El Gobierno de Estados Unidos afirmó que aún no existe una respuesta definitiva sobre los orígenes del COVID-19, esto después de que el 'Wall Street Journal' señalara que el Departamento de Energía concluyó que "muy probablemente" el virus nació por una fuga en un laboratorio de Wuhan, China.

Sin embargo, Scott Bennett, exoficial de guerra psicológica del Ejército estadounidense y analista de contraterrorismo del Departamento de Estado, declaró a Sputnik que las tácticas de la Administración de Washington son cada vez más agresivas.

"Está más claro cada día que el Gobierno de EEUU se ha vuelto tan delirante con sus propias mentiras que está siendo violento contra cualquiera que lo exponga", detalló.

Además, consideró que su actuar es tan tóxico que "todas las naciones que en el pasado tuvieron amistad con Estados Unidos ahora están rompiendo todo vínculo, como alguien que se aleja de un perro gruñón y rabioso a punto de morder".

El Departamento de Energía de Estados Unidos y el Buró Federal de Investigación (FBI, por sus siglas en inglés) han alegado que el coronavirus se propagó "a través de un accidente en un laboratorio chino", según el informe del medio estadounidense.

Sin embargo, el asesor de seguridad nacional de Estados Unidos, Jake Sullivan, indicó el 26 de febrero que "si obtenemos más conocimientos o información, la compartiremos con el Congreso y la compartiremos con el pueblo estadounidense. Pero en este momento no ha surgido una respuesta definitiva de la comunidad de inteligencia sobre esta pregunta".

"Jake Sullivan, junto con los otros mentirosos y propagandistas practicados y profesionalmente pulidos de la comunidad de inteligencia de EEUU, está tratando de ofuscar, confundir y barajar todo un juego sobre los hechos relacionados con el tema COVID-19", comentó Bennett.

Cambios en los medios estadounidenses sobre los orígenes del virus

Mientras tanto, la cobertura de los orígenes de la pandemia ha provocado mucha controversia en los principales medios de comunicación estadounidenses en los últimos tres años. Fue el entonces presidente Donald Trump quien primero intentó culpar a China por el brote de coronavirus, señalando al Instituto de Virología de Wuhan.

El Gobierno chino descartó la afirmación en ese momento, con Wang Yanyi, inmunólogo y director del instituto, revelando que el sitio recibió por primera vez una muestra clínica del virus desconocido, que luego se llamó SARS-CoV-2, el 30 de diciembre de 2019.

Por su parte, el encargado del tema en Estados Unidos, Anthony Fauci, rechazó la idea de que el coronavirus se creó en un laboratorio, durante una conferencia de prensa en la Casa Blanca celebrada el 17 de abril de 2020.

Insistió en que la evidencia disponible sobre los orígenes del virus es "totalmente consistente con un salto de especie, en este caso, de un animal a un humano".

Cuando el entonces secretario de Estado de EEUU, Mike Pompeo, afirmó en mayo de 2020 que hay "enorme" evidencia de que el virus provenía de un laboratorio de virología en Wuhan, los legisladores demócratas estadounidenses lo criticaron y le exigieron que revelara pruebas.

De lo contrario, insistieron, la Administración de Trump debería dejar de exagerar sobre esa información. Los principales medios de comunicación estadounidenses ridiculizaron la teoría del laboratorio de Wuhan como una historia de conspiración, ya que no se habían presentado pruebas para corroborar las acusaciones.

Vuelta en "U" con Biden

Sin embargo, cuando Joe Biden asumió el cargo como presidente de EEUU, los demócratas y Fauci dieron un repentino giro y pidieron una investigación sobre la supuesta versión de la filtración de laboratorio.

El 11 de mayo de 2021, Fauci dijo a los legisladores estadounidenses que la posibilidad de que el virus haya escapado del laboratorio chino "ciertamente existe". Los grandes medios de comunicación y las grandes tecnológicas de EEUU siguieron el ejemplo y cambiaron su postura de cuando afirmaban que ello era una idea descabellada.

