Por Juan Aguilar*

El presidente de Rusia Vladimir Putin empieza a tomar ventaja en la partida geopolítica que se juega en Ucrania. Acostumbrados los occidentales a las cacatúas de la “prensa libre” al servicio de sus amos imperialistas, no pueden tener un criterio mínimamente objetivo de lo que está ocurriendo. Pero Putin y Rusia han hecho frente al berreo de que si se “ha anexionado Crimea”, que si “derribó el vuelo de Malasya Airlines”, que si todos los días “invade Ucrania”, etc. Lo que contrasta, por otra parte, con el silencio sobre el genocidio de Kiev sobre las poblaciones de Novorrosia, el olvido de los abrasados en Odessa, el apoyo de la OTAN en armas, mercenarios y financiación a los cabecillas que dieron un golpe de Estado en Kiev, la desfachatez de Kiev en no pagar el gas ruso o la ausencia de datos sobre el derribo del ya citado vuelo MH17.

La “respuesta” o, mejor dicho, la agresión occidental contra Rusia es diaria: acusaciones, sanciones que pagarán nuestros agricultores, amenazas apocalípticas, acercamiento de tropas a los países fronterizos con Rusia, el veto a resoluciones para un alto el fuego en el Consejo de Seguridad de la ONU, y así un largo etcétera.

Pero nada ha detenido a Putin y sus escuderos, Rogozin, Medvedev, Lavrov, Shoigu… Se impuso llevando un convoy humanitario de casi 300 grandes camiones para asistir a la población civil de Novorrosia, falta de alimentos, agua y medicinas gracias a los incesantes bombardeos de las tropas de los golpistas. Al mismo tiempo, bien asesoradas, las tropas del recientemente estrenado ejército de Nueva Rusia lanzaban una ofensiva que desarbolaba las líneas de las fuerzas ucranianas… y así se llegó a Minks.

Del encuentro en Minsk se esperaba mucho y nada. Prácticamente todos los expertos eran unánimes en que no se podían esperar resultados significativos del encuentro. La situación se complicaba en parte porque las negociaciones de Minsk debían ser dedicadas ante todo a los problemas económicos, a saber los problemas de la interacción de los países de la unión Aduanera con Ucrania después de la firma de la última asociación de la CE. Al mismo tiempo las cuestiones candentes del orden del día de no estaban de ningún modo en el plano económico: era la guerra sobre Donbass, las víctimas entre la población civil, la catástrofe humanitaria...

Miraremos quiénes fueron al encuentro y qué posiciones llevaban. El presidente de Kazajistán el Nursultan Nazarbayev, el presidente Alexander Lukachenko bielorruso y Vladímir Putin representaban a la Unión Euroasiática. Por la UE estaban la representante de la UE sobre seguridad y la política exterior Ketrin Ashton, el vicepresidente de la Eurocomisión y comisario de Energía Gyunter Ettinger y el comisario de Comercio Carlos de Gyuht. Y luego estaba el presidente golpista de Ucrania, Petro Poroshenko.

 

Una curiosa foto.  Poroshenko llevaba una grabadora-transmisor en su chaqueta. Si la intención era grabar el plan de Putin… ¿para quién? ¿Quién no estaba en la reunión? ¿Quizás para demostrar a “alguien” que él no se sale del guión marcado? ¿Por qué llevaba escoltas británicos? ¿No se fía de sus compatriotas? ¿”Alguien” quería evitar que se firmara algo nocivo para sus intereses? ¡Qué patética la figura del títere!

La Unión Europea iba son los límites impuestos por la canciller de Alemania Angela Merkel tras si visita a Kiev. Esta posición ha desengañado claramente a Poroshenko. Según los resultados del encuentro con Merkel, no hubo ninguna pretensión alemana de ir contra Rusia  excepto la proposición de instalar en la frontera rusa-ucraniana  observadores de OSCE (en realidad, aumentar su número). La declaración de Merkel sobre la necesidad de un acuerdo recíproco del cese de fuego con Rusia no podía hacerse porque la Federación Rusa no es parte del conflicto ni participa en las operaciones militares, luego ningún acuerdo se podía concluir en cuanto a esto. Esta declaración de Merkel era inequívoca: no iba dirigida a Rusia, sino a Kiev. Así, Merkel inesperadamente, apoyaba la declaración reciente de propio vice-canciller alemán sobre la necesidad de la federalización de Ucrania. En lenguaje diplomático la declaración «la federalización es una descentralización» significa la aspiración Merkel de corregir la posición de Poroshenko y Kiev. Merkel ha dado a comprender que el tiempo para los juegos terminológicos ha pasado.

