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El gobierno de Pyongyang ha anunciado una alerta nacional de semi-estado de guerra, el segundo más alto nivel de preparación, justo por debajo del estado de alerta de guerra. El estado anunciado ha de durar hasta el 31 de octubre.

Este es un indicador crítico de alerta, bien porque se trate de una provocación de Corea del Norte o porque se estén tomando precauciones reales contra un ataque sorpresa por parte de los aliados. En cualquier caso se trata de una acción de alto costo que significa que Corea del Norte juzga que se encuentra en una crisis, real o artificial.

Cabe destacar que, la duración de esta alerta es paralela a la duración de los ejercicios militares conjuntos entre Estados Unidos y Corea del Sur, cuyas maniobras militares comenzaron el 25 de octubre. Todo ello después de los ejercicios antiaéreos realizados el 22 de octubre, que siguieron a la amenaza de Corea del Norte, a su vez consecuencia del lanzamiento de folletos desde globos por parte de los coreanos del Sur.

Un estado de semi-guerra de preparación puede ser proclamado para todo el país o sólo para las Fuerzas Armadas. Una llamada nacional a un estado de semi-guerra predispone a la población civil y las Fuerzas Armadas a un alto grado de preparación defensiva para capacitarse a recibir daño con pérdidas mínimas y lanzarse a la ofensiva si así se reclamase. Se plantea la preparación nacional a los pocos días de ser capaz de soportar el inicio de la guerra.

Corea del Norte toma estas medidas en el momento en que se anticipa un ataque de los aliados, ya sea en respuesta a una provocación de Corea del Sur, o porque malinterpreta las maniobras de la formación aliada tratándola de preparativos de guerra reales. El norte puede mantener este nivel de preparación durante meses.

En este estado de alerta, los puestos del partido comunista reciben adoctrinamiento largo que debe relacionarse con la población civil. Civiles reservistas son colocados al cargo de cañones antiaéreos alrededor de todas las instalaciones del gobierno y de las principales instalaciones industriales. La escuela se suspende y los niños se trasladan a los refugios antiaéreos. Todos los viajes innecesarios se cancelan. Los alimentos y otros productos esenciales en tiempos de guerra se chequean. La seguridad se aumenta por todas partes.

Los puntos de cruce de fronteras internacionales estarán cerrados, las misiones diplomáticas y comerciales se suspenden y el transporte aéreo internacional se cancela, si se trata de un precursor de la guerra real. Estos son los indicadores clave, detectables, que determinan la gravedad que tiene esta alerta.

En cuanto a las fuerzas armadas, todos los permisos se cancelan y todo el personal debe regresar a sus unidades. Algunos reservistas son llamados a filas. El personal de combate de Infantería del Ejército se posiciona frente a Corea del Sur. Por lo general, sale de los cuarteles hacia los túneles que se usan en tiempos de guerra. Revisan el equipo, municiones y provisiones para la guerra, para mantener un alto grado de vigilancia y adoctrinamiento.

Al amparo de esa alerta, el Norte también podría detonar una explosión nuclear, lanzar un misil o incendiar un sitio de lanzamiento de globos propagandísticos de Corea del Sur, como ha amenazado. Las informaciones de carácter público no tienen fidelidad suficiente como para determinar cuál es el principal impulsor de la alerta. La clave es que las tres justificaciones no son mutuamente excluyentes y son consistentes con una alerta de semi-guerra.

Como se ha señalado, las alertas a nivel nacional, civiles y militares, imponen altos costos a la economía nacional, ya que sólo se permiten las actividades esenciales, como se ha señalado anteriormente. Teniendo en cuenta la pobreza extrema en Corea del Norte, el Norte no puede permitirse esta acción a menos que una novedad importante esté a punto de tener lugar. Nuestra mejor estimación es que algún trastorno interno está contribuyendo a esta alerta.