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De nuevo, las palabras pronunciadas por Su Majestad el Rey durante la celebración de la Pascua Militar han vuelto a reiterar los mismos y manidos mensajes que, con el mismo motivo y año tras año, viene lanzando al estamento castrense. En concreto, resaltar su cercanía con las Fuerzas Armadas, de las que ostenta constitucionalmente el “mando supremo”; mostrar su reconocimiento a los militares caídos en acto de servicio y su solidaridad con las familias afectadas; destacar el cumplimiento del deber en las misiones exteriores, siempre en condiciones difíciles, y, por supuesto, enaltecer los principios y valores propios de la Institución Militar: la profesionalidad y la eficacia, la humanidad, el rigor, el valor y la disciplina…

Tras esta escueta y obligada manifestación, y junto a dos referencias circunstanciales a la labor de las Fuerzas Armadas en la lucha contra los incendios forestales veraniegos y a la tardía concesión de la Laureada Colectiva al Regimiento de Caballería Alcántara (dos temas sin duda respetables pero no prioritarios en estos cruciales momentos), el Rey se adentró en esta ocasión en el terreno de la “crisis económica” como una “amenaza a la seguridad”, a nuestro entender extremadamente errado. A pesar de que tenga su origen en la Directiva de Defensa Nacional (DDN) que le fue presentada en el Consejo de Defensa Nacional celebrado el pasado 31 de julio.

Más que un “apunte” estrictamente castrense, lo afirmado por el Rey en este sentido, no deja de ser un comprometido brindis a la política del Gobierno, profundamente equivocada también en esta materia. Tras recordar que la DDN reconoce la actual crisis económica como una amenaza a la seguridad, Su Majestad precisó: “Por ello, resulta primordial priorizar el esfuerzo para mantener las capacidades militares que garanticen una disuasión verosímil en defensa de los intereses de España…”.

Porque, queriendo o sin querer (contemporizando de forma gratuita con la política gubernamental o aceptando consejos desleales y desinformados), lo que subyace obviamente en estas palabras regias, es una justificación de la organización presupuestaria de la Defensa, que no se sostiene ni por su filosofía (al servicio ante todo de intereses industriales impropios) ni por sus aplicaciones (ajenas en gran medida a la estricta necesidad de la defensa nacional), y de unos recortes y tijeretazos extremos en materia logística y de personal que no se compadecen con el despilfarro sostenido en otros ámbitos de la política. Por ejemplo, en el de la obesidad y el gasto de las estructuras institucionales y el sistema administrativo.

LA CRISIS ECONÓMICA COMO “AMENAZA A LA SEGURIDAD”

Respecto a la consideración que la DDN 2012 hace de la crisis económica como “amenaza a la seguridad nacional”, ya nos pronunciamos en la Newsletter Nº 22 (12/08/2012), calificando dicho documento como “un bodrio político de primera magnitud”.

De hecho, y valorando su irresponsable redacción y el desbarajuste interpretativo que provocó al hacerse pública, ya planteamos la posibilidad de que el Gobierno de Rajoy, motu proprio o por consejo del CNI, quizás hubiera querido disponer de una DDN expresamente inconcreta, a modo de “cheque en blanco” para hacer y deshacer al caso lo que le venga en gana, como suele convenir a la clase política. O que, siendo ésta esencialmente un documento ejecutivo, aunque en parte también lo sea doctrinal, se dispusiera de una versión pública “maquillada”, casi imperial y propia de una gran potencia que no es España, resguardando en otro documento expreso y “clasificado” su total libertad de acción y su falta de compromiso ejecutivo.

Una maniobra política (el disponer de dos versiones diferentes de la DDN, una “publicitaria” y otra operativa y reservada) que queda muy a desmano del Ministerio de Defensa y que --decíamos entonces-- habría que situar por tanto cerca del Servicio de Inteligencia, probable redactor oculto de la DDN de marras y sus precedentes; todas redactadas con el mismo estilo y retocadas con un característico “corta y pega” de andar por casa (o mejor dicho por “La Casa”), dicho sea con todo respeto.

