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El ‘CIS catalán’ coloca a la “policía espanyola” en cuarta posición. Le otorga un 5,24 frente al 4,54 y el 4,34 de las dos principales instituciones políticas catalanas

La defensa de la actuación de la Guardia Civil en Cataluña antes y sobre todo durante el 1-O ha centrado este año los comentarios en los actos de la patrona, la Virgen del Pilar, celebrados en la Comandancia de Madrid, en Tres Cantos. Al margen de los discursos oficiales, los mandos destacaban en los corrillos la “confianza” de los catalanes en la institución.

En los días posteriores al fallido referéndum se multiplicaron las imágenes de policías y guardias civiles enviados a Cataluña con las maletas en la mano.

Unos abandonaban los hoteles en los que residían, debido a las campañas de acoso sufridas, y tuvieron que ser reubicados. Otros han regresado a sus unidades de origen porque estaba previsto su relevo. Hay incluso un tercer grupo que ha vuelto porque “ya no aguanta más la presión”.

Más confianza que en el Parlament

En este contexto, según ha podido saber El Confidencial Digital por fuentes presenciales, entre los altos mandos de la Guardia Civil que acudieron esta semana a la celebración de la fiesta de la patrona en la Comandancia de Tres Cantos (Madrid) se ponía en valor un aspecto poco conocido.

“Digan lo que digan, la confianza que sienten los catalanes respecto a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado es mayor que la que depositan en instituciones, como el Parlament de Catalunya y el propio Govern de la Generalitat. Es un asunto que pasa desapercibido en la opinión pública y que deberíamos destacar más”, coincidieron varios de ellos.

Recordaban los datos de la última encuesta del Centre d’Estudis d’Opinió (CEO), el conocido como ‘CIS catalán’, que se publicó el pasado mes de julio.

Se trata de un estudio demoscópico elaborado por un organismo dependiente de la Generalitat que arroja esta conclusión: “Los catalanes confían más en la Guardia Civil que en el Parlament y el Govern”.

Han logrado mejorar su percepción

Las Universidades encabezan el listado de valoración de las instituciones por parte de los catalanes, en la última encuesta del CEO, con un 6,51. En segundo lugar figuran los Mossos, con 6,24 puntos, y en tercero, los ayuntamientos.

Pero el cuarto puesto en confianza es para la Policía Nacional (“policía espanyola”, matizan los autores del sondeo) y la Guardia Civil, puntuados con un 5,24.

Están por delante de los medios de comunicación, la Unión Europa, la ONU, y de la Generalitat y el parlamento autonómico, que ocupan octava y novena plaza.

En la cúpula de la Guardia Civil tampoco se pasa por alto que los cuerpos policiales del Estado han visto incluso reforzada la percepción en Cataluña respecto al año pasado.

Resaltan que la opinión de los catalanes sobre la Guardia Civil y la Policía Nacional “ha mejorado sensiblemente, a pesar de haberse intensificado las campañas de desprestigio por parte de los independentistas ”. Su valoración ha pasado de los 4,71 puntos a los 5,24 del último sondeo.

En cambio, destacan que las dos instituciones políticas catalanas más importantes han visto reducir la confianza de los ciudadanos. El Parlament de Catalunya y el Govern de la Generalitat han descendido de 4,56 a 4,54, y de 4,41 a 4,34, respectivamente.

Siete de cada diez llamadas a la Guardia Civil de Barcelona son felicitaciones

Circula estos días por la aplicación Whatsapp el contacto de la comandancia de la Guardia Civil en Barcelona. Muchos envían el número de teléfono añadiendo un mensaje a los destinatarios: “Por si quieres llamar para agradecer lo que están haciendo en Cataluña”. Pues bien. Parece que el objetivo se está cumpliendo. Días después del referéndum y tras los escraches que han recibido los agentes en varias localidades catalanas, la sede del Instituto Armado en la ciudad condal ha registrado decenas de llamadas con un motivo: felicitar a los agentes destinados en Cataluña. Según una estadística que ha realizado la comandancia a nivel interno, desde el 1-O, siete de cada diez llamadas recibidas han sido de ciudadanos de toda España interesados en manifestar su apoyo al trabajo de la Guardia Civil. De hecho, los responsables de la centralita han remitido el informe al equipo de comunicación a nivel estatal para que incluyan el dato en sus comunicados.

Valls pide más firmeza en apoyo de España: "Cataluña no es un pueblo oprimido"

El ex primer ministro francés Manuel Valls lamenta que Europa no se haya mostrado más firme en su respaldo al presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy, en la crisis catalana.

"Hay que respetar a España, ser solidarios con las decisiones que el presidente, Mariano Rajoy, tenga que adoptar", indicó Valls en una columna firmada este domingo en el semanario Le Journal du Dimanche, en la que también lamenta "que Europa no haya lanzado este mensaje con más firmeza antes del referéndum del 1 de octubre".

El ex jefe de Gobierno socialista señaló que "la Unión Europea no debe implicarse en cualquier tipo de mediación" porque "pondría al mismo nivel al Gobierno y a aquellos que no respetan la Constitución".

"LA GUERRA SIEMPRE ES POSIBLE"

Valls asegura que la independencia de Cataluña "abriría la caja de Pandora" en Europa que se traduciría en las de otros territorios, entre los que cita el País Vasco o el norte de Italia.

"Vivimos en paz desde hace 70 años, pero la historia es trágica. La guerra siempre es posible. No se juega con las fronteras", agrega.

