Thierry Meyssan

Hoy existen dos políticas que se aplican a escala mundial. La primera tiene como ‎objetivo defender el futuro de la humanidad poniendo fin a la principal causa ‎de guerras: el acceso a las fuentes de energías fósiles. La segunda pretende defender ‎el planeta limitando las emisiones de CO₂, causadas principalmente por el uso de ‎energías fósiles. Son dos políticas que se contradicen… y cada quien tendrá que ‎escoger su prioridad. ‎

Polémico empresario, Donald Trump se ha comprometido a “¡Hacer América grande ‎otra vez!” ({MakeAmerica Great Again!}) desmantelando el imperio estadounidense. Trump ‎ha favorecido la producción de energías fósiles en Estados Unidos y está retirando las tropas ‎estadounidenses del Medio Oriente ampliado, políticas que no habría podido aplicar sin sacar ‎a Estados Unidos del Acuerdo de París.‎

En una nota emitida por la Casa Blanca el 23 de octubre de 2019, el gabinete del presidente ‎Donald Trump anuncia que Estados Unidos ya no necesita seguir librando guerras para ‎abastecerse de petróleo [1].‎

Adiós a la «Doctrina Carter» que respondió a las revelaciones sobre los crímenes de la CIA, a la ‎derrota de Estados Unidos en Vietnam, al escándalo del Watergate y a la crisis petrolera mundial ‎de 1974. Para devolver a sus conciudadanos la confianza en sí mismos, el presidente Jimmy ‎Carter pronunció sucesivamente una importante alocución televisiva [2] y el discurso sobre el Estado de la Unión de 1980 [3]. Carter declaró entonces que el aprovisionamiento energético de la economía ‎estadounidense exigía que el acceso al petróleo del Medio Oriente fuese declarado «cuestión de ‎seguridad nacional». Su sucesor, el presidente Ronald Reagan, creó el CentCom, o sea el ‎‎“Mando Militar de Estados Unidos para la Región Central”, como si el Medio Oriente se hubiese ‎convertido súbitamente en una provincia del imperio estadounidense. ‎

A lo largo de 21 años, la política mundial se organizó alrededor de esa increíble pretensión ‎de Washington. La zona «de responsabilidad» del CentCom fue modificada varias veces. ‎Al principio abarcando desde el Cuerno de África hasta Egipto, todo el Levante, exceptuando ‎Israel y a veces Jordania y el Líbano, la Península Arábiga y el suroeste de Asia. Desde 1980 hasta ‎el 2001, todas las guerras fueron prioritariamente conflictos por los recursos energéticos –‎menos las guerras de los Balcanes, que fueron el “laboratorio” de lo que vendría después. ‎

A partir del año 2001, el abastecimiento de energía a la economía estadounidense se convirtió en ‎una cuestión secundaria. El capitalismo había evolucionado y la prioridad pasó a ser el ‎aprovisionamiento en energía y en materias primas para todo el conjunto de la economía ‎globalizada –en detrimento de las regiones del mundo no globalizadas. Era la «Doctrina ‎Rumsfeld/Cebrowski» [4]. El ejército de Estados Unidos ya no defendía los intereses de la población ‎estadounidense sino los intereses de las transnacionales globalizadas. ‎

Como Estados Unidos influyó en la crisis petrolera mundial de 1974, esa crisis no lo afectó. Pero ‎una segunda crisis sí lo habría hecho. Para evitarlo, Edward Luttwak, Lee Hamilton y Henry ‎Kissinger inspiraron la Doctrina Carter. Los tres tuvieron un papel preponderante en la ‎elaboración de la Doctrina Rumsfeld/Cebrowski: Luttwak, sirvió de guía a los conspiradores del 11 ‎de septiembre de 2001 [5]; Hamilton ‎popularizó el mito de los “atentados” planeados por terroristas islámicos [6]; y Kissinger ‎‎ [7] puso ‎en manos de su asistente, Paul Bremer, el saqueo de Irak a través de una firma privada –la ‎Autoridad Provisional de la Coalición. ‎

