Por Juan Aguilar

Las revueltas del pueblo egipcio y el rápido desarrollo del país en los últimos años llevaron al derrocamiento del régimen de Mubarak, en lo que se puede interpretar como un movimiento contra la dictadura y la corrupción. El gobierno de EE.UU. trató de subirse a la ola de sentimientos populares y apropiarse del movimiento del 6 de abril en su propio provecho. Por otra parte, los Hermanos Musulmanes de Egipto, con su historia de 80 años de organización y cuadros con experiencia, trataron de explotar movimiento de protesta de la gente y el clima revolucionario de acuerdo con sus propios objetivos y tomar el poder. Ahora, ciertos documentos secretos han revelado los tratos concertados entre la Hermandad, los Estados Unidos, el régimen sionista y varios países de la región, con el fin de alcanzar el poder. Las máscaras han caído y el verdadero rostro de algunos de los líderes musulmanes de la Hermandad ha quedado en evidencia.

Los observadores bien informados piensan que el general Omar Suleimán, político y ex jefe de inteligencia  de Egipto, puede considerarse como el foco de las actividades de los movimientos islamistas en Egipto. Suleyman, que fue nombrado jefe del servicio de inteligencia de Egipto en 1993, viajó a Estados Unidos para recibir tratamiento médico, pero murió en circunstancias misteriosas en julio de 2012 en un hospital de Cleveland. Algunos analistas creen que fue asesinado por agentes de la CIA para que los secretos de la caída del régimen de Mubarak y la llegada al poder de los Hermanos Musulmanes se mantuvieran ocultos, sin ser conscientes en ese momento de que varias cajas dentro del servicio de inteligencia egipcio habían sido decodificadas y sus secretos puestos al descubierto.

De acuerdo a la información existente, el general Omar Suleimán obtuvo documentos en febrero de 2010 que mostraban que dos agentes de la CIA habían mantenido negociaciones con varios líderes de la Hermandad Musulmana durante tres días en Ankara. Parte de las negociaciones también fueron llevadas por agentes de inteligencia de Turquía y Qatar, y en una de las reuniones, también estuvo presente el vicepresidente turco. Durante estas reuniones, la CIA había pedido que la Hermandad Musulmana infiltrara todos sus agentes dentro del ejército egipcio para obtener una evaluación más clara del nivel de influencia de la Hermandad, algo que los líderes de los Hermanos Musulmanes se habían negado a hacer. También durante estas negociaciones, el gobierno de Qatar se comprometió a proporcionar a la Hermandad Musulmana 3 mil millones de dólares en ayuda con el fin de derrocar al régimen de Mubarak.

Omar Suleiman se hizo con  todos los documentos antes mencionados y los puso a disposición de Hosni Mubarak, que recomendó a los líderes de los Hermanos Musulmanes tener la oportunidad de estar presente en la escena política. Después, los documentos que acreditaban su relación con la CIA se harían públicos o su información se transmitiría a los organismos de seguridad, para que los líderes de la Hermandad Musulmana fueran arrestados y llevados a juicio. Sin embargo, Mubarak no aceptó ninguna de estas sugerencias utilizando la excusa de que más adelante podría  decirse que Egipto había espiado a gobiernos amigos, es decir, los Estados Unidos, Turquía y Qatar. Pero a partir de entonces la agencia de inteligencia egipcia comenzó a monitorear las acciones de la Hermandad y las reuniones entre sus agentes y los de Israel en la Europa musulmana. A mediados de 2010, se realizaron un total de ocho reuniones entre representantes de la Hermandad Musulmana y los agentes israelíes, y en un informe a este país, el primer ministro Morsi anunció al Mossad que se abstuvieran de firmar cualquier contrato comercial con Egipto, porque régimen de Mubarak, sin duda, caería antes del final de 2011. Al mismo tiempo, las agencias de inteligencia estadounidenses creían que sacrificando a Ahmed Ezz, el secretario del gobernante Partido Nacional Democrático de Egipto y Habib El-Adly, ex ministro del Interior, la furia del pueblo se disiparía y el régimen de Mubarak sería capaz de sobrevivir a esta crisis. Sin embargo, el Mossad sabía que Mubarak carecía de la inteligencia necesaria para llevar a cabo esta maniobra.

