Por Manuel Freytas*

Las grandes agencias y cadenas mediáticas internacionales conforman un frente estratégico de guerra y de acción psicológica orientado a legitimar y a crear las condiciones políticas y psicosociales para las distintas operaciones de invasión militar que el eje USA-OTAN lanza con el objetivo de derrocar gobiernos no dóciles y apoderarse de mercados y de recursos estratégicos, principalmente petróleo y gas.

Libia primero, y después Siria, conforman un ejemplo más que emblemático de ese accionar en la regiones petroleras de Asia, África y Medio Oriente.

En este escenario, la información internacional no está pensada ni diseñada para "informar", está pensada para desinformar, manipular, orientar opinión pública y legitimar los nuevos procesos de invasión militar encubiertos en la "guerra contra el terrorismo", o en las cruzadas "liberadoras" contra los "dictadores que someten a sus pueblos", según la doctrina de "guerra preventiva" lanzada originalmente por la administración de George W. Bush tras el 11-S en Nueva York.

En su definición técnica, "Guerra Psicológica", o "Guerra sin Fusiles", es el empleo planificado de la propaganda y de la acción psicológica orientadas a direccionar conductas, en la búsqueda de objetivos de control social, político o militar, sin recurrir al uso de la armas.

Los ejércitos militares, son sustituidos por grupos mediáticos, con operativos diseñados desde los servicios de inteligencia por especialistas en insurgencia y contrainsurgencia, y por expertos en comunicación y psicología de masas.

Proyectada en Asia, África o Medio Oriente, esta nueva estrategia de conquista política-mediática-militar tuvo su columna funcional en los "bombardeos humanitarios de la OTAN" (asesinatos masivos e indiscriminados de poblaciones civiles escudados en una supuesta defensa de los "derechos humanos"). Libia, con el derrocamiento y muerte de Kadafi, constituyó el ejemplo más perfeccionado de ese accionar que ahora intentan repetir en Siria.

La "cruzada humanitaria" contra Siria

En Siria (sometida desde hace 19 meses a una acción desestabilizadora terrorista y violenta orientada a justificar una intervención militar de la OTAN) la CIA, los servicios de inteligencia y las fuerzas especiales del eje USA-UE-Israel, así como las grandes cadenas mediáticas internacionales, operan para derrocar al régimen de Bashar al-Assad dentro de una estrategia casi calcada de la utilizada en Libia para derrocar y asesinar a Muamar Kadafi y apoderarse del petróleo libio.

Desde marzo del año 2011, Siria ingresó de lleno en las "revueltas populares" (o "revoluciones árabes") organizadas en África y Medio Oriente para desestabilizar a los gobiernos no dóciles al eje USA-UE-Israel y a sus socios regionales de Liga Árabe + Turquía, con grupos instigadores entrenados y financiados por la CIA y los servicios y fuerzas especiales del eje USA-UE-Israel.

Los grupos mercenarios que hoy actúan en Siria se enmarcan dentro de una estrategia orientada a promover la división y el enfrentamiento racial y religioso entre facciones árabes-musulmanas delegando las tareas sucias de la ocupación militar en grupos mercenarios motivados por el dinero o por el fundamentalismo religioso, o por ambas cosas a la vez, que sustituyen a las fuerzas militares imperiales convencionales en las operaciones de invasión y de apoderamiento de mercados y países.

En Siria, tanto como en Libia, el objetivo clave es el petróleo y el derrocamiento de regímenes no adscriptos a la estrategia geopolítica centralizadora del eje USA-UE-Israel, en África y en Medio Oriente.

Bush lo designó como el combate contra las "dictaduras" del "eje del mal", y Obama, más progresista, lo llama proyecto de "democratización". El trasfondo es la "guerra contraterrorista".

En las llamadas "revueltas del mundo árabe" los patrones operativos, los objetivos y los intereses estratégicos en juego, con algunas variantes, son siempre los mismos.