Al retirar de Siria las tropas estadounidenses, el presidente Trump evitó la derrota militar y ‎ha logrado una victoria política. En aplicación de su filosofía jacksoniana y de su programa ‎electoral de 2016, Donald Trump pone fin a las doctrinas Carter y Rumsfeld/Cebrowski. ‎

Varios millones de muertos después del discurso sobre el Estado de la Unión de 1980, la principal ‎fuente de guerras del mundo acaba de desaparecer. ‎

Antes de convertirse en político, Barack Obama redactó los estatutos de la Climate Exchange ‎Plc. En 9 años, Obama llegó después a la Casa Blanca y desde allí continuó la destrucción del ‎Medio Oriente ampliado, iniciada por George Bush hijo, y dirigió la devastación de Libia. ‎Barack Obama es un ferviente “defensor del clima” y apoyó activamente la elección de ‎Emmanuel Macron como presidente de Francia.‎

Pero, debido a la presión que se ejerce sobre Donald Trump a través de los congresistas del ‎Partido Demócrata, el comunicado de la Casa Blanca no resalta ese aspecto de su política. ‎Más bien subraya el crecimiento de la producción estadounidense de petróleo y gas, que ‎en unos años ha hecho de Estados Unidos el primer productor mundial de esas dos energías ‎fósiles. ‎

Aunque hoy son reales, esos resultados no se mantendrán a largo plazo. Según la Agencia ‎Internacional de la Energía (AIE), la producción estadounidense de petróleo y gas de esquistos ‎comenzará a disminuir en 2023 o 2024. Como ya hemos explicado antes en este sitio web, ‎la estrategia concebida por el secretario de Estado Mike Pompeo consiste en sacar el mayor ‎partido posible de la situación antes de que se inicie la caída de la producción, pero ‎Estados Unidos pretende conservar un lugar de líder en el mercado mundial de la energía ‎‎ [8].‎

La Casa Blanca sigue apostando a la retirada estadounidense del Acuerdo de París sobre el Cambio ‎Climático. En este caso, la defensa de la humanidad se opone a la «defensa del planeta» y ‎cada cual tiene que escoger su prioridad. Se trata de una cuestión filosófica de primera ‎importancia e invitamos a nuestros lectores a reflexionar sobre ella. ‎

Para alimentar esa reflexión, hay que empezar por recordar que el clima no es estable, ‎es cambiante y el medioambiente sufre naturalmente altas y bajas de temperatura.

La teoría astronómica de los paleoclimas se utiliza para explicar los tres ciclos simultáneos de los ‎climas en los tiempos geológicos. Uno de los más grandes astrónomos modernos, el serbio ‎MilutinMilankovic, demostró durante la Primera Guerra Mundial que tres factores influyen sobre ‎el clima según la posición de la Tierra ante el Sol: la excentricidad de la órbita terrestre, la ‎inclinación del eje de rotación de la Tierra y la rotación alrededor de ese eje. Desde aquella ‎época, esa teoría fue verificada mediante el estudio de los llamados “testigos de hielo” o “núcleos ‎de hielo” [9].

En 1967, Emmanuel Le Roy Ladurie, profesor en el College de France, publicó su célebre ‎‎Histoire du climatdepuisl’an mil [Historia del clima desde el año mil].‎

Lo anterior no resuelve la hipótesis sobre la responsabilidad del hombre en los actuales cambios ‎climáticos, pero esa responsabilidad sólo puede ser de carácter marginal. ‎

Durante su campaña electoral, el presidente francés Emmanuel Macron ‎prometió “reverdecer la finanza”. Obligado a devolver el favor a su padrino, el multimillonario ‎estadounidense Kevin Kravitz, quien había financiado su campaña electoral, Macron prosiguió ‎como presidente la política de sus predecesores contra Siria y hoy reclama une intervención de ‎la OTAN en ese país. Al mismo tiempo, se puso a la cabeza de la “defensa del planeta” ‎a través del Acuerdo de París.