Tras intensas negociaciones entre la CIA y los Hermanos Musulmanes, en la presencia de elementos del Mossad, se acordó que si los islamistas llegaban al poder garantizarían la seguridad de Israel y la exportación de gas egipcio a este país. Por otra parte, los Estados Unidos presionarían a las monarquías del Golfo Pérsico para que proporcionaran al nuevo régimen las facilidades financieras necesarias. Otra condición impuesta por los Estados Unidos era que los Hermanos Musulmanes no nombrarían a ningún candidato presidencial durante los dos primeros años difíciles que se avecinarían y  permitirían a otra persona manejar el país, de modo que una vez que el camino estuviera preparado, la Hermandad Musulmana podría entonces formar gonierno. Los líderes de la Hermandad aceptaron esta condición y después del derrocamiento del régimen de Mubarak, expulsaron a Abdel Moneim Aboulfotouh, que insistía en su candidatura, al no estar al tanto del acuerdo.

Cuando en general Omar Suleimán decidió convertirse en el candidato a la presidencia, la Hermandad Musulmana propuso a Khairat El-Shater como su propio candidato, lo que provocó la ira de los Estados Unidos e Israel. El embajador de EE.UU. en El Cairo anunció que su país no aceptaba esta candidatura, lo que llevó a los líderes de la Hermandad a proponer otros nombres como Aboulfotouh, Sa` ad El-Katatni y Essam El-Eryan, ninguno de las cuales tuvo el visto bueno de los estadounidenses. El punto interesante es que el embajador de EE.UU. presentó el nombre de Mohammed Mursi, que sorprendió a muchos de los cuadros de los Hermanos Musulmanes. Tras una conversación telefónica con la dirección de la Hermandad, se anunció que Khairat El-Shater había retirado su candidatura. En la tarde del mismo día, se sugirió que la candidatura de Khairat El-Shater era ilegal. El-Shater creía que los militares le habían cerrado el paso, pero fue la embajada de EE.UU. quien había llevado adelante la maniobra.

Khairat El-Shater y Mohammed Mursi habían tenido intensas diferencias durante mucho tiempo. Mursi cree que El-Shater es un hombre de negocios y no un político, y El-Shater considera a Mursi con mucho escepticismo porque antes de su viaje a los Estados Unidos, Mursi no tenía conexiones con los Hermanos Musulmanes, y su única conexión era un centro islámico en los Estados Unidos, que Mustafa Mashhur, ex guía de la Hermandad había visitado en 1981. Tras el regreso de Mohammed Mursi a Egipto, se experimentó un aumento inusual en la organización de la Hermandad Musulmana, y en 2000, se convirtió en líder de la facción parlamentaria de la Hermandad, un hecho que El-Shater considera muy sospechoso. Por otra parte, Mursi era el único profesor universitario miembro de los Hermanos Musulmanes que no había sido detenido. Después de la detención de un gran número de elementos de la Hermandad, El-Shater constantemente preguntaba a Mohammed Mursi por qué no participaba en las reuniones de la Hermandad. Después de las manifestaciones de la milicia de los Hermanos Musulmanes en la Universidad Al-Azhar de El Cairo, lo que llevó a la detención de un gran número de líderes de la Hermandad, ¡nadie acusó a Mohammed Mursi! Sólo fue detenido una vez durante siete meses, en lo que parecían unas largas vacaciones.

Muchos observadores creen que los norteamericanos no aceptaron a Khairat El-Shater porque era muy ambicioso y podía haber alterado el statu quo. Por otro lado, el otro candidato propuesto, Aboulfotouh, disfrutaba  de un gran apoyo popular y era capaz de unificar rápidamente las diversas facciones de la sociedad, y también eso era inaceptable. Pero Mohammed Mursi era una figura que no gozaba de ese prestigio popular ni tenía suficiente carisma para ser capaz de atraer a la mayoría de la población y de los cuadros de la Hermandad Musulmana.