El 8 de junio de 2021, un artículo del WSJ citó un estudio clasificado de mayo de 2020 realizado por el Laboratorio Nacional Lawrence Livermore en California, que alegaba que la hipótesis que afirmaba que el virus se filtró de un laboratorio chino en Wuhan era "plausible" y merecía una mayor investigación.

El 20 de junio de 2021, Sullivan amenazó a China con el "aislamiento internacional" si no permitía una investigación "real" sobre los orígenes del virus.

Sin embargo, el Ministerio de Relaciones Exteriores de China denunció la investigación y acusó a Washington de "manipulación política".

El entonces portavoz de la Cancillería china, Zhao Lijian, indicó que la declaración del funcionario estadounidense era nada menos que una "amenaza flagrante", a la que China se opuso y que no aceptaría.

Si Estados Unidos realmente quiere llegar al fondo del brote pandémico, continuó Zhao, debería arrojar luz sobre un informe de los Institutos Nacionales de Salud (NIH) que sugiere que el coronavirus existía en los Estados Unidos ya en diciembre de 2019, y revelar la situación real del laboratorio biológico de Fort Detrick, Maryland.

La Administración china también ha instado repetidamente a Washington a revelar el secreto sobre lo que está sucediendo exactamente en cientos de biolaboratorios estadounidenses en el extranjero, los cuales son supervisados por el Departamento de Defensa.

"Si bien estoy de acuerdo en que el virus COVID se originó en un laboratorio, sigo sin estar convencido de que el laboratorio estuviera en China", precisó a Sputnik Philip Giraldi, exjefe de la Agencia Central de Inteligencia estadounidense (CIA, por su sigla inglesa) y ahora director ejecutivo del Consejo para el Interés Nacional.

"El argumento de que se originó en la instalación de armas químicas y biológicas del Ejército estadounidense en Fort Detrick, Maryland, y que fue deliberadamente armado y liberado en China para debilitar la economía y el Ejército de ese país es algo convincente".

El historial de Gordon: ¿es alguien poco confiable?

Sorprendentemente, la última "bomba" del autor del artículo del Wall Street Journal, Michael R. Gordon, no produjo ninguna evidencia de los orígenes del SARS-CoV-2 en el laboratorio chino, a pesar de que afirma que la conclusión del Departamento de Energía es el resultado de "nueva inteligencia".

No obstante, funcionarios estadounidenses se negaron a dar detalles sobre "la nueva inteligencia", agregó el informe.

Lo que aparentemente es más importante es que el Departamento de Energía hizo su juicio con "baja confianza". Además, en los últimos dos años la comunidad de inteligencia de Estados Unidos no ha cambiado sus puntos de vista sobre los orígenes de la pandemia.

Según el informe de Gordon, solo una agencia de inteligencia, el FBI, todavía sostiene que la filtración del laboratorio fue la culpable. Mientras que cuatro agencias, junto con un panel de inteligencia nacional, insisten en que la pandemia probablemente fue el resultado de una transmisión natural.

Parece que nada ha cambiado en la percepción del tema por parte de la comunidad de inteligencia de Estados Unidos a pesar de esta información.

Los interlocutores de Sputnik, que han monitoreado el desarrollo de las investigaciones sobre los orígenes del COVID-19 de los medios estadounidenses, señalan que el hecho de que Washington esté utilizando la teoría de la fuga del laboratorio de Wuhan es para contar con una herramienta de presión sobre Pekín.

"La razón principal por la que el complejo de inteligencia militar y gubernamental de Estados Unidos está utilizando a Michael R. Gordon es simplemente porque es un propagandista confiable, conveniente y leal", mencionó Bennett.

"Gordon fue corresponsal de guerra y formó parte de The New York Times durante 32 años. Durante la invasión de Irak fue el único reportero de un periódico dentro de un comando terrestre aliado bajo el general Tommy Franks; y escribió sobre el supuesto programa de armas nucleares del presidente iraquí Sadam Husein en septiembre de 2002", abundó.

