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En su blog 'Defense Ouverte', el periodista Jean Guisnel revela que la operación "es uno de los mayores fracasos del ejército francés en los últimos años" y explica cómo fue planificada y ejecutada. Al parecer, los servicios de información localizaron el paradero del prisionero en otoño y el Ministerio de Defensa tomó la decisión de intervenir hace un mes, debido a "la intransigencia de los terroristas", que se habrían negado a negociar durante los tres años y medio de cautiverio del agente y mantenían al prisionero en "condiciones inhumanas".

La coincidencia en fechas con la intervención militar en Mali es, en ese sentido, puramente casual y la elección de atacar Somalia durante la madrugada del sábado 12 de enero, fue debida a la climatología benigna y la luna llena, que facilita las acciones nocturnas de los comandos.
En todo el proceso participaron, además de la DGSE (Dirección General de Seguridad y Defensa, francés) y la Comandancia de Fuerzas Especiales, miembros de los ejércitos de Tierra, Mar y Aire hasta sumar 50 efectivos. Los equipos de asalto fueron enviados a la costa somalí y tuvieron como base de lanzamiento el “Mistral”, que es, con 200 metros de eslora y 21.300 toneladas, el más poderoso navío de guerra francés tras el portaaviones “Charles de Gaulle”. Un buque polivalente para el transporte y desembarco de tropas, capaz de llevar a bordo 40 carros de combate y 16 helicópteros.

Bulo Mare está situado 110 kilómetros al sur de Mogadiscio, en las coordenadas 3°1'0" N y 43°28'60" E, lejos del litoral, y se trata de una charca dentro de un desnivel de la meseta que dificulta cualquier aterrizaje en sus proximidades. Por esta razón, las cuatro aeronaves de las clases Caracal y Tigre en las que se desplazó el comando tuvieron que aterrizar a tres kilómetros de distancia de su objetivo. Una distancia demasiado grande para que los soldados pasaran desapercibidos para los pastores que acampan habitualmente en los alrededores de la charca.

Fueron ellos quienes avisaron discretamente a los terroristas del aterrizaje de helicópteros y el desembarco de extranjeros armados. De poco sirvió que el comando fuera eliminando a cuantos somalíes –centinelas o simples civiles–; se cruzó en la ruta que lleva hacia el campamento yihadista. Cuando llegaron, los guerrilleros de Al Shabab estaban despiertos, armados hasta los dientes e incluso habían tenido tiempo de pedir refuerzos. Imposible contar con el efecto sorpresa.

"No teníamos constancia de lo bien equipados que estaban los terroristas. Incluso disponían de armamento pesado", reconoció al día siguiente el ministro Le Drian en una intervención televisiva. "Ahora pienso que los subestimamos".

Según testimonios de algunos integrantes de la misión que circulan estos días por los mentideros militares, el enfrentamiento duró tres cuartos de hora y fue "extremadamente violento". Cada minuto que pasaba, parecía más difícil acceder al recinto y los helicópteros corrían mayor peligro. Cuando se hizo evidente que lo más sensato era batirse en retirada, los franceses lo hicieron dejando tras de sí un compañero herido mortalmente y otro dado por desaparecido.

Para algunos profesionales resulta extraño que el ejército galo, tan curtido en este tipo de asaltos vinculados a la toma de prisioneros, haya fallado en esta ocasión. "Además de la capacitación de los hombres, la clave del éxito radica principalmente en la calidad y fiabilidad de la información", ha señalado a 'Le Figaro' un general próximo al 'dossier'.

Según los expertos, hay misiones como la 'operación Gerónimo', en la que fuerzas especiales estadounidenses capturaron a Bin Laden, supuestamente, en mayo de 2011, u otras que han pasado a la historia en el currículum del ejército galo: las tres liberaciones de rehenes en los veleros Le Ponant, Carré d'As IV y Tanit, en abril y septiembre de 2008 y abril del 2009, en el Océano Índico, precisamente frente a la costa somalí.

Como es sabido, hay todavía ocho rehenes franceses en manos de grupos islamistas en distintas partes de África. Tras el fiasco de la operación Bulo Marer, es probable que el comandante en jefe François Hollande se lo piense dos veces antes de volver a enviar al desierto una unidad de rescate.

Fuente: Le Point

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