Hong Kong, «puerto fragante», «puerto de incienso», «puerto rojo». De estas tres maneras se podría traducir el nombre chino. Porque el chino, como todos los idiomas asiáticos, es un idioma tonal y eso significa que una palabra tiene cuatro tonos de pronunciación por lo que dependiendo del tono en el que se diga significa una u otra cosa. Y, además, en Hong Kong la mayoría de la población habla el chino cantonés, no el chino mandarín. Porque en mandarín, Hong Kong es Xianggang.

Ni qué decir tiene que fueron los colonizadores británicos quienes decidieron qué nombre era el que había que usar, y ni qué decir tiene que son los neocolonizadores quienes están impulsando las revueltas al igual que hicieron con las famosas «primaveras» árabes. El que en esas revueltas aparezcan con profusión las banderas coloniales británicas (al igual que ocurrió en Siria, donde la bandera del protectorado francés es la que enarbolan los muy democráticos «luchadores por la libertad» yihadistas que tanto gustan en Occidente) o estadounidenses es algo que debe llamar la atención. Al menos para quienes estén algún rato con los ojos abiertos, lo que no suele ser habitual en Occidente.

Por si esto no es suficiente, otro dato debería estar bien presente. El muy «democrático» movimiento es la expresión de los intereses de las grandes corporaciones financieras, protegidas por Gran Bretaña y aceptadas por China cuando se produjo el acuerdo que permitió la vuelta de este enclave colonial británico a China. Porque lo que recibe el eufemismo de Región Administrativa Especial no es más que la perpetuación de los intereses de estas grandes finanzas que, además, son el principal foco de delitos financieros en China y más allá.

El capitalismo extremo, siguiendo la expresión más usual en HK, es quien manda en realidad. Porque el sistema político, impuesto por Gran Bretaña y aceptado por China en ese acuerdo de 50 años firmado en 1997, establece que la mitad de los escaños del parlamento -sí, habéis leído bien, la mitad- pertenecen por ley a los intereses comerciales. Literalmente, a «sectores de la economía o a grupos de intereses especiales». Es decir, HK está gobernado, de hecho, por una mafia empresarial cada vez más peligrosa. Porque desde hace tiempo China viene advirtiendo del aumento vertiginoso de delitos económicos y transacciones financieras sospechosas sin que se haya hecho mucho caso en Occidente. Tanto que, según los datos chinos, entre 2013 y 2017 hubo un aumento de 33.000 a 93.000 (en números redondos) de operaciones de este tipo. Pero como en HK no se aplica la ley china, por eso del régimen administrativo especial, sólo una persona -sí, habéis leído bien, una persona- ha sido condenada por estos hechos con condena de seis años de cárcel.

Ante esto, China presionó para que el gobierno local de HK aprobase una ley de extradición que permitiese la entrega a China de este tipo de delincuentes financieros. Y entonces se lio. El argumento es el consabido: «derechos humanos», «democracia», miedo a que se extradite a China a estos «valientes luchadores», etc. Me sorprende que los estúpidos habituales no estén hablando de «revolución» como hicieron en Siria o en otros lugares. Porque la ley lo que pretendía, sobre todo, es que los delincuentes financieros chinos (o sea, no de HK) que se refugian en HK puedan ser devueltos a China. Es decir, una ley de extradición vulgar y corriente. Pero no.

La mafia económica que gobierna HK vio el peligro y rápidamente movió sus peones. Primero, en el parlamento. Segundo, en el exterior (con rápida recepción en EEUU y Gran Bretaña). Tercero, en la calle. El argumento: «socaba la libertad económica». Pero como eso no era ni suficiente ni creíble, se apeló a lo de siempre: «»democracia». Y se argumentó el temor a que los «defensores de los derechos humanos» fuesen extraditados a China.

El parlamento cedió e hizo cambios en la ley, como por ejemplo que sólo las condenas de más de siete años (y no ha habido ninguna en estos 22 años de Región Administrativa Especial) fuesen objeto de extradición. Pero eso fue considerado insuficiente. Y el gobierno local se plegó y lo retiró. Pero ni aún así, porque entonces entró en escena EEUU.