La tesis de que el CNI había sido el redactor de la DDN 2012, como de las anteriores, tomó cuerpo precisamente con la novedosa advertencia, nada menos que en el primer párrafo del documento, de que la crisis económica “también actúa como una amenaza a la seguridad”. Esta era una señal emitida claramente por Félix Sanz, máximo responsable del Servicio de Inteligencia que viene tomando desde hace tiempo el ámbito económico como escenario estrella de su actividad, quizás porque con este artificioso “descubrimiento” (que no es gran cosa pero que le ha servido para engatusar a la vicepresidenta del Gobierno de la que depende el CNI) pretenda compensar el terreno de sus competencias más genuinas perdido por la nueva realidad histórica, o arrebatado por otros organismos de Seguridad Nacional integrados también en la Comunidad de Inteligencia.

Curiosamente, con esa corta y única referencia a la amenaza de la “crisis económica”, algunos medios informativos, apoyados en una noticia de la agencia oficial (EFE), emitida a raíz de que el Consejo de Defensa Nacional ratificara la DDN 2012 y antes de su presentación pública, fueron algo más allá, como ahora ha ido el rey Juan Carlos. Por ejemplo, “Intereconomía” (01/08/2012) sacaba la siguiente punta del tema tras el título “La nueva Directiva de Defensa focalizará por primera vez la atención del Estado en las amenazas financieras”:

“… La mayor novedad de este documento, que servirá de referencia al Gobierno a la hora de marcar las prioridades de las Fuerzas Armadas y las Fuerzas de Seguridad del Estado durante los próximos años, será la consideración, por primera vez, de las amenazas económicas, incluidas las derivadas de la grave crisis que atraviesa España, como un riesgo de primer orden para la integridad del país. Los problemas financieros, que ya han provocado la creación de una división en el Centro Nacional de Inteligencia (CNI) dedicada en exclusiva a combatir sus efectos, serán considerados oficialmente a partir de ahora una amenaza para España, que se unirá al resto de riesgos.”

Sin embargo, la realidad es que la DDN 2012 no tiene desarrollo razonable, como tantas cosas mal cocinadas en el Ministerio de Defensa (la carrera militar, los derechos constitucionales de los miembros de las Fuerzas Armadas, sus propias dotaciones materiales, la cultura de defensa…). Prueba de esta afirmación es que, una vez consagrada la “amenaza económica” como nuevo elemento de interés prioritario para la seguridad nacional, las directrices de la DDN 2012 para la presente legislatura no recogieran la más mínima actuación al respecto.

Quizás porque, identificándose verdaderamente el riesgo y la amenaza económica con los políticos “salteadores” de las cajas de ahorros y con los que desde su responsabilidad de gobierno dilapidan el dinero público, las Fuerzas Armadas y la Comunidad de Inteligencia en pleno, tendrían que dedicarse a su puntual aniquilación. Porque ellos son la verdadera amenaza, no sólo de la seguridad nacional, sino del país en su concepción integral.

Una exigencia nada desdeñable, porque con una nueva división del CNI dedicada al tema en exclusiva, con sus sistemas súper avanzados de interceptación de las comunicaciones, su enorme capacidad para adquirir información y su impunidad operativa (“secreta”), desenmascarar a los delincuentes de turno en activo y evitar al país los desagradables tragos de mayores rescates económicos y recortes sociales, sería cosa poco menos que de “coser y cantar”. La sociedad española, incluyendo a la Policía Nacional, la Guardia Civil y la Judicatura (que entonces podrían dedicarse a otras tareas como redactar las DDNs y dirigir la defensa nacional con más coherencia que el propio Ministerio de Defensa, por ejemplo), estaría sinceramente agradecida, aunque no tanto los miembros de la clase política en su caso afectados, detenidos y enjuiciados, que serían bastantes.