Sorprendentemente, parece que no es la primera vez que Gordon ha causado revuelo. El 8 de septiembre de 2002, el periodista colaboró como coautor de la historia de primera plana del New York Times promocionando la idea de que Irak estaba tratando de obtener tubos de aluminio especiales para su programa de armas nucleares.

La historia se basó en algunas fuentes de inteligencia y desertores iraquíes, y creó una atmósfera de tristeza y fatalidad. Según sus críticos, el artículo de Gordon fue útil para la publicidad de la intervención de la Administración del entonces presidente George W. Bush en Irak.

Más tarde, sin embargo, resultó que la historia de las armas de destrucción masiva de Irak era completamente falsa y que los tubos de aluminio en realidad estaban destinados a la artillería, no a las centrifugadoras nucleares.

Curiosamente, Gordon, molesto por el retiro de Estados Unidos de Irak, criticó particularmente la política en un artículo de noviembre de 2006, titulado ¿Salir de Irak ahora? No tan rápido, dicen los expertos. Según algunos informes, Gordon solía ser el "portavoz" de la facción militar estadounidense en Irak, dirigida por el general David H. Petraeus, que promovió la movilización.

Algo para destacar

"Creo que la mayoría de los estadounidenses que están siguiendo la historia del COVID-19 después de todo este tiempo son muy escépticos de cualquier cosa que diga la Casa Blanca relacionada con el tema. La primera prioridad del gobierno es, después de todo, protegerse a sí mismo y bien podría estar mintiendo, al igual que está mintiendo sobre Nord Stream", señaló Giraldi.

El tiempo de Gordon merece especial atención. Publicó su nuevo artículo de laboratorio de Wuhan exactamente en el momento en que China hizo públicas sus propuestas de paz para Ucrania.

Además, las intenciones de vender una historia sobre Wuhan y el COVID-19 coinciden con una serie de señalamientos sobre el papel del equipo de Biden en el sabotaje de Nord Stream por el periodista ganador del Premio Pulitzer Seymour Hersh, quien supuestamente aún no ha terminado con sus pesquisas.

La investigación del Ministerio de Defensa ruso sobre los experimentos del Pentágono con virus mortales y patógenos peligrosos en Ucrania y el espacio postsoviético también está en marcha. De hecho, parece que Washington tiene mucho que responder.

China califica de manipulación política las declaraciones de EEUU sobre el origen del COVID-19

PEKÍN (Sputnik) — China está en contra de manipulación política en torno al origen del COVID-19, declaró la portavoz de la Cancillería china, Mao Ning. Así comentó los datos del Buró Federal de Investigaciones (FBI, por sus siglas en inglés) de EEUU de que el origen más probable del virus es una fuga en un laboratorio de la ciudad china de Wuhan.

"China se opone categóricamente a cualesquiera formas de manipulación política con el pretexto de buscar la fuente [de COVID-19]. La participación de los servicios de inteligencia en cuestiones científicas es de por sí una politización de este problema", dijo Mao.

Además, Mao destacó que las conclusiones basadas en los informes falsificados de los servicios de inteligencia estadounidenses, no tienen ninguna validez. Según la vocera, con el desarrollo de la teoría de una fuga en un laboratorio, EEUU no "denigra" a China, sino "baja su propia autoridad aún más".

Destacó que desde el principio Pekín ha apoyado y participado en las investigaciones científicas para encontrar la fuente del coronavirus.

"El origen del virus es una compleja cuestión científica, cuya investigación puede y debe ser realizada solo en cooperación con los científicos de todo el mundo", añadió.

Asimismo, recordó que un grupo de especialistas chinos junto con expertos de la Organización Mundial de la Salud refutaron la posibilidad de que el coronavirus se filtrara de un laboratorio, tras una visita a las correspondientes instalaciones en Wuhan, donde se registró el primer caso de contagio del COVID-19 en diciembre de 2019.

