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Cientos de migrantes indocumentados que se denominan a sí mismos 'chalecos negros' irrumpieron este viernes en el Panteón de París para exigir el derecho a permanecer en Francia, según informa Le Monde.

Unos 700 personas ocuparon el famoso monumento y demandaron "papeles y vivienda para todos". "Permaneceremos aquí hasta que el último de nosotros reciba documentos", reza el texto de un folleto que distribuyeron los organizadores de la protesta.

Luego de que la Policía lo obligara a salir del lugar, los manifestantes continuaron su protesta en el exterior del edificio.

Entre tanto, la presidenta del partido francés Agrupación Nacional, Marine Le Pen, dijo en su cuenta de Twitter que el comportamiento de los migrantes indocumentados es inaceptable. "En Francia, el único futuro para cualquier inmigrante ilegal debe ser la expulsión, porque esa es la ley", escribió.

Nueva ola de «inmigrantes»: 660.000 personas en Libia están esperando saltar a Europa

El peligro de otra invasión de inmigrantes se observa no solo en la “ruta de los Balcanes”. Sino también en la Libia devastada por la guerra, donde las masas de inmigrantes se reúnen y se preparan para entrar en Europa.

Aunque menos personas han llegado desde el mar de Libia a través del Mediterráneo desde principios de año debido a la estricta política de «puertos limitados» del Ministro del Interior italiano, Salvini, hay una gran probabilidad de que los inmigrantes ilegales en Libia que esperan su regreso a Europa.

La reciente detonación de una bomba en Trípoli, que probablemente fue explotada por terroristas, causó la muerte de unos 44 inmigrantes de países africanos.

Tales incidentes aumentan la presión sobre los migrantes en Libia, lo que los obliga a ir a Malta o España, a pesar de la pequeña posibilidad de aterrizar en Italia. Alrededor de 660,000 migrantes están actualmente sentados con las maletas empaquetadas. La mayoría de ellos son de países de África Central.

Análisis: Inmigrantes y ONG, ¿herramientas en una guerra hibrida contra Italia?

El conflicto entre las organizaciones sin ánimo de lucro y el Gobierno de Italia, que busca parar el flujo migrantes ilegales, se intensifica cada vez. El columnista de la versión italiana de Sputnik Giulio Virgi considera que los migrantes son usados como instrumentos en una guerra híbrida que se libra contra Italia.

A finales de junio el buque holandés Sea Watch 3, bajo el mando de la capitana alemana Carola Rackete, desobedeció la orden de un servicio de seguridad italiano, entró en el puerto de Lampedusa y desembarcó a los migrantes en el suelo italiano.  Durante su entrada en el puerto, el Sea Watch 3 rozó una lancha de la Guardia de Finanzas de Italia.

Al principio la capitana fue arrestada, pero después el juzgado la liberó, estipulando que Rackete seguía las instrucciones de rescate en el mar, según las normas de la ley internacional, que prevalecen sobre las leyes italianas. Esta es la razón por la que la marinera se vio obligada a desembarcar a los migrantes naufragados en la costa italiana.

Este veredicto del juzgado condujo a la repetición de la situación con los buques Alan Kurdi y Alex. Como resultado, el 6 de julio el ministro del Interior de Italia, Matteo Salvini, volvió a declarar el cierre del puerto de Lampedusa y recalcó que las fuerzas de seguridad no admitirán que el barco Alex, que transportaba a los migrantes y pertenecía a una organización sin ánimo de lucro, atraque en sus costas. A pesar de ello el buque logró atracar exitosamente y sin obstáculos.

"Es decir, el veto gubernamental se desplomó, causando la indignación en la opinión pública que todavía no se ha olvidado de cómo los migrantes penetraban libremente en nuestro país en el pasado y que no entiende por qué volvió a formarse esta brecha [en la política migratoria de Italia]", escribe Virgi.

Muchos medios de comunicación destacaron que la mayor parte de los migrantes fueron llevados a Italia por los transportistas ilegales que lograron escapar de los sistemas de vigilancia, mientras que las organizaciones no gubernamentales llevaron hasta las costas italianas a un número muy reducido de indocumentados. Este punto de vista es dudoso como mínino por dos causas, opina Virgi.

Una estrategia anti-italiana

Cuando el Gobierno de Alemania se preparaba para aprobar una nueva serie de medidas restrictivas contra los migrantes ilegales, el ministro del Interior de Baviera, Horst Seehofer, se manifestó a favor de cancelar la política italiana relacionada con el cierre de puertos para los migrantes.

Este hecho causó la sorpresa de muchos observadores, dado que Seehofer era considerado como un simpatizante de Salvini y la política de lucha contra la crisis migratoria, opina el columnista.

"Al tomar en cuenta la gran presión ejercida en el Mediterráneo por parte de las organizaciones sin ánimo de lucro surge la sospecha de que esta estrategia anti-italiana goza de apoyo en los círculos políticos de Alemania".

Virgi opina que después de todas las batallas feroces que se libraron durante las elecciones europeas, sería irrazonable descartar un escenario en el que se utilicen métodos de una guerra híbrida contra el Gobierno de Italia. Los instrumentos en esta guerra serían las organizaciones sin ánimo de lucro y los migrantes, que no sospecharían que están siendo utilizados para tales fines.

Más rescate, más migrantes

Efectivamente, el transporte de personas desesperadas desde los centros de acogida en Libia no es el objetivo central de las organizaciones no gubernamentales. Su meta es cambiar las leyes que fueron aprobadas por el Parlamento italiano para contener los flujos de indocumentados.

Virgi considera que el logro de los voluntarios internacionales, que han buscado aumentar radicalmente el número de migrantes, allana el camino hacia la implementación de mayores campañas de rescate en el mar.

Por eso Salvini y el Gobierno italiano reaccionaron con prisa a los desafíos y endurecieron varias provisiones del nuevo paquete de medidas que el Parlamento de Italia considera aprobar en la esfera de seguridad, concluye el periodista.

Próximamente las Fuerzas Armadas de Italia empezarán a vigilar a los buques con migrantes desde lejos y lanzarán todos sus esfuerzos para devolverlos a su país de origen. La Guardia Costera de Libia, que recibió diez lanchas a motor, les ayudará en esta misión.

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