Pero, lo más absurdo y ridículo del tema es que, además, la DDN 2012, incluso en la mínima expresión del cuento relatado en su momento a los periodistas por el ministro de Defensa, Pedro Morenés, es inabordable con la dotación presupuestaria del ministerio que regenta. El Objetivo de Fuerza Conjunto (OFC), que en puridad debería derivarse de la DDN, es pura fantasía y el subsiguiente Plan Estratégico Conjunto (PEC), el hazmerreír de quienes saben verdaderamente del tema.

La crisis económica no es en modo alguno una “amenaza” específica en términos de defensa nacional, sino un factor o componente del “marketing-mix” de la política, del “politing-mix”, que afecta al país de forma integral (en la Educación, la Sanidad, la Justicia, el desempleo…). Es más, de alguna forma es un elemento corrector de determinadas amenazas a la seguridad nacional ciertas, como el “efecto llamada” a la inmigración masiva y descontrolada, con una preponderancia peligrosa del islamismo radical e incluso del yihadismo, o la escasa incentivación para cubrir las plazas de Clase de Tropa y Marinería en un modelo de Fuerzas Armadas que real y lamentablemente es más “ocupacional” que “vocacional”.

Tratar de recolocar la crisis económica como una “amenaza a la seguridad nacional”, equivale a comparar la velocidad con el tocino, cosa que, por otra parte, no es políticamente inusual. Enfrentarla con seriedad no es en modo alguno competencia de las Fuerzas Armadas, a las que Su Majestad dirigía el mensaje de la Pascua Militar, ni tampoco del Ministerio de Defensa, sino de los responsables gubernamentales de la política económica y fiscal, de los sectores agroalimentarios, industriales y de servicios, del empleo, etc…; es decir, del área económica que el propio presidente del Gobierno ha asumido bajo su incompetente dirección y que, ahora, no se sabe bien hacia donde la quiere derivar.

En definitiva, esta proclamación de la “crisis económica” como enemigo a batir desde el ámbito de la seguridad nacional (con o sin el CNI de por medio) es un absurdo categórico, un frangollo de marca mayor, en gran parte resultado de la deplorable legislación, organización y terminología afectas al sistema de defensa nacional y por la forma en que los dirigentes políticos confunden sus propias aspiraciones con fines, objetivos, medios y responsabilidades. Y es, también, un instrumento dialéctico más para seguir manipulando las partidas presupuestarias de defensa como les venga en gana y enmascarar la incompetencia personal de los cargos de libre designación sin la capacitación debida para desarrollar las funciones que tienen asignadas.

“EL REY DESNUDO” Y LA NECEDAD HUMANA

El papanatismo con el que se acepta la crisis económica como “amenaza a la seguridad nacional”, no deja de recordarnos el cuento de “El rey desnudo” publicado en 1837 por Hans Christian Andersen, maestro de la literatura infantil, que es la que mejor viene al caso. En esencia, la fábula nos enseña que sólo porque todo el mundo crea que algo es verdad, no significa que lo sea; o también, como advierte el “Eclesiastés” (Capítulo I), uno de los libros sapienciales o de enseñanza del Antiguo Testamento, que “Infinito es el número de los necios”.

Nuestra particular versión de este cuento universal, posiblemente inspirado en una historia ya narrada en el siglo XIV por el magistral infante Don Juan Manuel en su libro “El Conde Lucanor” (Capitulo XXXII), adaptada a la realidad política del momento, comienza con la selección por parte del presidente Rajoy del mejor “sastre” del reino para que revistiera el Servicio de Inteligencia con nuevos ropajes a fin de asegurar la rápida solución de la crisis, que él mismo había prometido a sus votantes con más gratuidad que fundamento. De entre todos los sastres disponibles para abordar tan utópica tarea, el más listillo de todos, dotado de gran labia y una personalidad embaucadora, madurada a la sombra del “zapaterismo”, convence a Rajoy y a su dignataria más sobresaliente (la vicepresidenta Sáenz de Santamaría) para que se le adjudique el encargo presidencial.