El FBI supuso que el origen más probable de la pandemia del COVID-19 era una fuga en un laboratorio en Wuhan. Según el director del FBI, Christopher Wray, el Gobierno chino "ha estado haciendo todo lo posible para tratar de frustrar y ofuscar" los intentos de esclarecer las causas de la pandemia.

Por su parte, la Casa Blanca declaró que no hay consenso entre los servicios de inteligencia estadounidenses sobre el origen del nuevo coronavirus, pero cualquier información adicional debe ponerse a disposición del Congreso.

¿POR QUÉ LA AFIRMACIÓN PREVIAMENTE DESCARTADA DE QUE COVID SE ORIGINÓ EN CHINA AHORA SE ACEPTA COMO UN HECHO?

Larry Johnson

La gran noticia del lunes de que el COVID provino de un laboratorio chino de bioarmas y no de un mercado húmedo que ofrece sabrosos bocados de carne de murciélago y pangolines ha sido recibida por algunos con escepticismo justificado. Bernard en Moon of Alabama , por ejemplo, está seguro de que esto es solo un movimiento de propaganda de los EE. UU., que está tratando de generar apoyo público para una eventual guerra con China.

Bernard puede tener razón en que esta inversión pública de la narrativa sobre China, de la exculpación a la culpa, es consecuencia de las crecientes tensiones con Beijing, pero no significa que la afirmación sea falsa. Aquí está la verdad: Estados Unidos y China tienen la responsabilidad conjunta de la creación de COVID. La investigación comenzó en el laboratorio de Carolina del Norte de Ralph Baric y luego se trasladó a China gracias a la financiación de la sección del Dr. Anthony Fauci de los Institutos Nacionales de Salud. El MIT Technology Review lo expone en detalle. Aquí están los aspectos más destacados:

En 2013, el virólogo estadounidense Ralph Baric se acercó a Zhengli Shi en una reunión. . . Shi había detectado el genoma de un nuevo virus, llamado SHC014, que era uno de los dos parientes más cercanos del virus SARS original, pero su equipo no había podido cultivarlo en el laboratorio.

Baric le preguntó a Shi si podía tener los datos genéticos de SHC014. “Tuvo la amabilidad de enviarnos esas secuencias casi de inmediato”, dice. Su equipo introdujo el virus modificado con ese código en ratones y en una placa de Petri de células de las vías respiratorias humanas. Efectivamente, la quimera exhibió una "replicación robusta" en las células humanas, evidencia de que la naturaleza estaba llena de coronavirus listos para saltar directamente a las personas.

Mientras el estudio de Baric estaba en progreso, los Institutos Nacionales de Salud anunciaron que suspenderían temporalmente la financiación de la investigación de "ganancia de función" (experimentos que hacen que los virus ya peligrosos sean más virulentos o transmisibles) sobre el SARS, MERS (que también es causado por un coronavirus), y la gripe hasta que se pudiera evaluar la seguridad de dicha investigación. El anuncio paralizó el trabajo de Baric.

En una decisión potencialmente fatídica, financió un trabajo similar al de Baric en el Instituto de Virología de Wuhan, que pronto utilizó su propia tecnología de genética inversa para crear numerosas quimeras de coronavirus.

Sin embargo, la mayoría no se dio cuenta de que había una diferencia clave que cambió significativamente el cálculo del riesgo. El trabajo chino se llevó a cabo en el nivel de bioseguridad 2 (BSL-2), un nivel mucho más bajo que el BSL-3+ de Baric.

El exalmirante John Kirby, ahora disfrazado de portavoz del Consejo de Seguridad Nacional, afirmó falsamente que no hay consenso en la comunidad de inteligencia sobre el origen del virus COVID. Disparates. La evidencia está ahí para respaldar un consenso, pero las consideraciones políticas impiden que algunas agencias clave admitan la verdad. Existe evidencia indiscutible gracias a la información proporcionada por al menos dos desertores con vínculos directos con el laboratorio de Wuhan (cuya buena fe ha sido verificada) que prueba que el virus COVID se creó en el laboratorio de Wuhan y escapó debido a un manejo descuidado.