En la elección presidencial de 2012, de acuerdo con los resultados de la segunda ronda, Ahmed Shafiq fue el ganador de las elecciones con el 50,7% de los votos. El Consejo Militar Supremo puso cierta información a disposición de los medios de comunicación egipcios, según la cual, no había habido fraude electoral en favor de Mohammed Mursi y cuatro de los líderes de los Hermanos Musulmanes que habían sido acusados ​​de haber llevado a cabo ese fraude. En vista de las quejas de los partidarios de Ahmed Shafiq, se discutieron varias opciones, como la anulación de las elecciones o de los votos de las urnas que habían sido manipuladas. En última instancia, se acordó la anulación de los votos sospechosos que habían dado la victoria a Ahmed Shafiq. El día después de la elección, Khairat El-Shater tuvo una reunión con altos mandos militares, y se disolvió el Parlamento. En esta reunión, se les dijo que sólo estaban dispuestos a anunciar a Mohammed Mursi como ganador de las elecciones si la Hermandad Musulmana aceptaba que las carteras de Defensa, Interior y Exteriores fueran elegidas por el Consejo Militar Supremo y todas las decisiones relacionadas con la seguridad nacional fueran tomadas por los militares. El representante de la Hermandad se opuso a esta sugerencia y amenazó con que, en tal caso, volverían a arrastrar a los manifestantes a la plaza Al-Tahrir. Al mismo tiempo, se sucedían las llamadas entre la Embajada de EE.UU. en El Cairo y el Consejo Militar Supremo, y los estadounidenses insistieron en que Mohammed Mursi debía ser declarado ganador  de las elecciones. Por consiguiente, en aquellas circunstancias cuando el  Consejo Militar Supremo se preparaba para anunciar los resultados electorales a favor de Ahmed Shafiq y para contrarrestar cualquier tipo de manifestaciones callejeras por los partidarios de la Hermandad Musulmana, el general Tantawi se vio forzado a declarar a Mohammed Mursi como ganador de las elecciones.

Tras el anuncio de la victoria de Mursi, Benjamin Netanyahu, primer ministro del régimen sionista envió un mensaje de felicitación a Mohammed Mursi y le pidió que apoyara el Tratado de Paz de Camp David. También expresó su interés en la cooperación con Egipto y el fortalecimiento de la paz. Igualmente, Shimon Peres, el presidente israelí, también expresó su esperanza en su mensaje de felicitación para que bajo el liderazgo "valiente" de Mohammed Mursi, Egipto fuera capaz de hacer frente a los desafíos que enfrentan el futuro de la nación.

En vista del acuerdo secreto entre los Hermanos Musulmanes y los Estados Unidos e Israel, y a pesar de que los Hermanos Musulmanes siempre se habían opuesto al Tratado de Paz de Camp David, Mohammed Mursi anunció su compromiso con dicho tratado. Esto ha sido apoyado por el hecho de que continúa la transferencia de gas egipcio a Israel a pesar de repetidas explosiones de gasoductos entre los dos países y el nuevo gobierno egipcio fue inundado con la ayuda financiera de las monarquías del Golfo Pérsico. El gobierno de Qatar hasta el momento del golpe de Estado del pasado 3 de julio, había dado 8 mil millones de dólares en ayuda a Egipto en forma de facilidades financieras o préstamos al Banco Central. Por consiguiente, es evidente que tras el derrocamiento del régimen de Mubarak, el gobierno de EE.UU. se ha apropiado de la revolución egipcia en su propio favor y ningún desarrollo significativo se ha producido en las relaciones entre Egipto, los Estados Unidos y el régimen sionista. En el contenido de las credenciales del primer embajador del nuevo gobierno que fue enviado a Tel Aviv, Mursi expresaba su lealtad al régimen sionista y se describía a sí mismo como amigo fiel de Shimon Peres.

En lo que se refiere a las relaciones entre Egipto, la Autoridad Nacional Palestina y Hamas, no hubo cambios  a pesar de la afinidad de los líderes de Hamas con la Hermandad Musulmana, y no ha habido tampoco ningún cambio significativo en la política de Egipto con respecto a los gobernantes de la Franja de Gaza. Lo único que se hizo fue facilitar el movimiento de los palestinos a través del paso fronterizo de Rafah. Finalmente, es significativo que bajo el dominio de los Hermanos Musulmanes, Egipto ha seguido mostrando reservas con respecto al establecimiento de lazos con la República Islámica de Irán a pesar de los repetidos viajes del  canciller iraní a este país, sin que haya habido una mejora de las relaciones.

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