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La situación se agrava en la ciudad de Awamiya, situada en la provincia de Al Qatif, al Este de Arabia Saudí y que es objeto de un asedio por séptimo día consecutivo.

Según los medios de la oposición saudí, la Fuerza Aérea ha intervenido en las últimas horas para bombardear la zona de Al Musarrat. Imágenes de vídeo difundidas en Internet muestran incendios y daños. La televisión difundió fotos de bombas de gasolina utilizadas contra el distrito y de viviendas incendiadas.

De acuerdo con el canal de televisión opositor Al Naba, los disturbios se extendieron a otras localidades cercanas, donde se observó una huelga, mientras que las fuerzas saudíes continúan sus registros en las viviendas.

Según Al Naba, las autoridades saudíes han rechazado la petición de los representantes de las embajadas de Francia y Canadá de visitar la provincia de Qatif “con el fin de ocultar sus crímenes”.

“Es la guerra”

Por su parte, el Ministerio del Interior saudí informó el martes de la muerte de un miembro de las fuerzas especiales de la policía, que cayó abatido por “una granada” lanzada en el barrio de Al Musarrat y cuya explosión alcanzó a su patrulla. Otros cinco policías resultaron heridos.

Según AFP, el agente es, al menos, la tercera persona que muere debido a la violencia en Awamiya. Esta ciudad fue el epicentro de un movimiento de protesta dirigido por el líder religioso Nimr al Nimr, que exigía reformas políticas democráticas en esta monarquía absolutista gobernada por la dinastía de los Al Saúd desde hace más de un siglo.

“Realmente es la guerra”, dijo un residente, que dijo que su casa había sido sacudida por explosiones en los últimos dos días.

La versión oficial de Arabia Saudí habla de que “traficantes de drogas y armas” intentan impedir una supuesta “remodelación” del barrio de Al Musarrat para “proteger sus actividades terroristas en las casas abandonadas del barrio.”

La ONU ha señalado, sin embargo, que la destrucción del barrio histórico de la ciudad supone un golpe para su legado cultural.

Las autoridades saudíes también atribuyeron la muerte sábado del niño Yawad Dagher a “disparos de sospechosos” mientras que los residentes aseguran que fue la policía la que lo mató.

La mayor parte de la provincia de Qatif está habitada por shiíes, que sufren todo tipo de discriminaciones y represión religiosa por parte de los gobernantes y los clérigos oficiales en el reino saudí, que profesa el wahabismo, una ideología intolerante que es compartida por los grupos terroristas takfiris como el EI y Al Qaida.

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