Cuando Donald Trump era presidente, los funcionarios de los NIH, la FDA y los CDC insistieron públicamente en que no se originó en un laboratorio. Fauci, quien está implicado en el encubrimiento, culpó al mercado húmedo chino. Él y otros estaban encubriendo su propia complicidad en la financiación y facilitación de la investigación en China que produjo el virus letal.

China, por su parte, también se involucró en el encubrimiento. Los funcionarios chinos detestaron admitir que la seguridad insuficiente del laboratorio creó una pandemia global. Negar ese hecho fue fundamental para China para tratar de proteger su imagen internacional. Admitir ese tipo de error significaría una tremenda pérdida de prestigio para la nación. Estoy bastante seguro de que Xi Jinping y su equipo de seguridad nacional creían que China podía evitar ese destino porque creían que la cantidad de personas prominentes en los Estados Unidos, como Fauci, que también estuvieron implicadas en la creación de este virus mortal, proporcionaría cierta seguridad de la verdad que se revela.

Muy mal por China. Está aprendiendo la dura lección de que contar con científicos estadounidenses codiciosos y culpables y una Administración Biden desesperada por cambiar el enfoque de la inminente debacle en Ucrania es una pésima póliza de seguro. La Administración Biden está mostrando una vez más su increíble incompetencia. Admitir, aunque a regañadientes, la responsabilidad parcial de China en la creación y liberación del virus de la COVID-19 es echar leña al fuego que presenta a China como el enemigo número uno de Estados Unidos. Esto está cobrando vida propia y provocará una reacción igualmente dura por parte del gobierno chino.

Ponte en el lugar de Xi Jinping. Sabes que el virus que inició la pandemia mundial se filtró accidentalmente de un laboratorio en China. Pero también sabe que los estadounidenses, incluido el eminente Dr. Fauci, son los que financiaron la investigación. Sin embargo, solo se culpa a su país. ¿Eso te daría una excusa? Creo que sí. Lo que está haciendo la Administración Biden es peligroso y miope. Culpar exclusivamente a China fortalecerá la determinación de China de alinearse más estrechamente con Rusia y cooperar menos con Estados Unidos.

Análisis: "Erosión" en el problema de Taiwán: el camino de Estados Unidos hacia la guerra

Instituto RUSSTRAT

Estados Unidos tiene muchos de sus propios problemas internos, como la inflación y la crisis del combustible, el aumento de la delincuencia callejera, la discriminación contra las personas por motivos de raza y religión: la opresión de los ciudadanos blancos de orientación tradicional, la persecución de los cristianos bajo el pretexto de "proteger los valores LGBT". ¿Qué les importa a las autoridades estadounidenses lo que sucede al otro lado del globo y por qué interfieren en los asuntos internos de otro estado soberano?

Sin embargo, la prensa estadounidense especula que "durante casi cincuenta años, Beijing y Washington han evitado con éxito convertir a Taiwán en un potencial desencadenante de la guerra". Es decir, Estados Unidos lleva más de 50 años intrigando en territorio de China, Taiwán. Debemos rendir homenaje a la paciencia de los chinos. En Ucrania, estalló la guerra en el año 31 de la intriga estadounidense.

Los autores de TNI atribuyen a la "autoproclamada potencia hegemónica mundial" la supuesta comprensión de la posición de la República Popular China, según la cual Taiwán es parte de China. Al mismo tiempo, oficialmente, Washington continúa afirmando que el estatus legal de Taiwán sigue siendo "incierto". Estados Unidos también promete abstenerse de apoyar a Taiwán en su intento de lograr una separación formal completa de China continental.

