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Aleksander Nagi*

Desde los 9/11, sin duda alguna, el mundo conocido por muchas generaciones, no volvió a ser el mismo.

La fecha nefasta, no solo hizo cambiar regímenes, países, sociedades y dividió los humanos entre “terroristas” o no, sino, transformó la psiquis individual como colectiva después de ver aquellas imágenes por los medios. Dividió la humanidad entre “con nosotros” o en contra. Estigmatizó religiones, creencias, razas y lo peor, el mapamundi que conocíamos del Norte de África y del Oriente Medio, empezó a ser redibujado.

El llamado “Nuevo Oriente Medio” de la época del presidente Bush hijo, después de la invasión a Afganistán e Irak, empieza a sonar como una “alternativa democrática” para la zona. De lo que no se percataron los vendedores “democráticos” de la idea que en sus manos llena de sangre estaba un fusil puesto en la “nuca” de los compradores.

No quiero entrar en más detalles, todo lo que puedo escribir aquí es conocido y existe un monumental material que se puede consultar y leer. Lo que, si me interesa ahora, es el discurso del secretario general del Movimiento de Resistencia Islámica de El Líbano (Hezbolá), Seyed Hasan Nasralá, el día 12 de julio de 2019, en el mismo día que trece años atrás, fue el inicio de la conocida “Segunda Guerra” contra el Líbano. Una guerra que duró 33 días contra Hezbolá en el sur del pequeño país, donde el ejército sionista recibió la humillación más grande de su historia. Una derrota en el ego, la prepotencia y el orgullo, condiciones que siempre manejó este ejercito a considerar aquella guerra como un “paseo” al cual fue acostumbrado durante más de 60 años.

La guerra del 2006 fue parte del nuevo mapa. Entre jerarquías del Golfo Pérsico, el régimen sionista, Estados Unidos y sus ‘’amigos libaneses’’ se alinearon para acabar con Hezbolá considerándolo como el eslabón más débil en la cadena Irán-Siria-El Líbano. Y se equivocaron.

El mapa que mostró Seyed Hasan Nasralá en la entrevista tiene en sus rincones el “Nuevo Oriente Medio”, pero esta vez, posiblemente, sin un “Estado” y con un “nuevo país”…

Seyed Nasralá no pertenece a las elites económicas, políticas, feudales y magnates de El Líbano; menos a la escuela del secretario de Estado estadounidense, el señor Mike Pompeo, que enseña “mentir, engañar y robar” —según sus propias palabras en una universidad—, No. El seyed es un líder con tradiciones religiosas profundas del chiísmo y lo que implica eso de honestidad y transparencia, un combatiente en las filas de Hezbolá, un alumno del pensamiento del fundador de la República Islámica de Irán, el Imam Jomeini (que descanse en paz) y un lector con una perspicacia e inteligencia aguda de los acontecimientos históricos en todos sus niveles.

Todo lo anterior lo convierte durante los 33 días de la guerra del 2006 en el líder al cual escuchaban no solo en El Líbano y el mundo árabe, sino, se convirtió en la fuente principal para la sociedad sionista, al cual le creían más que a sus propios dirigentes y líderes responsables del desastre militar, desde Ehud Ólmert pasando por toda la cúpula militar y política de aquel gabinete.

Con esta misma credibilidad se dirigió ayer para trazar las nuevas reglas y para explicar en qué consiste la nueva realidad en relación con una posible guerra futura en contra de Hezbolá o en contra de Irán. De manera calmada y en un mensaje directo a la cúpula política-militar sionista, a la cúpula de las monarquías del Golfo y a la Administración de Donald Trump, envió sus observaciones y sus consejos para que busquen otras alternativas que la guerra y que lo piensen antes de actuar.

El primer mensaje fue para el estado sionista, mostrando una zona de unos mil kilómetros cuadrados donde se concentra como lo están llamando los analistas el “hígado del estado”: fábricas químicas, fábricas de armas no convencionales, depósitos de gas y combustible, fábricas de la energía eléctrica, aeropuertos, puertos marítimos y todo lo relacionado con el funcionamiento de un “país” agregando la concentración poblacional en aquella zona.

El resto del cuerpo que se extiende desde las fronteras libanesas hasta el sur en el Mar Rojo es bajo el alcance de los misiles de alta precisión de la Resistencia libanesa incluyendo el “hígado” que se encuentra en el corazón de la Palestina ocupada que prometió ser el banco principal de los objetivos militares de los misiles en caso que cometan el error de entrar en una guerra. Un mensaje dirigido, que, sin duda alguna, llegó profundamente a la sociedad civil, militar, dirigente y política del régimen. Cabe recordar que la protección que prestaba el ejército sionista fue el pilar principal para la construcción de este “estado artificial”. Es una relación histórica entre seguridad ejercida brutalmente y migración hacia los territorios ocupados con colonización sistemática, esta ecuación hizo que muchos llegaron a aquellos territorios y se quedaron como dueños. Ahora, la seguridad y la protección, es historia.