EEUU es consciente que ha perdido la guerra comercial desatada por Trump. China ha fortalecido su alianza estratégica con Rusia, ha convertido a Argentina y a Brasil en sus principales fuentes suministradoras de soja (en detrimento de los agricultores estadounidenses, base tradicional de Trump) y está poniendo en marcha un plan de sustitución de HK como foco financiero mundial (que, por otra parte, ya no tiene la significación que tenía en 1997) impulsando la creación de una alternativa justo enfrente, geográficamente, de HK: Shenzhen.

Shenzhen será la alternativa no solo financiera, sino ideológica. El Comité Central del Partido Comunista de China ha aprobado un documento demoledor para HK: «Shenzhen será un área de demostración experimental del socialismo con características chinas». O sea, la antítesis. Y hay fechas.

La primera, el 2025. Para entonces Shenzhen se convertirá en una de las principales ciudades del mundo en términos de fortaleza económica y de calidad del desarrollo. Su inversión en investigación y desarrollo, capacidad de innovación industrial y la calidad de sus servicios públicos y ambiente ecológico serán de primer nivel en el mundo, agrega el documento.

La segunda, el 2035. Ese año Shenzhen se habrá convertido en un modelo nacional de desarrollo de alta calidad, así como en un centro de innovación, espíritu emprendedor y creatividad con influencia internacional.

HK tiene unos 7 millones de habitantes. Shenzhen, 13 millones. El producto interno bruto de una y otra son muy similares, estando Shenzhen (2’42 billones de yuanes) un poco por delante de HK (2’40 billones de yuanes). Luego está claro por dónde van las cosas. Y eso lo sabe la mafia financiera de HK, y por eso las protestas: está intentando preservar su poder y su influencia porque lo que se le viene encima es su muerte virtual a medio plazo. Y eso va también para EEUU. Porque el documento que cito no es más que la continuación de un plan, publicado en febrero, para fusionar HK y Macao (otra ex colonia) con Shenzhen y Guangzhou para formar la «Gran Bahía». Y en ella, HK pierde poder.

Pero hay más, mucho más. Mientras que en HK los niveles de pobreza son cada vez más altos, en Shenzhen, considerado «área de demostración para el socialismo chino» según el documento, habrá «significativas mejoras en los servicios sociales para los trabajadores», de forma específica en la sanidad y en la educación.

Lo que no se sabe es que en HK hay una tasa de pobreza creciente, que ya está en el 20% de la población porque HK es la ciudad del mundo donde la brecha entre riqueza y pobreza es cada vez el mayor. Tanto que Oxfam, ya hace un año (septiembre de 2018) emitió un documento de 60 páginas en el que pedía al gobierno de HK que destinase más fondos a servicios sociales y, de forma especial, «a la atención de personas de más de 45 años» porque «una de cada de tres personas ancianas vive por debajo del umbral de pobreza». Oxfam establecía en seis grupos de pobreza la realidad de HK: «residentes de viviendas subdivididas, trabajadores de bajos ingresos, mujeres, niños, ancianos y minorías étnicas». Y eso porque el dinero público destinado a estos sectores es exactamente el mismo que… ¡en 2003!

La mafia financiera de HK no tiene el menor interés en el «capitalismo compasivo» que se podría ver en alguna otra parte. Los salarios llevan 10 años estancados, los alquileres han aumentado un 300% en ese tiempo. Mientras que en su espejo, Shenzhen, los salarios han aumentado un 80% en ese tiempo y se han construido un millón de viviendas públicas.

No obstante, en el plan relativo a Shenzhen no se abandona a HK, pero pone de relieve que ha dejado de ser para China el único centro financiero. Muy lejos está ya ese año de 1995 cuando HK era considerado «el mejor ejemplo de una economía libre de mercado». El declive económico de HK va en paralelo al ascenso del resto de China. HK ha pasado de representar el 27% del Producto Interno Bruto de China en el momento de la anexión, en 1997, a un escaso 3% en la actualidad.

Como veis, solo abordo una cuestión. Si es necesario, lo haré con otras los próximos días porque hay otras cuestiones relevantes, tanto o más que esta, como el hecho de que Irán ha demostrado lo que se puede hacer con determinación y firmeza: ha derrotado al viejo imperio colonial británico obligando a la liberación del petrolero retenido en un acto de piratería en Gibraltar. Y el que capturó en represalia aún sigue retenido. Y eso ha obligado a todo el mundo, dentro y fuera del Golfo Pérsico, a movimientos inesperados de acercamiento al país persa.

Fuente: Diario Octubre