El resumen de la visita Merkel es evidente: el encuentro de Minsk no traerá ninguna ruptura. Es necesario encontrarse, hablar, trabajar… Todas estas frases testimoniaban el descontento evidente de la canciller. Poroshenko ha rechazado las condiciones Merkel (que muchos observadores han denominado ultimátum). Sin embargo, la situación en la que se encuentra Kiev, no le permite muchas opciones.

Además, en la víspera de encuentro de Minsk, el Ministerio de Asuntos Exteriores de la Federación Rusa declaraba la intención del envío de un segundo convoy humanitario. La nota, dirigido a Ucrania, no puede ser obviada por Kiev: es necesario llevar la ayuda humanitaria y salvar la población. Con su consentimiento o sin él.

Así, todo que podía hacer Kiev era acusar de forma histérica a la Federación Rusa de "la apertura del nuevo frente» y «la invasión de paracaidistas». Todo desmentido inmediatamente por Rusia, así como por la milicia, y se confirmaba con el interrogatorio de los paracaidistas rusos que, por lo visto, se encontraban de patrulla fronteriza y detenidos por los servicios especiales ucranianos. En general, toda la situación era bastante transparente: Kiev ha perdido la iniciativa en los frentes de batalla, temía la caída de Mariupol y solo podía formular "argumentos" adicionales al encuentro de Minsk que Poroshenko pudiera presentar a Putin.

Ucrania se ha acercado al encuentro de Minsk en una situación extremadamente desfavorable tanto por la situación interior y con un fondo pesimista por la actitud no sólo de la Federación Rusa, sino también de la Unión Europea. Se ha hecho demasiado evidente la dependencia e Kiev de los EEUU. Con la amenaza del tránsito del gas ruso a Europa y las consecuencias negativas de las sanciones mutuas que influyen sobre la Unión Europea de forma mucho más fuerte de lo que suponían hasta los diseñadores rusos del "golpe de respuesta", la posición de la UE no era claramente beneficiosa para la línea actual de Kiev.

Y se llegó a Minks

Poroshenko, que hablaba en ruso, se concentró en «el plan de paz para solucionar la crisis». Todo lo demás, sobre todo, la economía quería dejarlo aparcado. Pero nadie de los participantes del encuentro tenía intención de aceptar la orden del día propuesta por el presidente ucraniano. Se explica muy simplemente: la propuesta era insustancial, «el plan de paz» no contenía ni los mecanismos ni propuestas concretas, sólo obviedades e intenciones.

Lo más importante, para discutir un plan cualquiera de paz deben estar las dos partes del conflicto. Ni Rusia, ni la Unión Europea participan oficialmente. Putin ha subrayado: “Es necesario un diálogo de paz con los representantes del Sudeste y atender a sus intereses. Rusia no tiene ninguna relación con las partes del conflicto. Hará todo lo que pueda para el logro de la paz”. Más concretamente, la postura del eje de los “tres Eurasiáticos” respecto al conflicto sobre Donbass era expuesta por el presidente de Kazajistán: “es necesario el armisticio para el prestar ayuda humanitaria”. Esto además, chocaba con las declaraciones  del primer ministro de la República Popular de Donestk, Zaharchenko, que tras la derrota  de las fuerzas de Kiev en el frente oriental hablar sobre federalización es un absurdo, y Novorossiya ya solo se conforma con la independencia. La sensación es que a Kiev se le ha puesto un ultimátum muy duro. Las condiciones a Kiev ya han sido adelantadas por las Milicias.