Dos elementos falsean el actual debate sobre el clima:‎

En primer lugar, se crea una confusión entre «ciencia» y «consenso científico». La ciencia es ‎una construcción lógica y verificable. El «consenso científico» es aquello que los científicos ‎creen en un momento dado. La diferencia entre ambas cosas es muy grande. Por ejemplo, en la ‎Antigüedad, Aristarco de Samos emitió la hipótesis de que la Tierra giraba alrededor del Sol. En el ‎siglo XVI, Nicolás Copérnico logró demostrar la validez de esa teoría. Pero, en el siglo XVII, ‎cuando Galileo confirmó nuevamente la teoría heliocéntrica, lo que prevaleció fue el «consenso ‎científico» de aquel momento y la iglesia católica condenó a Galileo.

En segundo lugar, la Climate Exchange Plc propuso un sistema tendiente a imponer un pago a los ‎emisores de CO₂. El objetivo supuesto sería luchar contra el calentamiento climático, aunque ‎el CO₂ es solamente uno de los numerosos gases que pueden afectar el clima. Se abrieron ‎‎«Bolsas del Clima», primero en Chicago y después en Londres, Montreal, Tianjin y Sydney. Pero ‎resulta que la Climate Exchange Plc fue fundada por un ex director de Goldman Sachs y por ‎el vicepresidente estadounidense Albert Gore. El redactor de sus estatutos fue un jurista ‎desconocido, un tal Barack Obama, futuro presidente de Estados Unidos [10]. En resumen, el miedo al cambio climático es una fuente ‎de enriquecimiento para un reducido grupo de individuos. ‎

Conclusión: la retirada de las tropas estadounidenses del Medio Oriente ya está produciendo ‎efectos perfectamente verificables, tanto para la economía de Estados Unidos como para la paz ‎en la región. Los efectos del CO₂ sobre el clima siguen siendo hipotéticos y en definitiva ‎limitados. ‎

NOTAS 

[1] “President Donald J. Trump Is Ending the War on American Energy and ‎Delivering a New Era of Energy Dominance”, Voltaire Network, 23 de ‎octubre de 2019.

[2] “Jimmy Carter televised ‎speech on “crisis of confidence””, por James Carter, Voltaire Network, 15 ‎de julio de 1979.

[3] “State of the Union ‎Address 1980”, por James Carter, Voltaire Network, 23 de enero ‎de 1980.

[4] «El proyecto militar de Estados Unidos para el mundo», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 22 de agosto ‎de 2017.

[5] Edward Luttwakes el autor de Coup d’Etat: A Practical Handbook ‎‎(Harvard University Press, 1968). Ese libro, donde se precisa que un golpe de Estado no debe ‎ser público para evitar que suscite oposición, se convirtió en la Biblia de los conspiradores del 11 ‎de septiembre de 2001. También fue Luttwak el autor de “SeizingArabOil”, trabajo publicado ‎en marzo de 1975 en Harper’s Magazine bajo el seudónimo de Miles Ignotus.

[6] Lee Hamilton presidió ‎la comisión parlamentaria que publicó, el 21 de agosto de 1975, Oil fields as militaryobjectives. ‎A feasibiliystudy. Fue también Lee Hamilton quien presidió la comisión presidencial sobre los ‎atentados del 11 de septiembre de 2001 y publicó el 9/11 CommissionReport.

[7] Sobre el papel de Henry Kissinger en la crisis petrolera de 1974, ver los trabajos de William ‎Engdahl. Ya fuera de sus funciones oficiales, el “querido Henry” creó Kissinger Associates, que ‎tuvo como director ejecutivo a Paul Bremer, quien encabezaría posteriormente la Autoridad ‎Provisional de la Coalición en Irak –en realidad, una estructura privada (ver, «¿Quién gobierna en Irak?», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 31 de mayo de 2004).

[8] «Geopolítica del petróleo en la era Trump», por Thierry Meyssan, ‎‎Red Voltaire, 9 de abril de 2019.

[9] Un “testigo de hielo” es una muestra de hielo que se obtiene al perforar el sustrato a ‎diferentes profundidades. Nota de la Red Voltaire.

[10] «1997-2010: La ecología financiera», por Thierry Meyssan, Оdnako (Rusia) , ‎‎Red Voltaire, 28 de abril de 2010.

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