El nuevo CNI, el “traje a medida” solicitado por el Gobierno “marianista”, sería, según el sastre seleccionado, verdaderamente mágico; pero con una condición especial: su obra no podrá ser apreciada por gente necia, de forma que solamente las personas inteligentes podrán ser capaces de valorarla en su justa medida.

En el día señalado para la prueba, el presidente Rajoy contempla la mirada imperturbable y sonriente de todos sus ministros y asesores, ninguno de los cuales quiere parecer necio, aunque nadie vea de forma alguna un CNI “milagrero”. Entonces, se pregunta: “¿Seré yo un necio…?”. Y, como, al igual que sus ministros, tampoco quiere parecerlo, premia y felicita al sastre por la maravilla del “traje invisible” que ha confeccionado, y con el que la crisis económica será cabalmente perseguida, desarticulada y encarcelada de por vida.

Llega la celebración de la Pascua Militar y Rajoy y su ministro de Defensa, Pedro Morenés, un clasista “negurítico” sin gracia ni fuste, también de cuento de hadas, ofrecen al Rey el obsequio del aparato de la defensa nacional, al parecer con la División de Inteligencia Económica del nuevo CNI puesta de montera para combatir la crisis económica como “amenaza a la seguridad nacional”. Un regalito que Su Majestad, disciplinado tras sus últimos batacazos personales y confiado en sus necios asesores, acepta haciendo suyo también el “traje invisible” de marras.

Acto seguido, nadie quiere parecer necio y todos aplauden las palabras con las que el Rey pretende rebotar a las Fuerzas Armadas la bromita del sastre listillo. Hasta que un cabo furriel, el más sencillo de todos los presentes, clama honestamente: “¡Pero si el Rey va desnudo!”.

El pueblo, que no los numerosos políticos necios implicados, empieza a cuchichear la frase que evidencia la realidad, hasta que la multitud allegada grita y corrobora la desnudez regia. Entonces, el Rey escuchó la verdad, se dio cuenta de la superchería y supo que sus súbditos tenían razón…

En nuestra particular versión del cuento, hay dos finales distintos para que los lectores opten por el que crean más adecuado. En uno, el Rey levanta la cabeza, majestuoso, y termina su discurso como si tal cosa; y, en otro, el Rey, sonrojado y bonachón, repite aquello de “Lo siento mucho, no volverá a repetirse”.

LA CONNIVENCIA CON LA DILAPIDACIÓN PRESUPUESTARIA

Pero puestos a vender el baratillo institucional nada menos que en la celebración de la Pascua Militar, el ministro Morenés aprovechó para justificar el trato preferente que, en plena crisis económica y en detrimento de otras necesidades más perentorias, el Gobierno de Rajoy da al pago de las facturas pendientes con las empresas que han suministrado nuestros costosos lujos armamentistas de última tecnología. En realidad, inútiles por exceso en el marco de las necesidades más racionales de nuestra defensa nacional.

En concreto, hablamos de los cerca de 300 carros de combate “Leopard” 2A4 adquiridos al inventario alemán en 1995 y los 219 “Leopard” 2E (más 16 “Leopard” 2ER de recuperación) cofabricados por la estadounidense General Dynamics y la alemana KraussMaffei. A los que hay que añadir la friolera de 87 aviones de combate “Typhoon” (con 20 unidades opcionales más) fabricados por el consorcio europeo Eurofighter GmbH, radicado en Hallbergmoos (Múnich), en el que España tiene una participación del 13 por 100.

