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El comandante de las Fuerzas Terrestres del Ejército iraní, el general de brigada Ahmad Reza Purdastan, ha señalado que la guerra psicológica y las sanciones financieras son parte de la estrategia del Occidente para saquear al resto de las naciones.

“Occidente, pese a sus amplias facilidades y equipamientos militares punta, ha fracasado en las guerras orquestadas contra los países de la región, de ahí que actualmente recurra a la llamada guerra blanda y a las amenazas económicas para saquear a los Estados”, advierte el alto mando militar persa en una conferencia en Teherán, capital iraní.

En alusión a la invasión militar de Afganistán (2001) e Irak (2003) por EE.UU., el general Purdastan señala que la República Islámica de Irán era el siguiente objetivo de Washington, pero la perspicacia y clarividencia del Líder Supremo de la Revolución Islámica, el ayatolá Seyed Ali Jamenei, y la unidad de la nación desbarataron el plan de la Casa Blanca para ocupar Irán.

Según el titular persa, EE.UU., consciente de que la nación persa estaba decidida a salvaguardar su territorio y responder contundentemente cualquier ataque foráneo, sustituyó el plan de invadir Irán por el de Siria.

El mandatario ha asegurado, asimismo, que todos los planes tramados por el imperialismo mundial contra los países islámicos están condenados al fracaso, dado que el mundo se encamina hacia un nuevo orden con eje en el Islam.

Imperialismo “puro y duro”: la guerra santa o el eje del mal

El 11 de septiembre de 2001 se produjeron los famosos ataques coordinados en los Estados Unidos y hubo unos 3.000 muertos.

EE.UU., tras afirmar que los ataques del 11 de septiembre eran obra de los miembros de Al-Qaeda -a pesar de que múltiples investigaciones, saboteadas por el Congreso estadounidense apuntan datos contradictorios-, albergados por el entonces régimen Taliban en Afganistán, invadió este país en 2001, durante la égida del ex presidente George W. Bush.

EE.UU. atacó Irak en el 2003 alegando que el país árabe albergaba armas de destrucción masiva –que nunca se encontraron, a pesar de las burlas de Bush en su despacho, buscando las armas iraquíes por los cajones de su escritorio-. Las guerras de Washington en Irak y Afganistán han costado la vida a más de un millón de personas.

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