altPor Miguel Angel de Renzis

En 1946 el General Perón repatrió la totalidad de la deuda externa. Y el 9 de julio se pudo declarar la Independencia Económica. En los diez años más felices el país vivió la realización de 120.000 obras públicas, y a la caída del gobierno en 1955 no teníamos deuda externa y éramos acreedores de varios países. España y Gran Bretaña eran nuestros principales deudores y hasta Israel debía por entonces un millón de dólares. El golpe liberal que se produjo dentro de los golpistas de 1955 haciendo salir al general Lonardi y reemplazándolo por Pedro Eugenio Aramburu fue el inicio del endeudamiento más crudo de la República. Raúl Prebisch le trajo a Eugenio Blanco, ministro de Economía radical del gobierno de la “fusiladora” la idea de hacernos socios del Fondo Monetario Internacional.

Frondizi pidió al Fondo el primer préstamo y de 1955 a 1958 el endeudamiento argentino fue con diversos países europeos, que terminaron fundando el llamado Club de Paris. Los gobiernos militares de la llamada Revolución Argentina, Onganía, Levingston y Lanusse, llevaron la deuda externa a 11.000 millones de dólares. Los 49 días de Cámpora, el interinato de Lastiri, la tercera presidencia de Perón y la presidencia de María Estela Martínez, no solo no pidieron un peso al exterior sino que se bajó de 11.000 millones a 5.000 y fracción. Esto, sumado a la Ley de Contrato de Trabajo, la nacionalización de las bocas de expendio de combustibles, los vuelos transpolares de Aerolíneas y la voluntad de cancelar la deuda, fueron parte de los argumentos usados para el golpe de estado. Querían y quieren una Argentina pagadora compulsiva de intereses y que nunca salde el capital, porque el zarpazo final de la usura mundial será asfixiarnos lo suficiente para cambiar deuda por territorio, viejo proyecto de la sinarquía internacional.

El Proceso militar, con la pandilla de Martínez de Hoz y los presidentes Videla, Viola, Galtieri, y Bignone dejaron un país sin industrias, destrozado y con 40.000 millones de deuda externa. En ese tiempo, Domingo Felipe Cavallo, funcionario de la dictadura al igual que José Luis Machinea, trabajaron para que la deuda privada la pagáramos todos los argentinos.

En la presidencia de Alfonsín, Machinea, funcionario del Proceso, ocupó la presidencia del Banco Central y fue uno de los principales operadores para seguir endeudándonos. Cuando Grinspun, ministro de Economía, le dijo a Alfonsín que la deuda se debía investigar, lo echaron del gobierno. Alfonsín, asfixiado por la hiperinflación, se fue seis meses antes, dejando el regalo de 80.000 millones de dólares de deuda externa.

En el turno de Carlos Saúl Menem otra vez apareció Domingo Felipe Cavallo y a la mejor escuela de Martínez de Hoz terminó de destruir la industria nacional, duplicar la deuda externa y apoyar el plan Dromi de privatizaciones. Dromi hoy es asesor del ministro de Planificación De Vido, mientras que Liendo, segundo de Cavallo, le aconsejó a Néstor Kirchner sacar la plata de las regalías de YPF fuera del país.

En el turno de Fernando De la Rua otra vez Cavallo con el megacanje y el blindaje, y se evaporaron los 36.000 millones de la reservas producto de la venta de las joyas de la abuela de Menem.

Ayer la presidenta, en cadena nacional volvió a hablar de honrar la deuda, lo que significa pagar deuda con más deuda y transformar a los nietos de nuestros nietos en deudos.

García, el ministro de Rivadavia, Alsogaray, ministro de gobiernos militares y de Frondizi, Alemann, Martínez de Hoz, Krieger Vasena, Cueto Rua, Celestino Rodríguez, Machinea, Walter Klein, Domingo Felipe Cavallo, Eugenio Blanco, Pedro Eugenio Aramburu, Raúl Ricardo Alfonsín Foulkes, Fernando De la Rua, son nombres y apellidos que no están ajenos al drama de hoy. La presidenta ayer podría haber dicho que en lugar de honrar la deuda vamos a honrar la ley, y tomando la causa iniciada por el patriota Alejandro Olmos, que todavía está abierta, y las otras cuatro causas sobre deudas en Tribunales, haber dicho: Vamos a investigar.

La Argentina hoy está involucrada en aproximadamente 400.000 millones de dólares contando la deuda del Estado, las distintas refinanciaciones, las deudas de las provincias y municipios, y sin tomar las deudas particulares. Cada argentino, deberíamos, potencialmente, 1.000 millones de dólares.

La bomba de los fondos buitres cayó el 16 de junio, igual que hace 59 años, cuando los encargados de endeudarnos bombardearon la Plaza de Mayo.

Solo me resta decir en voz alta “Perón, Perón, qué grande sos!”

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