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Tres pescadores linenses, que han necesitado atención médica en el Hospital de la Línea, fueron agredidos por agentes de la policía de Gibraltar cuando faenaban, según su declaración, a dos millas de la costa en la zona de La Caleta.

Seis embarcaciones de diferentes organismos de Gibraltar (Policía, Royal Navy y Medio Ambiente) han intentado esta mañana capturar a un pesquero de La Línea, “Los Cabezas”, que se encontraba faenando a dos millas de distancia de la costa. Los pescadores españoles, al advertir que se dirigían hacia ellos, dieron aviso a la Guardia Civil.

No obstante, antes de que la patrullera de la Guardia Civil pudiera llegar, los pescadores fueron rodeados y exigieron sus identificaciones, a lo que estos contestaron que esperaran la presencia de los agentes españoles.

Al parecer, uno de los policías gibraltareños intentó abordar el pesquero, lo que origina un forcejeo hasta que el agente cae al agua. Cuando uno de los propios pescadores intenta ayudarle a subir, el policía le rocía con un espray de pimienta a los ojos mientras que otro de los gibraltareños, en este caso un agente de Medio Ambiente, golpea a puñetazos al tercero de los pescadores.

Finalmente, la Guardia Civil consigue calmar la situación ya que llegan hasta el lugar cuatro patrulleras españolas, mientras una quinta viene de camino. A la vista del despliegue español, las seis embarcaciones gibraltareñas implicadas desisten de su actitud y optan por dejar en libertad el pesquero.

Los pescadores tuvieron que ser asistidos en el hospital de La Línea, dos de ellos afectados por el espray de pimienta y, el tercero, por los golpes.

El alcalde de La Línea pide explicaciones a Picardo por el hostigamiento a los pescadores

El alcalde de La Línea, Juan Franco, ha telefoneado a primera hora de la tarde de hoy al ministro principal de Gibraltar, Fabian Picardo, para conocer su versión sobre el hostigamiento sufrido por tres pescadores linenses y trasladarle su preocupación por la gravedad de los hechos denunciados.

Franco, que ha reaccionado “en solidaridad” con el sector pesquero, ha explicado que “le he trasladado, como alcalde, mi preocupación por la gravedad de los hechos que han denunciado los pescadores. Él ha estado muy comedido y me ha trasladado que iba a interesarse personalmente por los hechos con el objetivo de darme las explicaciones pertinentes”.

El alcalde le ha trasladado su deseo de que se “restaure la calma” y que no se vuelvan a repetir “incidentes de este tipo”. “El uso de la fuerza no se puede producir en situaciones de esta naturaleza”, destacó. Esta redacción está en disposición de asegurar que la conversación se ha llevado a cabo en términos de respeto y que el ministro principal gibraltareño ha mantenido un tono pacificador y dialogante.

Franco también ha telefoneado a Juan Morente, patrón mayor de la Cofradía de Pescadores de La Línea, del que quiso escuchar la versión que a éste le trasladaron los pescadores. “Lo primero que hice fue desearles una pronta recuperación y ponerme a su entera disposición. Como alcalde me preocupé bastante por el estado de salud de los pescadores”, admitió. “Espero que esto no vaya a más y no se vuelva a repetir”, insistió.

Este jueves se vuelve a celebrar, en La Línea, una nueva mesa técnica de seguridad a la que acudirán representantes estatales así como mandos de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado en el Campo de Gibraltar. “Pondré sobre la mesa esta situación al objeto de que entre todos evitemos que vuelva a suceder”, desveló.

Análisis: Gibraltar y su aeropuerto

Jose Ramón Remacha

La reacción gibraltareña al cambio de tercio en España está siendo cauta y ligeramente optimista. El llamado ministro principal de Gibraltar –Fabián Picardo- ha dirigido una carta a Pedro Sánchez, como nuevo Presidente del gobierno, pidiéndole diálogo. Confía en que el nuevo gobierno se muestre más receptivo a las pretensiones gibraltareñas aunque la posición de fondo – dicen – sea la misma tanto con un gobierno socialista como con otro de signo diferente, solo cambia el modo.

