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La alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, y la de París, Anne Hidalgo, participarán en el homenaje que los próximos días 20 y 22 de abril se realizará en recuerdo de La Nueve, la novena compañía de la Segunda División Acorazada de la Francia Libre, también llamada la División Leclerc, en reconocimiento al general que estaba a su mando.

La División Leclerc fue la primera en entrar en París tras la expulsión de los soldados alemanes que la mantenían invadida desde el comienzo de la Segunda Guerra Mundial, entre ellos se encontraban los milicianos españoles agrupados en La Nueve que entraron en la capital francesa con banderas de la Segunda República española.

Más de setenta años después y tras décadas de investigación, son muchos los documentos que demuestran la brutalidad de Leclerc y de su lugarteniente y luego ministro con De Gaulle, Robert Galley. Son muchos los documentos que relacionan a los españoles de La Nueve con los crímenes de guerra. A continuación enumeramos algunos de ellos, en total, se estima que cerca de 10.000 personas fueron asesinados a manos de la División Leclerc, en la que luchaban los españoles a los que ahora el Ayuntamiento de Madrid va a rendir honores.

Tras la toma de París, Leclerc realizó una campaña que le llevó desde la capital francesa hasta el Nido del Águila, la residencia de Hitler en los Alpes Bávaros cerca de Berchtesgaden. Por el camino la Segunda División Acorazada sembró el terror y cometió numerosos actos criminales.

Las primeras referencias las encontramos el mismo 8 de mayo, día en el que se rindió la Wehrmacht alemana. Ante Leclerc fueron presentados doce soldados de la División Carlomagno, voluntarios franceses alistados en la 33 División de granaderos de las Waffen SS. Al frente de este grupo de combatientes estaba el teniente Briffaut, un francés que vestía uniforme alemán. Cuando Leclerc le recriminó que luchaba con un uniforme que no era francés, el teniente le recriminó: “Señor, usted también lleva un uniforme extranjero, ¡El americano!”. Esta respuesta fue suficiente para que el general francés les condenase a muerte sin ningún tipo de juicio y sin tener en cuenta las leyes internacionales sobre la guerra.

Los doce combatientes de la “Carlomagno” fueron fusilados esa misma tarde. En el pelotón de fusilamiento estaba un teniente español, Cortadellas. Los condenados fueron fusilados en grupos de cuatro y todos ellos se negaron a ser disparados de espaldas, como pretendía Leclerc. Tras este asesinato, los cuerpo fueron abandonados en la esplanada en la que murieron y no fueron enterrados hasta la llegada, tres días después de un grupo de paracaidistas norteamericanos.

Estas muertes se conocen gracias al testimonio del padre Bad Reichentall, quien intentó localizar a los familiares de las víctimas. También por este testimonio sabemos la arbitrariedad con la que actuaba Leclerc, ya que en el grupo había un joven, hijo de un compañero de armas suyo, al que se negó a fusilar por la amistad que le unía con su padre.

Los historiadores Daniel Guérain y Frederick Pohl han recopilado varios crímenes más cometidos por la División Leclerc. Algunos eran obra del lugarteniente del general, Robert Galley, de quien dependía organicamente La Nueve, formada por los republicanos españoles. Testimonios como las memorias de Pierre Quillet, miembro de la Primera Compañía de la División, narran escenas como la vivida en una pequeña iglesia rural donde el sacerdote fue interrogado con violencia y, al ser desnudado, se le encontró un tatuaje del Ejército Alemán. Resultó ser un falso cura y decidieron hacer un escarmiento con él: fue quemadod vivo en público y “murió retorciéndose de dolor como una antorcha humana”. La misma fuente cuenta como los soldados de Galley, entre los que se encontraban los republicanos españoles, reunieron a unos cincuenta prisioneros alemanes en una granja y se divirtieron arrojándoles granadas hasta asesinarlos a todos.

Los crímenes no solamente eran ordenados por Galley. Cuando las tropas de la Leclerc entraron en Estrasburgo, un matrimonio fue denunciado por colaboracionista por sus vecinos. El mismo Galley los asesinó disparándoles, en el interior de su vivienda con un rifle.

Poco después, en Herbsheim (Bajo Rin), tras un duro combate con la resistencia alemana, un grupo de soldados de las Waffen se rinde ante Galley. Este los llevó tras la iglesia del municipio y ordenó fusilar, sin juicio previo, a treinta de ellos.

También ordenó que varios rusos que luchaban en las Waffen y un oficial de las SS fueran quemados vivos en uno de los pueblos en los que entró al frente de sus tropas.

Ahora, el Ayuntamiento de Madrid que preside Manuela Carmena rinde homenaje a los republicanos españoles que participaron en estos crímenes de guerra y se valora dar su nombre a alguno de los denominados como vestigios del franquismo que cambien de nombre en virtud de la aplicación de la Ley de Memoria Histórica.

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