Unos excesos, añadidos a otros anteriores, sobre los que el anterior secretario de Estado de Defensa, el socialista Cándido Méndez, ya advirtió en octubre del 2011 en el Congreso de los Diputados: “No deberíamos haber adquirido sistemas [de combate] que no vamos a usar; para escenarios de confrontación que no existen y con un dinero que no teníamos entonces ni ahora”. El SEDEF socialista precisó  que “de los 27.000 millones de deuda”, a las legislaturas del PP “corresponden “23.000 y pico millones” y a las dos últimas del PSOE “3.000 y pico” (“El País” 13/08/2011)…

La gran paradoja de esta dilapidación presupuestaria en la dotación de los sistemas de armas de las Fuerzas Armadas, se dio justo en los estertores de la IX Legislatura, cuando después de años y años “tocando el violón” y acumulando, por ejemplo, los aviones y carros de combate inoperantes ya citados, el propio Méndez se vio obligado a comprometer de forma urgente la adquisición de nuevos vehículos blindados antiminas para proteger a las tropas españolas desplegadas en zona de conflicto (Afganistán y Líbano), que al día de la fecha superan holgadamente el centenar de bajas mortales. El pedido  incluía 76 MLV “Lince” italianos de escuadra (cinco ocupantes) y 20 RG-31 “Nyala” sudafricanos de pelotón (nueve ocupantes), con un importe insignificante  en términos comparativos de 42,6 millones de euros.

No menos sorprendente es el desparpajo del ministro Morenés para mezclar y confundir los intereses de la industria nacional de defensa, prácticamente inexistente, con los de la misma industria internacional, que es la principal beneficiaria de nuestros gastos armamentistas: “Como muchos de los países de nuestro entorno, consideramos que la industria de defensa es una capacidad fundamental para nuestra seguridad y nuestra soberanía. Una capacidad esencial que hemos creado con el esfuerzo de todos los españoles, que ha requerido muchas décadas de esfuerzo y que debemos apoyar y dimensionar para garantizar su existencia”.

Una actitud que la continuidad de su discurso hace todavía más palpable: “Para ello, para garantizar su existencia, hemos hecho frente a los compromisos contraídos por sucesivos Gobiernos con la industria de defensa. Ha sido una decisión difícil y responsable para mantener la indispensable credibilidad de la acción de Gobierno tanto internacional como internamente. Una decisión, por otra parte, de justicia hacia las Fuerzas Armadas y hacia la industria que procura su dotación de equipos y sistemas. Y una decisión de buena administración política que nos permitirá renegociar, ante las dificultades económicas a las que nos vemos sometidos, los compromisos a futuro adquiridos con dicha industria”.

Claro está que el interés por la industria de defensa y el celo pagador que el ministro Pedro Morenés y el actual SEDEF Pedro Argüelles (el dúo “P&P”) prestan a la misma (sobre todo a la más poderosa de ámbito internacional), se comprende mejor si recordamos que ambos han vivido holgadamente de sus nóminas, como volverán a vivir con toda probabilidad cuando cesen en sus cargos políticos.

El primero, ha estado vinculado a Instalaza (empresa que tiene al Ministerio de Defensa como cliente referencial) y ha presidido en España la empresa paneuropea de misiles MBDA, cuyos pedidos dependen del mismo Departamento; todo ello después de haber ocupado en el primer Gobierno de Aznar el cargo de SEDEF, que lleva aparejado el control de las compras de Defensa.  El segundo ha presidido la filial española de Boeing, empresa estadounidense cuya División de Defensa, Espacio y Seguridad depende del presupuesto del mismo ministerio, en el que personalmente dirigió el gabinete del ministro también bajo la presidencia de Aznar. Dejando a un lado la estética política, porque desde luego el caso carece de ella, ¿queda entendida la cuestión de fondo…?

EL VARAPALO DEL GENERAL PITARCH AL MINISTRO MORENÉS

Pero si nuestros comentarios sobre el discurso pronunciado por el ministro Morenés con motivo de la Pascua Militar pudieran parecer demasiado agresivos, léase el acertado varapalo que el teniente general Pitarch le pega al mismo respecto en su blog habitual (edición del 06/01/2012 titulada “Pascua Militar 2013: la primera en la frente”), accesible desde la portada de esta web.

