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La adopción del euro por parte de la Unión Europea ha creado, a lo largo de los años, un notable sesgo económico que favorece grandemente a Alemania, consideró el experto en economía, Milton Ezrati, en un artículo para The National Interest.

De acuerdo con el economista, no es una mera coincidencia el hecho de que el comercio en el país teutón haya pasado del equilibrio (antes del surgimiento del euro) a un enorme superávit que alcanza cerca del 8% de la economía alemana (en los días actuales), mientras todas las otras grandes potencias económicas de la Unión Europea han presentado un déficit en el comercio a lo largo de los últimos años.

Se suponía que el uso del euro ayudaría a todas las naciones europeas involucradas, pues pondría Europa a la par con otras economías poderosas, como Estados Unidos, Japón y China. Además, la divisa común "daría ventajas de señoreaje a la Unión [Europea] como un todo y no solo a sus miembros más fuertes", destacó Ezrati.

Según el autor del artículo, sin embargo, el euro "no funcionó como estaba planeado". En vez de proporcionar mayores ventajas generales a todos, la nueva divisa, terminó por bloquear precios erróneos, distorsionados e inequitativos de la moneda común.

Ezrati expresó que países como Grecia, España, Portugal e Italia subieron los precios de sus monedas nacionales, lo que posteriormente sería ajustado a niveles más adecuados a las fortalezas y debilidades fundamentales de cada economía. La llegada del euro, sin embargo, hizo permanente lo que de otro modo habría sido temporal. Al mismo tiempo, Alemania, que en aquel momento aún sufría las dificultades económicas de su reunificación, se unió a la moneda común con un marco alemán débil.

El sobreprecio de la moneda puso a los productores en Grecia, España, Portugal, Italia y otros países europeos en una desventaja competitiva, mientras Alemania, que se encontraba en una posición opuesta, se convirtió en el productor de toda Europa, debido a sus precios más ventajosos para los consumidores.

"Estos sesgos de precios causaron otros daños: la economía alemana se orientó cada vez más a la exportación, se hizo menos sensible a sus propios consumidores, más vulnerable a lo que sucede en el extranjero y, por consiguiente, más frágil".

Según el autor, naciones que no son parte de Europa también fueron afectadas por las consecuencias de la adopción del euro. Los productores japoneses, por ejemplo, se quejan incesantemente de cómo el fuerte yen ha dejado sus productos fuera de los mercados mundiales. Los norteamericanos tienen un problema análogo. Alemania, por su parte, nunca ha emitido tales quejas, subrayó el experto.

Alemania y los medios de comunicación del país, de manera general, rechazan la culpa y niegan vivamente que el país haya manipulado las cosas de esta manera. Según Ezrati, pese a que nadie, incluidos los alemanes, podía haber anticipado lo que pasaría con el euro, el país teutón ciertamente se aprovechó de la situación y tomó medidas para mantenerla.

El auxilio alemán a Grecia y a otras naciones europeas en problemas sugiere que Alemania está "desesperada por impedir que se deshaga una estructura que contribuye tanto a la industria alemana", apuntó el economista.

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