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Las detenciones masivas en Arabia Saudí plantean una pregunta sobre el destino del dinero congelado o confiscado. De momento se trata de 800.000 millones de dólares pertenecientes a más de 60 personas. ¿Adónde irán esas enormes fortunas?

Si las acusaciones de corrupción resultan probadas, el destino de las compañías y la propiedad implicadas será decidido por el fiscal general de Arabia Saudí.

"Si se comprueba que los terrenos o la propiedad fueron sustraídos al Estado, todo volverá a estar a su disposición (…) Las detenciones efectuadas no eran ocasionales, sino que concluyeron las investigaciones y los interrogatorios, y el rey Salmán se limitó a poner los puntos sobre las íes", comentó a Sputnik el jefe del Centro de Consultas Económicas, Muhamed Shams.

Asimismo, el fiscal general de Arabia Saudí afirma que la investigación de los delitos de corrupción anterior a las detenciones masivas duró un mes.

El interlocutor de Sputnik añade que el príncipe heredero saudí mencionaba dicha investigación varias veces y prometía combatir la corrupción por muy alta que fuera la condición social de los involucrados.

Según indica The Wall Street Journal, la parte mayor de los activos se encuentra en el extranjero, lo que va a obstaculizar su regreso al país. Sin embargo, el medio apunta que ya una parte de dicho dinero podría mejorar la situación financiera de Arabia Saudí, afectada por el largo período de los bajos precios de crudo en el mercado mundial.

El periódico estadounidense recuerda que la escasez de los ingresos petroleros ya obligó al Gobierno del país a acudir a los mercados de préstamos y recurrir a los fondos de reserva nacionales.

Al-Sisi no respalda medidas de Arabia Saudí contra Irán y Hezbolá

El presidente de Egipto se ha mostrado contrario a la retórica de Arabia Saudí que busca aumentar la escalada de tensiones regionales.

“La región ya enfrenta suficiente agitación. Deberíamos enfrentar (las tensiones) de una forma extremadamente prudente”, indicó el mandatario egipcio, Abdel Fatah al-Sisi, durante un rueda de prensa celebrada el miércoles al margen del Foro Mundial sobre la Juventud, en Sharm el-Sheij.

Aunque reiteró su apoyo al reino saudí en los asunto del Golfo Pérsico, Al-Sisi ha rechazado cualquier opción militar de Riad contra Irán y el Movimiento de Resistencia Islámica de El Líbano (Hezbolá).

“No estoy a favor de la guerra. Nosotros tuvimos nuestra experiencia al respecto”, ha respondido el jefe de Estado egipcio, al ser preguntado sobre la postura de El Cairo ante una supuesta guerra por parte de Arabia Saudí.

El pasado martes, en una entrevista con la cadena estadounidense CNBC, Al-Sisi también enfatizó que su país no planea tomar medidas contra Hezbolá a pesar de los llamamientos saudíes para sancionar al movimiento libanés. “La región no puede soportar más agitación”, señaló el jefe de Estado egipcio.

La región ya enfrenta suficiente agitación. Deberíamos enfrentar (las tensiones) de una forma extremadamente prudente”, indicó el mandatario egipcio, Abdel Fatah al-Sisi.

Sus comentarios se producen días después de que Arabia Saudí acusara a Teherán y Hezbolá de cometer una “agresión militar directa” contra Riad tras un ataque de represalia realizado por fuerzas yemeníes contra el aeropuerto de la capital saudí.

Las autoridades de la República Islámica rechazaron las acusaciones de Riad sobre el ataque con misiles y las consideraron “falsas, si fundamento, destructivas y provocativas”.

En este sentido, el presidente iraní, Hasan Rohani, advirtió el martes al régimen saudí de que tenga cuidado con ‘el poderío’ de Irán y lo aconsejó que detenga sus políticas de confrontación.

Análisis: Maniobras geopolíticas del Poder Saudí

Diego Pappalardo

El clan hegemónico de la realeza saudita, en alianza explícita con el sionismo y con determinadas élites atlantistas, no sólo está realizando una purga interna, descabezando a grupos disidentes y acumulando poder económico, sino que también está desplegando su estrategia geopolítica regional.

Considerando a Irán como su principal enemigo y demostrando que mantiene unidad operativa geoestratégica con el clan que lidera Netanyahu, fue factor determinativo para que Saad Hariri presentara su renuncia como Primer Ministro de El Líbano en la capital del reino de Arabia Saudita.

Hariri, afín a las facciones atlantistas, alegó abandonar el gabinete del gobierno central libanés porque la alianza Irán/Hezbollah tramó su presunto asesinato. Si bien el dirigente libanés no aportó pruebas objetivas de su acusación, causó un sismo político-institucional en su país. Como respuesta obligada ante la imprevista dimisión de Hariri, el presidente libanés, Michel Aoun, no rechazará, ni aceptará la renuncia del primer ministro hasta que no le exponga sus razones en su propio país.

La escandalosa renuncia, espontánea o forzada de Hariri, contó con el conocimiento y la aprobación de determinados círculos del gobierno de Trump y del establishment de Israel. A fines del pasado mes de Octubre, Jared Kushner emprendió un viaje repentino a Arabia Saudita y allí participó de la planeación de los próximos movimientos políticos y geopolíticos sauditas.

En los últimos días, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Israel envió un mensaje clasificado a sus misiones diplomáticas de todo el mundo para que acusasen a Irán y a Hezbollah de poseer una naturaleza destructiva y de planear el presunto crimen de Hariri. También el gobierno central israelí les ordenó  que efectuaran un apoyo a Arabia Saudita en su conflicto con Irán.

Durante la jornada del lunes 6 de Noviembre, en declaraciones a la cadena internacional CNN, el Ministro de Relaciones Exteriores del reino saudí, Adel al Jubeir, hizo responsables a Irán y a la organización chiíta-libanesa Hezbollah de estar tras el lanzamiento de misiles balísticos desde Yemen que tenían como objetivos a las ciudades y las poblaciones sauditas. Asimismo, el funcionario expresó el derecho de ejercer una respuesta concreta y efectiva contra Irán y Hezbollah. En la misma línea, el ministro para Asuntos del Golfo, Thamer al-Sabhan, en entrevista para la estación de noticias saudita Al-Arabiya, incriminó al Hezbollah y extendió la imputación al gobierno nacional de El Líbano porque protegería a la organización del sur libanés.

El poder saudita, con una economía interna recesiva y cuestionado a nivel internacional, mueve sus piezas. Bregando por la destrucción de Irán y el caos en El Líbano, se reaproxima cada vez más a Israel, redefine su relación con los poderes atlantistas y evita entrar en enemistad con el gobierno de Putin. Todo con la clara finalidad de afrontar y superar los movimientos complejos de la reconfiguración geopolítica que se está dando en su región y en todo el mundo.

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