Ciertamente la historia nos dice que cada vez que cambia el gobierno en España cambia la manera de abordar el tema. Así en los últimos lustros hemos visto tres modos diferentes. Hemos pasado del diálogo tripartito que practicó Moratinos a la discreción de Dastis y entre ambos están los gestos patrióticos de García Margallo y su oferta de cosoberanía.  No es fácil anticipar el futuro cuando el calendario empuja a Gibraltar a buscar una salida del cerco que le ha tendido el Brexit.  Y es que la retirada de Inglaterra de la UE conlleva la salida de Gibraltar y la pérdida de las ventajas adquiridas en materia delibre movimiento de personas y capitales.

El gobierno español ha resistido las presiones provenientes de dos lados. Por uno las de Picardo que ha operado sin descanso a través de Londres, del gobierno británico, de la Sra. May, y de varios miembros del Parlamento, aprovechando los medios que le brinda una economía con un PIB superior a los 5000 euros, entre los más altos del mundo. Por otra parte ha resistido la presión de los actores sociales del Campo de Gibraltar, que atraídos por la economía gibraltareña sueñan con un Brexit blando que el mismo Londres todavía está negociando con Bruselas.

La situación del Campo, zona de influencia de Gibraltar, es complicada. Tiene unos 8.000 españoles y 2.500 ingleses que trabajan en la colonia pero viven en España. El gobierno saliente había proyectado una serie de medidas para impulsar el desarrollo económico y social de esa zona deprimida por el narcotráfico, el contrabando y la incertidumbre. Pero estas medidas se han quedado en promesas, gestos y proyectos, como otras veces. Gibraltar ha puesto mucho énfasis en las ventajas que tendría un uso conjunto del aeropuerto para el desarrollo de la zona. Y ahora miran al Brexit para desbloquearlo. Es seguro que Fabián Picardo intentará un diálogo directo sin la mediación de Londres. Lo cual no es acertado porque el conflicto de Gibraltar tiene su marco original, pasado y presente entre España e Inglaterra. En ese diálogo, si se quiere, está la solución. Pero más grave aún es quela pretensión ignora una verdad histórica. Ignora que el aeropuerto se encuentra en un espacio que ha sido ocupado, invadido e incorporado fraudulentamente a Gibraltar por Inglaterra. Por ello hasta ahora Picardo no admite que la gestión conjunta precisará de funcionarios de aduanas y de policía españoles para el control del tráfico y la circulación de pasajeros de entrada y salida a y desde España en el propio aeropuerto.

Es seguro que el tema volverá a plantearse dada su importancia para la Roca, para su centro financiero y para el Campo circundante. Para edulcorar su presentación Picardo dirá que lo importante es la cooperación, la relación transfronteriza y sobre todo evitar viejas cuestiones como la ocupación del istmo donde Inglaterra construyó el aeropuerto. Si no hay acuerdo no podrá acceder al régimen de comunicaciones aéreas de la UE cuyos vuelos son más cortos, más baratos y más seguros. En el sistema del Cielo Europeo los aviones surcan el espacio como si no hubiera fronteras. Fuera de él un vuelo de Gibraltar a Berlín, por ejemplo, precisa de  tres permisos de sobrevuelo (España, Francia, y Alemania). En cambio si el aeropuerto estuviera dentro del sistema europeo se sobreentiende que tiene permiso sin necesidad de pedirlo y puede escoger la ruta que sea más corta y por ello menos contaminante. Para Gibraltar en definitiva hoy hay una frontera en el espacio aéreo y el Brexit lejos de suprimirla la confirmará salvo un acuerdo en contrario entre España y el Reino Unido. Por tanto los afanes aeronáuticos de Picardo deberían dirigirse a España a través de Londres, aceptar los hechos históricos y la intervención de funcionarios españoles en el aeropuerto.

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