La gran dinámica movilizadora de las invasiones militares, las guerras y conflictos regionales, y los golpes internos de la CIA contra líderes y presidentes desgastados que ya no "cierran" con el control estratégico hegemónico de la primera potencia imperial del sistema capitalista, es el apoderamiento de los mercados y de las fuentes naturales del "oro negro". Un recurso clave (y en extinción) para la supervivencia futura de las potencias centrales.

La idea de la Casa Blanca, hoy controlada por el lobby sionista "liberal" con Obama como gerente, es plasmar en la órbita de sus satélites árabes el "proyecto democracia" renovando la cara del viejo "orden armado" y terminando con la figura gastada de los dictadores al estilo Mubarak que generan odio y resistencia popular.

La misma prensa internacional que protegió y calló las masacres de Israel en Gaza y en Líbano, que silencia a diario los genocidios de EEUU y la "alianza occidental" en Afganistán, Irak, Pakistán y las zonas petroleras del Cuerno de África, no ahorra munición pesada para condenar el "brutal genocidio" del gobierno sirio contra su pueblo.

Que, en realidad no es el "pueblo" sirio en su conjunto, sino grupos operativos de mercenarios que motorizan las revueltas, armados, entrenados y financiados por la CIA, el Mossad israelí y los servicios "aliados" de Europa.

Además y como ya lo hicieron con Kadafi , promueven el caos y el terror con los supuestos "arsenales químicos" del gobierno sirio, listos a ser lanzados contra la población civil, como excusa para una intervención militar de la OTAN y de las potencias aliadas.

Este argumento instalado a nivel mundial (y ya utilizado para derrocar y matar a Kadafi en Libia), está sirviendo como justificativo para lanzar la intervención militar en gran escala (hasta ahora abortada por Rusia y China) por parte de los jefes de Estado que integran el eje USA-UE-Israel-naciones árabes aliadas.

La estrategia manipuladora

La manipulación informativa, con la "demonización" del Gobierno sirio y el ocultamiento de los verdaderos objetivos que persigue la alianza imperial resulta clave para hacer desaparecer el rol del "invasor" (la coalición imperial) y el rol del "invadido" (Siria y su población que padecen los atentados y accionar de los grupos de mercenarios, contratados por EEUU, las potencias europeas, Arabia Saudita y Katar. ).

Hay una coordinación entre las distintas denuncias de las potencias invasoras contra Siria, los frentes de aislamiento internacional y debloqueo económico, el frente de presión diplomática con la ONU a la cabeza, las denuncias de las ONG coordinadas por la CIA, y las distintas usinas extranjeras de la "oposición", con la gigantesca campaña de acción psicológica terrorista montada por las grandes cadenas mediáticas, que funciona como un frente compacto de guerra durante las 24 horas.

El bombardeo atomizante con titulares direccionados psicológicamente con las consignas dicotómicas del "Mal" (Al Assad y su régimen) y del "Bien" (la coalición invasora) traza una cortina de humo sobre los resultantes (las víctimas masivas y la destrucción del país) y sobre los objetivos (el apoderamiento de Siria como una base de despegue hacia el ataque a Irán).

De esta manera, las cadenas mediáticas internacionales se convierten en las mayores legitimadoras y justificadoras de la operación militar internacional que está despedazando a Siria y a su población civil durante las 24 hs.

Las noticias sobre Siria y si gobierno giran sobre dos axiomas mediáticos (manipuladores) centrales impuestos a escala global:

  1. Las tropas, tanques y aviones de Al Assad, son "máquinas de asesinar a civiles".
  2. 2) Los armamentos y las bombas de las bandas mercenarias contratadas son instrumentos democráticos de "paz y liberación".

El gobierno de Al Assad somete y mata a la población civil, las fuerzas mercenarias liberan y protegen.