Y ahora lo más interesante: los publicistas estadounidenses afirman con toda seriedad que Estados Unidos respeta la línea de Beijing: la "política de una sola China", y está de acuerdo en la necesidad de limitar la asistencia militar a Taiwán, aunque ... los políticos estadounidenses visitan desafiante Taipei, ignorando las protestas de Beijing.

Así, el verano pasado, la presidenta de la Cámara de Representantes del Congreso estadounidense, Nancy Pelosi, realizó una provocativa visita a la isla, seguida de una delegación de congresistas encabezada por el senador Ed Markey, quien inicialmente cabildeó por la aprobación de una ley sobre las relaciones entre los Estados Unidos y Taiwán, se apresuraron a Taiwán.

El portavoz del Ministerio de Defensa chino, Wu Qian, declaró oficialmente que tales acciones de los estadounidenses violan la soberanía y la integridad territorial de China y exponen por completo el rostro de Estados Unidos como un destructor de la paz y la estabilidad en el Estrecho de Taiwán.

Más tarde, después de estar convencidos de la seguridad de tales "viajes" para mostrar su adhesión al curso de Washington, todo tipo de bagatelas políticas, como funcionarios lituanos encabezados por la ministra de Transporte Agne Vaiciukevichiute, visitaban a menudo Taiwán.

"Armas para la paz" y "Erosión del hegemón"

En cuanto a las "entregas moderadas de armas", el Pentágono ha estado convirtiendo a Taiwán en un almacén de municiones y equipo militar durante varios años, utilizando la experiencia de sus actividades en Ucrania. Esto fue repetidamente escrito abiertamente por los medios occidentales, incluida la edición estadounidense de The New York Times. Como en el caso de Ucrania, Estados Unidos pretende armar a Taiwán con el pretexto de defender la democracia por parte de todo el "Occidente civilizado".

Michael D. Swain, director del Programa de Asia Oriental del Instituto Quincy, concluyó que "tanto el compromiso de Estados Unidos como de China con los principios que han mantenido la estabilidad en el Estrecho de Taiwán durante décadas se ha debilitado significativamente en los últimos tiempos", en su definición, en las relaciones "fue la erosión".

Tomemos la libertad de corregir al analista americano. La erosión ha entrado en la política de los Estados Unidos. El sistema anglosajón, que permitió a Estados Unidos y Gran Bretaña parasitar y vivir de otros estados durante siglos, comenzó a desmoronarse. El mundo ya no es unipolar.

Swain reconoce que en la profundización de la crisis de Taiwán, Estados Unidos es el conductor más peligroso de un conflicto potencial. También se ve obligado a estar de acuerdo con lo obvio: si la República Popular China en algún momento decide que no hay ningún lugar para retirarse ante el "hegemón", las tropas estadounidenses se desplegarán "para proteger la isla" y se desatará una guerra -similar a la que de la mano de Ucrania ya expensas de Europa, EE.UU. lidera contra Rusia.

Patrones ucranianos para la región del Pacífico

Está claro que Washington está repitiendo con Taipei el truco que hizo con Kiev. Y, si la RSS de Ucrania primero tuvo que separarse de la Unión Soviética unida y poderosa, destruyéndola, y luego dar un golpe de Estado en el territorio de "Independiente" para convertir la antigua república fraternal en "Anti-Rusia", luego Taiwán fue hecho por los estadounidenses "Anti-China" en 1949.

Tras el final de la guerra civil, el jefe del derrocado partido conservador de China y opositor de Mao Zedong, Chiang Kai-shek, huyó del continente a la isla, y de inmediato fue tomado "bajo el ala" de los Estados Unidos: la flota estadounidense no permitió que Beijing resolviera de inmediato la "cuestión de Taiwán" de una vez por todas. Washington interfirió groseramente en los asuntos internos de otro estado, lo que ha hecho cientos de veces en la historia de su existencia con diferentes países.