Tras calificar el discurso ministerial de algo “larguis huevis” (generalidades y obviedades en el argot naval), criticó severamente las cinco tareas más destacadas en el mismo:

“(…) La primera tarea era ‘garantizar la preparación y operatividad de las FAS’. Resultado: el mayor de los fiascos. Es triste tener que expresarlo así, pero en esto no se puede ser complaciente. Se trata de la médula de la defensa. Son las unidades y su operatividad la razón de ser todo el tinglado del ministerio de Defensa. Si no hay operatividad sobra todo lo demás, empezando por el ministro. Y, ciertamente, con los vehículos sobre polines, con enormes restricciones en la instrucción y el adiestramiento, con un consumo de munición híper-tasado, con pilotos de insuficientes horas de vuelo y con buena parte de los buques amarrados, en definitiva, con la preparación bajo mínimos ¿qué otra podría ser la valoración? La primera en la frente.

La segunda tarea, ‘revisar la estructura orgánica del ministerio y de las FAS’, sigue siendo una incógnita. Poco se ha hecho, más allá de anunciar la intención de elaborar un proyecto de ley de bases de la organización militar, y —se suponen—algunos estudios más. La nonata ‘Visión 2025’ encargada al JEMAD (y sin embargo descrita por el propio Ministro como ‘un informe más’) es el ejemplo paradigmático del conocido juego de ‘marear la perdiz’. Juego en el que se han visto encapsulados los estados mayores de los Ejércitos y la Armada. La reciente ‘creación’ de dos mandos, Vigilancia y Seguridad Marítima, y Defensa y Operaciones Aéreas, mencionados como logros por el ministro en el discurso de hoy, se inscriben inicialmente en otro juego: el de las dobles y triples gorras. Al Almirante de la Flota y al Jefe del Mando Aéreo de Combate les han añadido, respectivamente, una gorra más a las que ya portaban. Aunque, de hecho, las llamadas ‘operaciones permanentes’ ya estaban, en cuanto operaciones, en la férula del JEMAD en lo que a la conducción estratégica se refiere. Si esto de ahora significase que se quiere ir hacia la subordinación al JEMAD de los jefes de Estado Mayor de los Ejércitos y la Armada (modelo italiano), habría que modificar la Ley Orgánica de la defensa nacional. Y eso no se puede hacer con una mera orden ministerial.

La tarea de ‘definir las capacidades militares a conservar, a redefinir y a suprimir’ ha resultado en 2012 otro ‘ya veremos’. Pero después de un año ya se podría haber visto algún movimiento. De momento sigue en modo desiderátum. Seguro que los concernidos saben que desarrollar cualquier escenario de reestructuración pasa por abrir esa caja fuerte, que el Sr. Montoro custodia con particular cicatería.

Tampoco hay mucho a resaltar por lo logrado en la cuarta tarea, ‘perfeccionar y completar el sistema de enseñanza militar’. Se aborda 2013 con la misma enorme contestación al sistema de enseñanza que en 2012. Tanto dentro (en todas las escalas) como fuera de las FAS. En resumen: impasible el ademán, que decían aquéllos.

La quinta tarea era, en la visión del bloguero, la refundición de tres: ‘financiación de los programas de armamento’; ‘consolidar el nivel tecnológico de la industria de defensa’; y ‘facilitar el desarrollo de la industria de defensa’. Son facetas de un único objeto. En esto sí que hubo una notable ‘movida’: dinero extra (no hablo de la extra que voló). Fue un crédito extraordinario de 1.782 millones de euros, aprobado por el Real Decreto-ley 26/2012, de 7 de septiembre. Se corrigió así al alza, ¡en un 28 por 100!, el presupuesto de defensa aprobado por las Cortes solo tres meses antes. De esa millonada, ni un euro para cualquiera de las otras tareas. Caramba, si ese compromiso ministerial de ‘buscar solución a la financiación de los programas especiales de armamento’ significa ese ‘senti, però pagant’, del catalán del chiste, no es que esté mal. Pero no parece un invento especialmente meritorio (…)”.

Pitarch concluía su varapalo a Morenés de esta guisa: “El señor ministro lleva razón en algo: ante las provocaciones ‘los militares cumplen calladamente con su deber’. Pues que dure”.

