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Cuando Europa, socia de Turquía, aún no se había terminado de acomodar en la silla para tratar de aliviar el sofocón que le produjo la victoria de Erdogan en el referéndum constitucional, e intentar emitir una declaración oficial, el presidente turco le golpeó los riñones: "Podríamos someter a referéndum la pena de muerte si fuera necesario".

El 51% de los turcos dijeron en las urnas que ya está bien de un sistema parlamentario para su país. Que ya es momento de dejar todas las riendas al mando de una persona, y decidieron que para eso hay que cambiar la Carta Magna del país.

La decisión libre, soberana y democrática de los ciudadanos del país otomano hizo saltar todas las alarmas en la Unión Europea. Tras recuperarse del impacto del sacudón, el presidente de la Comisión Europea, Jean–Claude Juncker, y la jefa de la diplomacia europea, Federica Mogherini, estamparon la reacción del bloque:

"Animamos a que Turquía tenga en cuenta las preocupaciones y recomendaciones del Consejo de Europa, incluidas aquellas que tienen que ver con el estado de emergencia. En vista de los ajustados resultados del referéndum y teniendo en cuenta las profundas implicaciones de los cambios constitucionales, también hacemos un llamado a las autoridades turcas para que busquen el mayor consenso posible nacional para su implementación", reza el comunicado.

Aunque hubo más reacciones al terremoto causado por lo que piensan que puede ocurrir de aquí en adelante en Turquía.

Para el analista internacional y director de Elespiadigital.com  Juan A Aguilar, "lo que ha habido en este referéndum es un cambio sustancial. Formalmente hay un cambio de una república parlamentaria fundada por el gran padre de la moderna Turquía que era Mustafá Kemal Atatürk, sustituida por una república presidencialista".

Casi como una denuncia, los medios de Europa vendieron atónitos las nuevas potestades que se granjea el mandatario turco. No obstante, para Aguilar "esto en principio no debería causar excesiva atención, porque al fin y al cabo la protestona Unión Europea también tiene Gobiernos presidencialistas en su seno. Cuando se habla que todo el poder ejecutivo se concentra en manos del presidente, pues como en Francia o en España", apunta.

El analista se hace algunas preguntas y  nos da sus respuestas. "¿Que se elimina la figura del primer ministro? Bueno, hay países que tampoco la tienen: basta con ver a EEUU. ¿Qué el jefe de Estado tiene derecho a nombrar al vicepresidente, ministros y altos funcionarios? Pues como en España. Incluso del Poder Judicial. Es más, dice que podrá emitir decretos sin la aprobación de los legisladores, aunque luego puedan ser anulados por el Parlamento: tal como los decretos leyes en España y en otros países de Europa. Es decir, esto no es lo significativo de la reforma Constitucional que ha llevado adelante Erdogán, sino lo que hay detrás", apostilla Aguilar.

Aguilar explica el simbolismo de lo que acaban de aprobar los ciudadanos turcos en las urnas. "Esto lo que significa es el fin de la Turquía laica de Kemal Atatürk que ha estado presente durante 65 años o más, y que ha creado la Turquía moderna, para ser sustituida por un Gobierno, o un régimen ya, donde lo que se divisa en el horizonte es una especie de sultanato neo otomano el cual lleva una deriva autoritaria importante, porque si Erdogan ha sido capaz de dar este paso adelante con esta reforma constitucional, es muy posible que intente dar más pasos adelante hasta conseguir un régimen de plenos poderes como el que tiene por ejemplo Arabia Saudí, y que nadie pone en duda, ni nadie se rasga las vestiduras en Occidente".

Pasamos a un régimen presidencialista, con una deriva autoritaria muy importante, de un partido que ya no es laico, sino que es claramente islámico y con las visas ideológicas, porque así lo expresan además los documentos de su partido,

Para el también periodista, lo que busca Erdogan son "dos objetivos fundamentales: uno es consolidar el poder personal de Erdogan y ser un actor independiente en Oriente Medio".

Juan Aguilar opina que "Erdogan es un político muy inteligente. Las armas y las posibilidades que tiene las utiliza muy bien. Hemos visto cómo ha ido cambiando a Turquía", de aquel país laico "de Kemal Atatürk, incluso con importantes fuerzas de izquierda, hasta llegar a un régimen con apoyo popular, con una islamización creciente, y con un carácter nacionalista expansionista basado en el viejo imperio otomano, siendo además un país de la OTAN".

"Hay que reconocer que Erdogan es listo. Sabe realmente manejar las piezas del ajedrez de la política nacional e internacional. Esto hay que reconocérselo", concluye el analista.

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