El segundo mensaje dibujó el escenario de un ataque contra Irán. En este punto, quiero aclarar algo para el lector: para que no haya interpretación errónea. Partiendo desde el punto importante, la fuerza letal militar de los EE.UU., no es la discusión aquí, como tampoco lo es la capacidad militar de resto de la posible coalición entre ellos el Reino Unido, Israel y las monarquías secuaces, no. Aquí la cuestión tampoco es desestimar sus capacidades letales, que, sin duda, pueden causar daños a Irán en caso de un ataque. Aquí se habla de lo que será como escenario en caso que se cometa un error que pueda desencadenar un conflicto de esta magnitud:

Irán no es Afganistán y no es Irak. El país persa, fuera de su posición geográfica estratégica, de su riqueza interna en recursos, de su población y expansión territorial, de su sociedad altamente preparada al nivel profesional y patriótico, de su capacidad científica productiva y su nivel de preparación en al aguante dentro la “paciencia estratégica” desde hace más de 40 años, es también, un país con una capacidad militar letal también. La estrategia disuasiva que implementó después de terminada la guerra de Irak en contra de la joven República, fue el camino dirigido por los cerebros políticos y militares de la nación.

Un error de cálculo, “hará estallar la zona”, es el mensaje que dejó el líder de Hezbolá. Aconsejó a los “4B”, así llamados por el canciller iraní Mohamad Yavad Zarif en referencia al asesor de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, John Bolton, Bibi (Benjamín) Netanyahu, el príncipe heredero saudí, Muhamad bin Salman, y el homólogo emiratí de este último, Muhamad bin Zayed, entender que una guerra como esta “acabará con las monarquías” y pondrá a Israel “frente al abismo y un camino de carácter existencial”. El Eje de la Resistencia se extiende desde Irán, Irak, Siria y Hezbolá en El Líbano, la Resistencia palestina y Yemen.

De lo que no cabe duda que la zona se encuentra bailando encima de un polvorín. Todos los actores son conscientes de la gravedad de este juego de ruleta rusa. El escalamiento aparenta ser el factor común. Hemos llegado a un punto donde los que pueden soportar la guerra, no la quieren y los que la quieren del equipo “4B”, no la soportarán por razones obvias.

El terreno ahora está en las manos de marcación de puntos. La Administración Trump no puede retractarse de su salida del acuerdo nuclear entre Irán y el Grupo 5+1 y tampoco puede deshacerse de su principal condición en cualquier negociación con Irán y que es la madre de sus batallas desde que llegó al poder: la garantía de seguridad a Israel, frenar la ayuda a los aliados de Irán y en especial a Hezbolá, frenar su influencia en Yemen, frenar su ayuda a Gaza y el tema de los misiles de largo y mediano alcance, condiciones que Irán no negociará nunca.

Queda ahora el juego de la “diplomacia” agresiva, entre aumento de enriquecimiento de uranio bajo las cláusulas del Acuerdo de no Proliferación Nuclear firmado y respetado por Irán, con la vigilancia y la certificación de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA); con el mensaje claro en relación con los precios del crudo y la seguridad de su suministro de lo cual depende en gran escala la economía global, son las dos cartas fuertes que tiene Irán en esta baraja, y nadie garantiza que no haya más cartas de la misma talla.

Frente a eso, de por medio está el interesado como el afectado principal, que ha tratado de escapar y hacer de la vista gorda en no cumplir de su parte dentro de lo acordado en el acuerdo 5+1: el europeo que está siendo el negociador y el canal de contacto entre las dos partes, aguantando por un lado la humillación y el maltrato del presidente Trump, y por el otro, tratando de mantener a Irán dentro del acuerdo, trayendo con gotera, soluciones que se logran debajo de la mesa, donde Trump no pierde la cara y el europeo no arriesga su credibilidad frente a Irán, tratando de no llegar ni al punto de una guerra, ni a una mesa de negociación imposible en el momento.

Todo indica que el porcentaje del enriquecimiento de uranio va a ser la moneda de intercambio con la cual Irán liberará la venta de su crudo: más barriles de crudo autorizados, menos porcentaje de enriquecimiento.

Lo anterior también forma parte principal del mapa nuevo del Oriente Medio, donde Irán y sus aliados están escribiendo nuevas estrofas de soberanía y dignidad en las nuevas páginas de la historia.

*asesor privado en temas de Oriente Medio

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