UN MINISTRO DE DEFENSA CON POCO TACTO POLÍTICO

Falto de visión política, el ministro de defensa incluyó efectivamente en su discurso el siguiente párrafo: “Los militares están preparados, mantienen el ánimo firme y sereno, sin atender a absurdas provocaciones, y cumplen calladamente con su deber. Quieren ser ejemplo de unidad, honestidad, generosidad y valentía para la sociedad a la que sirven”. Lo que pasa es que, caldeada como está en estos momentos la controversia territorial, la utilización del término “provocaciones” se debería haber concretado con rotundidad o, en caso de no querer determinar su naturaleza, haberse eliminado.

De hecho, la alusión “indeterminada” de Morenés no se compadece para nada con la claridad política que se espera de un ministro de Defensa o, en su defecto, con la prudencia de no meterse en camisas de once varas, sobre todo cuando se dirige expresamente a las Fuerzas Armadas en un acto institucional tan relevante como la Pascua Militar y presidido por el Jefe del Estado quien, además, es su “mando supremo”.

De esta forma, hubo diferentes interpretaciones sobre la intencionalidad con la que Morenés utilizó el término en cuestión, todas inconvenientes en términos políticos. Se podía referir, quizás, a las provocaciones de algunos sectores independentistas catalanes a la Institución Militar, pero también a la provocación que la opinión publicada de algunos militares en relación con el secesionismo catalán supone para sus mentores o, incluso, a la agitación que estos mismos comentarios de miembros de las Fuerzas Armadas provocarían en el ámbito castrense.

Enric Juliana escribía en “La Vanguardia” (07/01/2013): “Titular enmarcado. El ministro de Defensa denuncia ‘absurdas provocaciones’, se supone que provenientes de la levantisca Catalunya. Esa fue ayer la suposición general, aunque las palabras de Morenés también podrían interpretarse como un rechazo a aquellas voces que han reclamado o sugerido una intervención militar en Catalunya para atajar la corriente soberanista. Han invocado el recurso a las armas algún director de periódico, numerosos columnistas, el eurodiputado del Partido Popular Aleix Vidal-Quadras y, en el ramo de las variedades, uno de los presentadores de la reciente noche de Fin de Año en Telecinco. No parece que las palabras del ministro estuviesen destinadas a expresar su disgusto por estas opiniones, hoy objetivamente marginales en la sociedad española”.

Y, a continuación, explicitaba la interpretación acaso algo más ajustada a la intención de Morenés. “El texto subyacente era otro: el difuso malestar en las Fuerzas Armadas por la dinámica política abierta en Catalunya y por algunos gestos que la han acompañado estos últimos meses (la discutida apelación a los Mossos d'Esquadra por parte del exconseller de Interior Felip Puig en el fragor del debate sobre la hipotética consulta, o la denuncia de cuatro eurodiputados catalanes en el Parlamento de Estrasburgo contra las personas que habían amenazado con una posible intervención militar en Catalunya)”.

Por su parte, Núria de Gispert, presidenta del Parlament de Catalunya, respondía al ministro Morenés afirmando: “Desde Catalunya hay pocas provocaciones”, añadiendo que “intentamos hacer ver que tampoco las recibimos”. Con esta contestación, la destacada militante de CiU entendía que las “provocaciones” citadas por el ministro de Defensa en su discurso de la Pascua Militar se referían al grito soberanista lanzado desde Catalunya y que tanto ha escocido dentro del estamento castrense; considerando al mismo tiempo que si las palabras de Morenés iban dirigidas a Catalunya, sí que constituirían, por su parte, una “cierta provocación”.

El desliz de Morenés al decir en su discurso de la Pascua Militar que las Fuerzas Armadas no caen en “absurdas provocaciones, ha generado también la crítica de Josu Erkoreka, consejero de Administración Pública y Justicia y portavoz del Gobierno Vasco, quien en una entrevista concedida a ETB, la televisión pública vasca, manifestó: “Me parece una referencia innecesaria. No sé si lo que quería con esas palabras era articular él mismo una provocación, pero yo las he encontrado fuera de lugar”.

