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La guerra, cada vez más feroz, está estancada, pero en un mismo día se han producido dos acontecimientos inéditos que pueden abrir un nuevo escenario en Siria: el ataque supuestamente llevado a cabo por Israel y la oferta del líder de la oposición para negociar con el presidente, Bachar Al Asad.

La sorpresa llegaba esta misma semana, cuando el jefe de la Coalición Nacional Siria, Ahmed Moaz Al Jatib, anunció su disposición al diálogo. “Como gesto de buena voluntad para una solución política a la crisis y para abrir un periodo de transición que ponga fin a la efusión de sangre, anuncio que estoy listo para mantener conversaciones directas con representantes del régimen sirio en El Cairo, Túnez o Estambul”, dijo Jatib.

En su declaración puso dos condiciones: la liberación de “las 160.000 personas detenidas” en estos casi dos años de conflicto y la renovación en las embajadas sirias de los pasaportes de quienes han huido del país de forma clandestina.

Al día siguiente, la Coalición desautorizaba la oferta "personal" de su líder anunciando que no negociará mientras Al Asad siga en el poder. Pero en todo caso, supone una novedad en el discurso de la oposición por su representante ante la comunidad internacional. Una novedad que no deja de ser desconcertante incluso entre sus propias filas.

Y coincidencia o no, ese imprevisto anuncio tuvo lugar al mismo tiempo que diplomáticos occidentales daban cuenta de un ataque aéreo de Israel a un objetivo militar en territorio Sirio. Israel no ha confirmado ni desmentido esa operación, aunque en los días previos había advertido de que podría llevar a cabo un ataque preventivo si detectaba transporte de armamento hacia grupos enemigos, y todo el mundo lo interpretó como una referencia a Hizbulá, el partido-milicia libanés.

¿A qué responde "el complot internacional encabezado por Israel"?

Damasco denunció que Israel había bombardeado una instalación militar, lo que sería el primer ataque de este tipo en cinco años y el primero desde que empezó la revuelta en Siria.

Pero independientemente de los detalles del incidente, lo que es seguro es que ahora Al Asad tendrá un argumento para reafirmarse en lo que siempre ha dicho: que el conflicto en su país es un complot extranjero encabezado por Israel.

A algunos puede parecerles paradójico que la acción israelí sea la que brinde una oportunidad a Al Asad, pero Tel Aviv tiene más motivos que los que se han usado principalmente para explicar ese presunto ataque. Más allá de su temor a que Hizbulá, se dote de más armamento, el estado judío teme que los arsenales sirios caigan en manos de los mercenarios islamistas, enrolados por EEUU y sus aliados del CCG, en la insurgencia.

La relación entre Israel y Al Asad ha sido históricamente muy tensa, pero en los últimos años ha prevalecido la contención, por lo que el Estado hebreo debe ser el primer interesado en una solución dialogada a la crisis siria, que ha causado ya más de 60.000 muertos, según la ONU, y que se recrudece por momentos.

Abdel Rahmane, director del Observatorio Sirio de los Derechos Humanos, apunta que "el Ejército todavía está del lado de Al Asad y, aunque el Ejército Libre Sirio (las fuerzas rebeldes mercenarias) hayan logrado éxitos, la situación está bloqueada y no parece que vaya a cambiar a no ser que ocurra algo importante”.

Otra clave: el diálogo entre Rusia y EE.UU.

Otra consideración a tener en cuenta, dentro del mismo escenario, es que, aunque el régimen está debilitado, no parece que los opositores a Asad vayan a contar con la ayuda militar extranjera sobre el terreno, así que cada vez son más las presiones para que unos y otros se sienten a hablar. "Es muy fácil estar sentado en un hotel y criticar a Jatib mientras la gente es asesinada o muere de hambre”, ha declarado a France Presse el opositor Rahmane sobre la oferta del jefe de la Coalición Nacional Siria.

Rime Allaf, experta del instituto Chatham House, añade que “muchos sirios están cansados de la guerra y no ven el final del túnel y ven que ahora una ventanita se abre”.

Hasta ahora no se conoce ninguna reacción del régimen a esa oferta de diálogo. Pero es posible que se den algunos pasos del lado diplomático en los próximos días, para sentar a Asad a la mesa.

De hecho, este mismo jueves, 31 de enero, el vicepresidente de Estados Unidos, Joe Biden, ha emprendido su primera gira en el nuevo mandato y el sábado, 2 de febrero, se encontrará en un foro de seguridad en Múnich con unos 350 dirigentes de numerosos países. La cita llega solo una semana después de que el Kremlin, el principal sostén internacional de Al Asad, le haya criticado con dureza por primera vez.

No en vano, Biden ha anunciado precisamente que tendrá reuniones bilaterales con el primer ministro ruso, Dmitri Medvédev, el enviado de las Naciones Unidas para Siria, Ladjar Brahimi, y con el propio líder opositor sirio Ahmed Moaz Al Jatib.

Sin duda, los focos apuntarán a este hombre. “Jatib está en una posición difícil, porque los estadounidenses, los franceses y sus aliados presionan a la oposición diciéndole que no conseguirán nada mientras no demuestre que es capaz de controlar a los islamistas”, concluye la francesa Allaf.

En fin, unos cuantos acontecimientos relevantes en solo unos días que son interpretados con esperanzas ante la desesperanza de la guerra sin fin. Aunque por ahora la violencia sigue y la tensión no hace sino aumentar.

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