Después de esto, tocaba hablar de economía… Lo que Poroshenko debería comprender de este encuentro internacional, es el reconocimiento de su derrota en el frente político. A propósito: Crimea ni se mencionó.  En realidad, Poroshenko se ha visto cara a la realidad: el éxito de la contraofensiva de las Milicias, las pérdidas en hombres y medios, la huida en pánico de sus fuerzas en todo el frente y la posición firme de Rusia. Esto se llama perder.

La discusión económica

El daño a los países de la Unión Euroasiática de la asociación de Ucrania con la UE: solamente para la economía de la Federación Rusa serían 100 mil millones de rublos, según el presidente Putin. Las pérdidas serían parecidas para Bielorrusia, y Kazajistán. Por lo tanto, Rusia continuará aplicando medidas de compensación, que, fuera de toda duda, golpearían a la UE y a Ucrania;

Ucrania no desea perder el mercado de la CEI, ha declarado Poroshenko. La razón es evidente: la salida de Ucrania de la CEI y la paralización completa de su producción y relaciones comerciales sería inevitable. La esperada ayuda de la UE a Kiev no llega, y la quiebra económica amenaza sacar al pueblo al Maidán, con barricadas por todo el país, ya sin necesidad de estímulos desde Occidente, y esta amenaza asusta a Kiev;

La Unión Europea teme quedarse sin gas ruso por las acciones de Ucrania. Rusia ha dado a comprender que se puede crear una situación sin salida que puede llevar al cese de los suministros de gas a toda la UE y Ucrania. Ucrania reconoce por boca del propio Yatseniuk que sin gas ruso no sobrevivirá. Las amenazas de Kiev de «cesar el tránsito ruso del gas» son una fanfarronería que nadie se ha acordado de ellas en Minks. Ahora Kiev declara que los suministros de gas a Europa dependen «solamente de Gazprom».

Conclusión

Vladímir Putin ha sido pragmático, como siempre, y ha explicado a Ucrania que darle la espalda a Rusia significa perder el mercado de la unión Aduanera y pasar a los estándares de la CE. Kiev tendría que gastar 165 mil millones de euros durante 10 años. Mientras tanto, Rusia anularía las preferencias a la importación de Ucrania a Rusia, Bielorrusia y Kazajistán, y en resumen, Ucrania sufriría pérdidas económicas enormes.

Se ha convocado una conferencia de donantes para reconstruir Ucrania, será en otoño y de nuevo en Minks. Está claro que: 1) Kiev no tiene ni los medios, ni las posibilidades de restablecer rápidamente su control sobre Donbass; 2) que lo que ha sido destruido en Donbass por el ejército ucraniano, será pagado por los rusos y la Unión Europea. Y eso tendrá un coste político para Kiev.

La composición tan significativa de  la representación de la UE (Ashton, Ettinger, Gyuht) era para dar a comprender al señor Poroshenko que él ya poco decide en Ucrania y que Europa desea seguir recibiendo el gas ruso. Sienten que la estación fría comenzará pronto y que no puede dejar a los países de Europa del Este miembros de la UE sin gas. En general, Ettinger ha comprendido que teniendo una amistad demasiado grande con Kiev, la UE juega contra sus propios intereses. Así lo declaraba a RT: el objetivo de Europa es «evitar en los próximos meses cualesquiera problemas vinculados a la seguridad de los suministros de gas para los 28 países de la UE, incluidos los Balcanes Occidentales, Ucrania y Moldavia».

Todo esto suena a una capitulación lenta.

Por ahora, la iniciativa está en manos de las milicias, que derrotan día a día al ejército ucraniano, y esto está claro que debería dictar las condiciones del acuerdo con Novorossiya. Pero es necesario no olvidar la irracionalidad de la conducta de Kiev.

A día de hoy, solo podemos afirmar una cosa: la Unión Europea deriva poco a poco hacia la neutralidad en el conflicto sobre Donbass, mientras que la posición de la Federación Rusa es invariable. Lo que hace que la posición de Kiev sea cada día más apurada. El movimiento de fichas de Putin vuelve a dejar a los occidentales fuera de juego…

*Director de Elespiadigital.com

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