no paga, se le deja de suministrar. Eso no es un problema político, es un problema de una lógica económica", apuntó el experto.

En realidad, EEUU y Ucrania se preocupan por sí mismos. Y es que la puesta en marcha del Nord Stream 2 supondrá pérdidas multimillonarias para los dos países. Kiev se quedará sin una buena parte de los ingresos que le genera el tránsito del gas ruso por su territorio, algo que reconocen abiertamente las autoridades de ese país. Washington, por su parte, tendrá mucho menos oportunidades en el mercado energético comunitario, el cual observa con mucha ansiedad, puesto que lo considera un excelente destino para los enormes volúmenes del gas natural licuado que produce mediante el fracking.

En tanto, el titular del gigante gasístico ruso Gazprom, Alexéi Miller, acaba de comunicar que la realización del proyecto Nord Stream 2 avanza a un buen ritmo. En este sentido, destacó que los socios comunitarios que participan en el mismo están cumpliendo escrupulosamente sus obligaciones, en particular, las financieras, lo cual permite esperar que empiece a funcionar en 2019, es decir, acorde los planes aprobados.

Al mismo tiempo, se construyó casi al 50% el gasoducto Turk Stream, a través del cual el gas ruso llegará directamente a Turquía, que se convertirá en un importante 'hub' energético, algo que se espera, en particular, en el sur europeo donde se requieren suministros de gas estables y a un buen precio.

Alexéi Miller informó, asimismo, que antes del fin del año en curso se completarán dos tercios del gasoducto Fuerza de Siberia, que llevará el gas ruso a China. La obra se pondrá en marcha el año que viene y fortalecerá aún más la alianza entre Moscú y Pekín, además de convertir a Rusia en un importante jugador en el mercado energético asiático.

El Kremlin tampoco se queda de brazos cruzados ante los avances internacionales en materia de gas natural licuado (GNL). Vladímir Putin acaba de ordenar al Gobierno que elabore una estrategia para "evitar, minimizar y superar" las trampas que supone la industria de GNL para el gigante euroasiático.

Anteriormente, el mandatario inauguró en el Ártico la gigantesca planta de licuefacción de gas natural Yamal LNG, una de las más grandes del planeta. El primer cargamento de GNL producido en la misma partió el pasado 8 de diciembre rumbo a China. Países de la UE también están interesados en ser su destinatario. La española Gas Natural Fenosa ya firmó un contrato para la compra de gas natural licuado a Yamal LNG a partir de 2018.

Según se desprende de las palabras del argentino Alberto Hutschenreuter, doctor en Relaciones Internacionales y profesor titular de Geopolítica en la Escuela Superior de Guerra Aérea, los éxitos de Rusia en materia energética, sobre todo en suelo europeo, inquietan mucho a EEUU.

Según nuestro interlocutor, el propósito de Washington es lograr que la UE "deje de depender" de los suministros energéticos de Rusia, algo que "puede llevar a conflicto".

Por muy preocupante que sea el pronóstico del experto, Rusia demostró estar lista para afrontar cualquier escenario, incluso el bélico. Muestra de ello es la operación militar rusa en Siria, que, entre otras cosas, contribuyó a estabilizar el mercado de petróleo, poniendo fin al negocio de Daesh en esta materia, en la cual Rusia es el indiscutible líder internacional.

Es algo que reconoce incluso la prensa occidental, en particular, el diario digital elEconomista.es, el cual calificó recientemente a Vladímir Putin como "el zar del petróleo", argumentando, entre otras cosas, que Moscú se convirtió en "el jugador más influyente" de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), de la cual no forma parte.

Como consecuencia de los esfuerzos de Rusia, la producción mundial de crudo seguirá siendo limitada hasta finales de 2018, algo que, según expertos, permitirá mantener al alza el precio del barril, el cual acaba de alcanzar su nivel más alto en los últimos dos años y medio.

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