Además, aprovechando la polémica del caso, Erkoreka comentó que no vio la entrevista concedida por el Rey al periodista Jesús Hermida emitida  en TVE (04/01/2013), afirmando, no obstante, que no se siente concernido por las referencias regias a las “políticas rupturistas” y a “las intransigencias que conllevan maximalismos”, ya que políticamente él no es partidario “ni de las estridencias ni de las rupturas, sino del ejercicio de los derechos individuales y colectivos”.

En ese mismo sentido, afirmó: “Como creo que sobre eso no ha dicho nada y como supongo que las situaciones jurídicas activas que yo considero derecho en lo individual y lo colectivo serán también objeto de aceptación por la clase política española, no tiene por qué existir discrepancia política profunda”. Erkoreka también deslizó su esperanza de que las experiencias catalana y escocesa sobre las consultas soberanistas “sirvan para abrir un camino que definitivamente pueda ser utilizado por aquellos pueblos que quieran hallar su propia ubicación en el concierto de las naciones”. Ahí queda, pues, a lo que ha llevado la imprudencia de Morenés.

MORENÉS, “UN BOMBERO PIRÓMANO” SEGÚN EL PSOE

Como es obvio, el lío montado por la falta de tacto político de Morenés en su discurso de la Pascua Militar, no ha sido poca cosa. De hecho, el secretario de Organización del PSOE, Óscar López, le acusó de haber actuado como “un bombero pirómano”, ya que, según el dirigente socialista, con sus palabras el ministro de Defensa sólo ha conseguido que aumente la tensión en el debate soberanista en Cataluña.

“El primero que tiene la obligación de no calentar más el asunto es el que lo calienta más”, denunció López, para quien las Fuerzas Armadas, por contra, se están mostrando “más sensatas” que el ministro que las dirige ante el desafío independentista lanzado por el presidente catalán, Artur Mas (“El Mundo” 09/01/2013).

Lo cierto es que las “provocaciones”  indeterminadas de Morenés, fueran en origen las que fueren,  no han dejado de generar reacciones poco convenientes, hasta verse forzado a aclarar su significado ante los micrófonos de RNE, explicando con la debida exactitud a qué se refería. Según manifestó, en los últimos meses “se han hecho una serie de interpretaciones de actividades militares” rutinarias que “no obedecen a la convicción democrática de la familia militar ni a su acatamiento del sistema constitucional”, como, por ejemplo, “maniobras que han provocado comentarios, como que las Fuerzas Armadas tratan de amedrentar...”.

Es decir, que, como bien había intuido el periodista Enric Juliana, al hablar oscuramente de “provocaciones”, Morenés se refería concretamente a las acusaciones vertidas en los últimos meses contra las Fuerzas Armadas por varios políticos catalanes nacionalistas, asegurando que existe una amenaza militar contra Cataluña y que el Ejército del Aire había realizado vuelos de cazas intimidatorios sobre pueblos catalanes.

Acto seguido, el ministro de Defensa precisó que este tipo de declaraciones son “muy injustas con una institución que ha demostrado permanentemente su servicio a España y a su norma fundamental”, porque, frente a las insistentes insinuaciones de algunos, “las Fuerzas Armadas han asumido su rol democrático y su posición en una sociedad moderna”. Una aclaración que debió hacer con toda rotundidad y suficientes agallas políticas en el momento oportuno, nada más producirse aquellos ofensivos comentarios, en vez de empurar a militares como el general Pontijas que, más o menos, manifestaron el lógico malestar que ahora ha tenido que denunciar él mismo; es decir, teniéndosela que “envainar” reglamentariamente.

Con la vocación de “bombero pirómano” que le reconoce el PSOE, no es de extrañar que el ministro Morenés incorpore a su gabinete técnico algún especialista de la Unidad Militar de Emergencias. Y con boca de riego a pie de despacho.

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