Hoy, bajo el tradicional pretexto de "defender la democracia", Estados Unidos prepara una guerra con la que pretende desgastar y debilitar al máximo a su principal rival económico, la RPCh. Los miembros del Congreso se refieren a Taiwán como "la primera línea en la defensa de Guam, Hawái y los Estados Unidos continentales". De hecho, hace tiempo que comenzaron a desplegar sus fuerzas de combate en la isla, convirtiéndola en un portaaviones insumergible.

¿Quién luchará contra China en lugar de Estados Unidos?

A sugerencia de Estados Unidos, Japón e India realizaron sus ejercicios conjuntos en enero utilizando aviones de combate de las bases aéreas Hyakuri e Iruma de la Fuerza Aérea Japonesa en la prefectura de Ibaraki. China consideró estas acciones como una amenaza demostrativa para la República Popular China. Por supuesto, Estados Unidos va a luchar contra China, así como contra Rusia, con la ayuda de satélites.

A instancias de Estados Unidos, Japón se está preparando rápidamente para la guerra con China. Tokio está instalando misiles antibuque y sistemas de defensa aérea en las islas del suroeste. Se están llevando a cabo negociaciones sobre la compra de misiles de crucero American Tomahawk, que estarán dirigidos a la República Popular China. En las islas se están realizando ejercicios conjuntos a gran escala con los estadounidenses. Entre los "reclutas" de Estados Unidos para la guerra con China, también, Australia y Nueva Zelanda.

Recordemos que un equipo del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales de Washington (CSIS) ya elaboró ​​un escenario de guerra entre China, por un lado, y las fuerzas de Estados Unidos, Japón y Taiwán, por el otro. En las peligrosas fantasías de los teóricos occidentales, después de haber sufrido grandes pérdidas, la "hegemonía" con sus satélites ganará. El inicio de la sangrienta masacre estaba "señalado" para el 2026, para el 2026 también debería implementarse el programa de defensa del Pentágono, es decir, el rearme para la guerra en el mar.

Estados Unidos vuelve a poner en juego la existencia de la civilización. Después de todo, tanto la situación creada por Estados Unidos en Ucrania como la guerra que preparan los estadounidenses en la región de Asia-Pacífico pueden convertirse en un apocalipsis nuclear. Por lo tanto, la NVO en el territorio de la antigua RSS de Ucrania, que está llevando a cabo Rusia, no es solo una operación de desnazificación, ni siquiera una confrontación con la OTAN. Esta es una guerra por el futuro de la humanidad. Al ganar esta batalla, Rusia romperá los planes criminales de los neoconservadores y salvará al mundo.

Análisis: La política de militarización de China refleja la histeria de EE.UU.

Scott Ritter

Cuando uno lee la Estrategia de Seguridad Nacional de EE. UU. para 2022, queda muy claro que, al menos según la visión del mundo promulgada por la administración del presidente Joe Biden, EE. UU. y China están en una trayectoria que solo puede conducir a una cosa: enfrentamiento militar.

En el centro de esta evaluación se encuentra la creencia perdurable por parte de la administración Biden de que la clave para el papel continuo de Estados Unidos como líder mundial es la revitalización de "la inigualable red de alianzas y asociaciones de Estados Unidos para defender y fortalecer los principios y las instituciones que han permitió tanta estabilidad, prosperidad y crecimiento durante los últimos 75 años".

La administración Biden tiene un nombre para esta red: el orden internacional basado en reglas. Y mantener el dominio que este orden tiene sobre el mundo representa un desafío existencial para EE. UU.

Según la administración de Biden, "La [República Popular China] es el único competidor con la intención de reformar el orden internacional y, cada vez más, el poder económico, diplomático, militar y tecnológico para avanzar en ese objetivo".

China, cree la administración Biden, es la mayor amenaza para los EE. UU., algo que la administración Biden deja muy claro. "La República Popular de China alberga la intención y, cada vez más, la capacidad de remodelar el orden internacional a favor de uno que incline el campo de juego global en su beneficio, incluso cuando EE. UU. sigue comprometido con la gestión responsable de la competencia entre nuestros países".