Nacido en Barcelona, hijo de una familia de la burguesía catalana y nacionalizado francés desde 1982, Valls afirma que la independencia de Cataluña "sería contraria a la identidad misma" de la región, fundada a su juicio en el sentimiento "catalán, español y europeo".

Valls expresa su temor de que surjan "corrientes reduccionistas y nacionalistas que explicarán que el gen catalán no es igual que el español o el francés" y que "para ser catalán hay que serlo desde hace varias generaciones".

Una tendencia que, considera, "es contraria a esta región que desde tiempos de los griegos y los fenicios se ha construido gracias a su apertura al exterior".

ABANDONO DE LA UE, DEL EURO Y "DESASTRE ECONÓMICO"

El ex primer ministro francés también asegura que la salida de España supondría el abandono de la UE y de la zona euro, lo que se traduciría "en un desastre económico que ya ha comenzado con el abandono de empresas".

Valls defendió la Constitución española, "una de las más democráticas del mundo" y recordó que "ha dado a Cataluña un estatuto de autonomía que no tiene equivalente en Europa".

Agregó que "el Estado español no es autoritario", que "los catalanes no son un pueblo oprimido" y que la actuación de las fuerzas del orden durante el 1 de octubre "no les convierte en una policía fascista".

El hombre que dirigió el Gobierno francés entre 2014 y 2016 asegura que en su país no se permitiría tampoco la independencia de una región fuera de la ley y que la policía gala también "se ha visto confrontada a problemas de orden público (...) sin haber recibido por ello consejos de los vecinos para actuar de forma diferente".

Valls asegura que los catalanes "se arriesgan a perderlo todo, su autonomía, si declaran la independencia unilateralmente, sus empresas y, sobre todo, su manera de vivir juntos".

"Por eso hay que decir que el futuro reside en el conjunto europeo y en España", agregó el ex primer ministro, que indicó que "las fuerzas políticas españolas y catalanas, con diálogo, deben encontrar la vía para salir de la situación actual".

Fuente: El Español

Análisis: Serpientes y avispas en la Generalitat

Rubén Amón

Cualquier observador neutral, si los hubiera, tiene derecho a reaccionar estupefacto a la temeridad e ignorancia con que los indepes se asoman al avispero balcánico como si fuera un estanque de nenúfares, pero quienes hemos operado en los conflictos de Bosnia o de Kosovo estamos más legitimados a la indignación. No ya por la arbitrariedad y oportunismo con que Carles Puigdemont evoca los antecedentes de Eslovenia y de Kosovo sin percibir el hedor de las fosas comunes, sino porque ha decidido sustraerse al desenlace de aquellas secesiones -dos guerras de limpieza étnica- y porque aspira a incubar los huevos de la serpiente que sistemáticamente ha saboteado el bienestar de Europa: el nacionalismo. La diferencia es que, esta vez, la rebelión avanza desde los presupuestos de una sociedad, la catalana, saciada de diseño, abundancia, obesidad, riqueza, prosperidad y obscenidad victimista. Enternece el trotskismo chic de los cuperos en su papel de soldadesca instrumental. Y avergüenza la pureza étnica de la burguesía en su máscara gafapasta.

 

Cataluña está en la cima de la pirámide de Maslow. Tan satisfechas tiene sus necesidades, que se ha propuesto emprender el camino de las causas sublimes, aunque sea incurriendo en el exorcismo de la balcanización. Y Kosovo, claro, representa un mejor ejemplo para la causa que Eslovenia porque no era un estado, sino una provincia. Y porque su camino hacia la soberanía territorial sobrevino del escarmiento a la política represiva de Slobodan Milosevic.

 

El estrambote de la guerra de Kosovo ha sido exhumado por Puigdemont como un grotesco argumento de comparación de la represión española que reaparece con ferocidad en la carta de esta mañana, que merece un llamamiento a la comunidad internacional y que sobrentiende un mimetismo entre Rajoy y el carnicero balcánico, hasta el extremo de pretenderse inculcar que la eventual desmesura de unos antidisturbios en el pucherazo del primero de octubre evoca la carnicería de los militares y paramilitares serbios a las órdenes de Slobodan Milosevic.

Fue él, Slobo, quien aplicó en Kosovo la limpieza étnica brutal y sistemáticamente. Y cuya política de crímenes, fosas comunes y deportaciones tanto precipitó la represalia militar de la OTAN como terminó costándole a Serbia la pérdida del territorio meridional, incluido su mito fundacional, el campo de la batalla de Kosovo Polje, y la expropiación de los templos religiosos.

Es la perspectiva desde la que resulta inaceptable el paralelismo entre la boyantía catalana y la depresión kosovar. Cataluña no es la región que sufre una política de discriminación desde el Estado español a semejanza de las coacciones criminales que ejercía Milosevic sino quien acaso la ejerce, la represión, con todas las atribuciones y transferencias de las que dispone: la propaganda, la educación, la seguridad, la economía, la manipulación emocional, las banderas, el fútbol y hasta los curas ultras que colocan las urnas en el umbral del sagrario.

Fue salvaje la represión de Kosovo. Y fue un error concedérsele la independencia. España no la reconoce, ni Rusia, ni Grecia, pero la selección de Kosovo ya está en la UEFA pavoneándose como el primer estado “nuevo” -nuevo porque proviene de una región, de una provincia- que se ha creado en Europa desde la II Guerra Mundial. Se aferra al precedente Cataluña desde una inaceptable equivalencia geopolítica. Y lo hace, quién sabe, si aspirando a la paradoja que representa Kosovo en 2017: un Estado fallido y étnicamente puro.

Fuente: El País

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