Estas dos fronteras conceptuales (impuestas psicológicamente) marcan el tratamiento y la valoración de las "noticias" sobre Siria lanzadas a diario por la prensa internacional teniendo como única fuente a las usinas "rebeldes" controladas por la CIA, el Mossad y los servicios "occidentales". .

Y conforman el eje central (encubierto) de la manipulación mediática que la prensa internacional utiliza día y noche para ocultar o deformar la compresión estratégica de lo que realmente está sucediendo en Siria.

Un país sometido primero a una "revuelta popular" digitada desde afuera para derrocar al gobierno, luego a una "rebelión" armada con atentados y ataques terroristas, que buscan consolidar una intervención militar "humanitaria" de la OTAN con bombardeos ininterrumpidos y muerte de civiles inocentes, como pasó con la Libia de Kadafi.

Simultáneamente, la coalición "humanitaria" USA-UE mantiene un bloqueo económico y un aislamiento internacional que acrecienta el riesgo de una "catástrofe humanitaria" para el pueblo libio.

Y hay diferencias conceptuales (en títulos y en desarrollo de las noticias): Cuando las tropas de Al Assad accionan contra las bandas "rebeldes", atacan a "ciudades y poblaciones civiles" . Cuando los mercenarios realizan ataques y atentados que afectan a la población civil, lo hacen contra "objetivos militares".

Las muertes causadas por el accionar militar de Al Assad se califican como "asesinatos", las muertes (cuyas cifras se ocultan sistemáticamente) causadas por la maquinaria de los grupos mercenarios se califican como "efectos colaterales".

No hay invasor (la coalición internacional de grupos yiadistas), ni invadido (Siria y su población), sino una operación "humanitaria" de grupos "rebeldes" para rescatar al pueblo sirio de las garras de un "dictador genocida".

Las noticias sobre las víctimas (de ambos bandos) también difieren en su calificación y tratamiento.  La información sobre las muertes de civiles causadas por el ejército de Al Assad siempre son tomadas de "fuentes rebeldes" y se las presenta sutilmente como un hecho verificado y cierto. La información sobre la muerte de civiles causada por los ataques de la coalición mercenaria se presenta "entrecomillada", en duda, o como procedente de "fuentes del gobierno".

Esta (desembozada) antinomia mediática  maniqueísta del "bien" (los grupos de mercenarios) y del "mal" (Al Assad y su ejército) excluye toda comprensión geopolítica, económica o militar del proceso de invasión y los acontecimientos terroristas que se están desarrollando en Siria.

A escala global (y como producto de la repetición diaria de las grandes cadenas internacionales y locales) el televidente, el lector o el radioescucha registra y graba estos dos eslóganes antinómicos: El ejercito de Al Assad (el malo) asesina, las tropas mercenarias (el bueno) salvan y protegen.

La historia, el para qué del conflicto, los objetivos y las estrategias que guían a los actores centrales, desaparecen. Solo hay un proceso de acción-reacción, donde Al Assad (el malo) mata irracionalmente y sin causa que lo justifique, y la coalición mercenaria y los golpistas internos (el bueno) sólo actúan por causas humanitarias para neutralizarlo o detenerlo.

De manera tal, que el objetivo central de la operación imperial contra Libia (el control geopolítico y militar), y el objetivo central de Al Assad (terminar con la invasión armada y restablecer el control sobre el país), desaparecen de escena.

Y hay una cuestión verificable y estadística: La prensa internacional, sus analistas superficiales, vaciados de cerebro estratégico, no analizan objetivamente los hechos que están sucediendo en Siria. Solo se limitan a "comentar" los titulares escritos por las usinas golpistas (las únicas fuentes existentes) y a proclamar consignas "demonizadoras" contra el jefe del régimen sirio.

(*) Manuel Freytas es periodista, investigador, analista de estructuras del poder, especialista en inteligencia y comunicación estratégica. Ver sus trabajos en IAR Noticias

CANAL

 

elespiadigital.com
La información más inteligente

RECOMENDAMOS