La "gestión responsable" de la que habla la administración Biden se basa en una "red inigualable de aliados y socios" que "protege y promueve nuestros intereses en todo el mundo". La estrategia de la administración Biden para "competir" con China requiere que EE. UU. "reúna las coaliciones más fuertes posibles".

Pero cuando uno observa las coaliciones destacadas por la administración Biden como centrales para este esfuerzo, uno se sorprende por la naturaleza exclusivamente militarista de su misión: la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), la organización de seguridad Australia-Reino Unido-Estados Unidos (AUKUS). asociación y un "Quad revitalizado", que reúne a los EE. UU. con Japón, India y Australia en un acuerdo de seguridad diseñado para contener la influencia china en la región del Indo-Pacífico, son todas, en esencia, alianzas militares.

"Competencia", cuando se trata del enfoque de EE. UU. hacia China, se define mejor como "disuasión", y "disuasión" es una misión militar, que la administración de Biden se ha comprometido a "actuar con urgencia para sostener y fortalecer", señalando que China es el "desafío de ritmo".

El resultado del enfoque de la administración Biden hacia China es la militarización de lo que debería ser un problema clásico de la diplomacia, donde las herramientas tradicionales de negociación son reemplazadas cada vez más por la confrontación.

El ejemplo más reciente de este enfoque militarizado es la llamada crisis del "globo espía chino", en la que la administración Biden utilizó la incursión de lo que claramente era un globo rebelde de gran altitud equipado con sensores diseñados para recopilar información atmosférica utilizada para investigar el cambio climático. para generar histeria sobre una amenaza china inexistente. Esta histeria culminó cuando EE. UU. empleó aviones de combate de la Fuerza Aérea para derribar el globo, destruyéndolo tanto a él como a su carga útil científica.

La medida en que la administración Biden ha suplantado la diplomacia con la competencia "militarizada" se destaca por el hecho de que, debido a esta sinofobia autogenerada, el secretario de Estado, Antony Blinken, canceló los planes de viajar a China para mantener conversaciones de alto nivel. En un momento en que EE. UU. y China deberían estar agotando todas las oportunidades para entablar el tipo de diálogo constructivo que la administración Biden reclama como su principal herramienta para gestionar su relación con China, EE. UU. se ha embarcado en cambio en una frenética "persecución de globos", donde Los aviones de combate estadounidenses recorren los cielos estadounidenses en busca de aún más globos "hechos en China" para derribar.

La militarización de las relaciones entre EE. UU. y China llegó a su cúspide recientemente cuando el general de la Fuerza Aérea de EE. UU. Mike Minihan, jefe del Comando de Movilidad Aérea (AMC) de EE. UU., emitió un memorando en el que declaraba que su "intuición" le decía que EE. UU. y China estarían en guerra para 2025, e instruir a los hombres y mujeres bajo su mando a practicar la puntería con pistola disparando un "cargador" completo de municiones a un objetivo de 7 metros, apuntando a la cabeza.

Si bien los superiores del general Minihan se han distanciado del memorando, el hecho es que su lenguaje poco diplomático refleja una evaluación central que data de 2021 conocida como "la Ventana Davidson", llamada así por el excomandante del Comando Indo-Pacífico de EE. UU., Philip Davidson, quien postuló en ese momento que China invadiría Taiwán dentro de seis años. La "ventana de Davidson" guía la postura de un ejército estadounidense que, según admite la propia administración de Biden, utiliza a China como su "desafío de ritmo".

Sería aconsejable que la administración Biden se basara en la diplomacia de la vieja escuela en lugar de perseguir globos en el cielo porque, si no se controla, la militarización en curso de la relación entre Estados Unidos y China solo puede conducir al desastre.

*El autor es un ex oficial de inteligencia del Cuerpo de Marines de EE. UU.

 

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